1 de mayo de 2007

Los samburu son de Marte, las suizas de Venus

Pues nada, ya me he pulido la historia de marras, que en vez de "La masai blanca" podría haberse titulado “Los samburu son de Marte, las suizas de Venus”, y que te deja mal sabor de boca por la cantidad de contratiempos y desgracias que tiene que soportar la protagonista, hasta el punto de que dejas de burlarte de su encoñamiento y la empiezas a entender. Después de leer el libro, me he liberado de ciertos prejuicios que tenía, he de reconocerlo. Mea culpa.

Y el caso es que en la historia también hay momentos cómicos entrañables, como el ya descrito en el que el chorbo y otra amiga se quedan flipando mientras ven que los espaguetis se van poniendo blandos, y se niegan a comerlos porque dicen que son gusanos, y la salsa de tomate, sangre (¡¡y eso que ellos beben sangre!!). O cuando alucinan pepinillos cuando oyen sonar voces y música en un radiocasette. Otro momento muy cómico es en el que la protagonista regala una muñeca a su sobrina política y la pobre sale huyendo despavorida porque se piensa que es un niño muerto. Pero una vez que se acostumbra a que los ojos se abran y se cierran, le coge el gusto.

Y bueno, la pobre mujer vive sus momentos de calma y felicidad, hay que reconocerlo, y de buen sexo, aunque no menciona nada sobre el tamaño del maromo, muy discreta ella. Lo que pasa es que da la sensación de que son demasiados pocos momentos buenos, y muchos malos.

En general la historia es un acúmulo de desgracias y dificultades. Odiseas burocráticas, miseria, condiciones higiénicas y sanitarias horripilantes, hambre, constantes problemas con el coche que está a puntos de costarles la vida y de arruinarles, dificultades de comunicación…Y la verdad es que la tía los supera todo con un par de ovarios, eso no se puede negar. Y jamás deja de amar a Kenia y de sentirse a gusto en ese país.

Los problemas de salud son casi lo peor. La protagonista contrae malaria y queda para el arrastre. Anémica perdida, infraalimentada, con crisis de malaria intermitentes, se queda embarazada (se casa de penalti, jejeje). Con una anemia de caballo, la tienen que poner transfusiones de sangre en pleno apogeo del sida, y encima, darle medicación. El feto es más débil y pequeño de lo normal y temen por su vida y por tener un parto prematuro, en un sitio donde no existen incubadoras ni equipos de reanimación neonatal. Pero al final la protagonista se traslada a tiempo al hospital de la misión y logra tener “un parto a la occidental” (que dentro de lo malo ya puede darse con un canto en los dientes) y todo va bien. Después de eso, contrae una hepatitis muy virulenta y no contagia a su hija de milagro. Y después las dos tienen sarna. Vamos, que la pobre vive para contarlo de milagrito.

La escena del parto de la otra mujer es aún más duro que en la película. Esa mujer no es una desconocida si no la mujer del maestro, que se supone que es una de las personas cultivadas del pueblo. Efectivamente, le sale el brazo del niño por la vagina porque está en mala posición. Ella misma busca a la protagonista porque es la que tiene coche, y el médico del pueblo no está. Pues bien, la protagonista es incapaz de actuar allí mismo y se limita a llevarla en coche al hospital, pero a medio camino el coche se para, como sabemos. Y ha de ser la propia parturienta la que ponga de cuclillas y se meta la mano para tirar del brazo del feto y sacárselo. El feto es un sietemesino muerto. Después llegan al hospital y la mujer se recupera. Pero para que veáis cómo está el percal, el maestro no se digna a preguntar ni media palabra sobre el estado de salud de su mujer, se la refanfinfla todo, porque allí la vida de una mujer vale menos que la de una cabra. Y no sólo eso si no que el médico del pueblo encima le dice a la protagonista que si el niño nació mal es porque la madre no lo quería, y que con su fuerza mental hizo parar el coche para no llegar a tiempo al hospital.

Pero de todos modos, la protagonista sobrelleva los problemas de salud con bastante entereza. Lo que realmente estropea su matrimonio son los celos del marido, que empiezan incluso antes de la boda, aunque se agudizan después. Las peleas y discusiones son continuas. Os estoy hablando de escenas como de acusar a la prota de que el aborto de cabra que esta en el suelo “se le ha caído a ella”, o de repetir que la hija de ambos no es suya y de acusarla que se acuesta con cada hombre que se cruza con ella. Hay una escena en la que ella se levanta por la noche para hacer pis pero él no la cree y la obliga a enseñarle con una linterna dónde está el charquito. Eso es lo que realmente mata el amor, pero según el samburu, se debe “a que conoce a otras señoras” y cree que la infidelidad es habitual en las mujeres, por eso no de fía ni pizca. Además los negros del país se ponen a ofrecerse como boyfriend a toda blanca que pasa, y él sabe que oportunidades de ponerle los cuernos, no la faltan. Pero vamos, al protagonista se limita a llevar su tienda y a ser amable con los que son amables con ella, y siempre repite que le quiere sólo a él y que han dejado de fascinarle los otros hombres.

Así que bastante aguanta la pobre, que se pasa casi todo su matrimonio llorando. Además es una tía echada para delante porque pone una tienda de comestibles, después un disco bar con alcohol y música que es todo un éxito, después una tienda de ropa y bebidas y después en Mombasa, una tienda de souvenirs. Superando todo tipo de problemas matrimoniales y burocráticos, y manteniendo ella a la familia. Vamos, que la tía es una empresaria echada pa'lante digna de admiración.

Pero sus esfuerzos no sirven porque al final lo tiene que abandonar todo y huir con lo puesto a Suiza. A veces da la sensación de que si no hubieran existido los problemas de comunicación, la cosa podría haber sido de otra manera. Porque realmente, los primeros prejuicios que tiene uno al oir la historia, no se cumplen.

Para empezar, la protagonista está a gusto con el estilo de vida del poblado, aunque la atormentan los mosquitos y la suciedad. Pero cuando viaja a Suiza, siempre desea volver a Kenia porque con el lujo se sienta mal, prefiere la vida “romántica” de allí. África la tiene enamorada. Eso lo dicen muchos que han estado allí, no sé si será que el olor de moñiga embriaga. Con la suegra no se lleva mal, todo lo contrario, es buena gente, y si se va de su casa es porque se casa, no porque no pueda soportar estar con ella. La alimentación es mala pero ella se acostumbra y se queja poco de eso, sobre todo cuando abre la tienda. Además el maromo “le perdona” la ablación a ella antes de la boda y convence a las mujeres del pueblo de que a las blancas nos ablacionan al nacer, y no antes de la boda.

La suiza aprende algo de masai y de suahili, y mejoran con el inglés tanto su marido como ella, pero aún así en las crisis ella se limita a negar la mayor y llorar en vez de demostrar racionalmente que las acusaciones son falsas, o de convencer al marido de que cambie y se intente adaptar a la independencia femenina occidental. Porque la clave es esa: desconfianza ante la independencia femenina, que lo mismo te puede pasar con un masai que con Alfredo Landa en los años 60. Es cosa de los hombres de cierta generación.

Una lástima, porque el protagonista masculino (que de apellido se llama Leparmorijo, como si fuera de Cáceres, juaaaas) caía simpático; tenía buenos detalles a veces, era muy alegre, se tomaba bien las cosas, la ayudaba en cosas del hogar exponiéndose a las burlas, quería muchísimo a su hija, jugaba con ella un montón, parecía que intentaba adaptarse a algunas cuestiones occidentales…Pero “se estropea” al final, porque se vuelve medio alcohólico, neurótico y celoso compulsivo.

Y el caso es que la blanca se vuelve a Suiza amándole, y él se queda en Kenia amándola sólo a ella, no le pone los cuernos…Es simplemente que los celos hacen la convivencia imposible. Además que la cosa no pintaba bien para la hija: el día que la casaran con vete a saber quién, le tocaba la ablación, y el marido estaba de acuerdo…

Así que una pena. En contra de lo que suele pensar la gente, al final sí que la cosa hubiera podido ir bien, si el masai hubiera sido de otra mentalidad, y si la suiza hubiera actuado de otra manera en algunas cosas, quizás sí que la cosa podría haber progresado… Y es que no hay nada como leer estas cosas para darse cuenta de que, pese a todo, virgencita que se queden los españoles como están, al menos los de mi generación, que no te dan la brasa cuando cruzas cuatro palabras con el panadero, aunque de todo hay, claro que sí, que queda mucho "africano" suelto por ahí...

Sic transit gloria mundi


29 de abril de 2007

Otra sanquijuela en el bote

Pues nada. De nada sirvieron las cartas y los regalos de todas las partidarias de los partos no intervencionistas, ni las palabras del Príncipe diciendo que querían evitar otra cesárea. Y es que quien con Recasens se acuesta, cesareada se levanta.

Están locos estos samburu

Antes de castigaros con mi reflexión final sobre el libro, os dejo algunas curiosidades sobre los masais, tal como he podido extraerlas del libro. Lástima que la historia transcurra a finales de los 80; el gobierno keniata estaba empezando a meter mano al tema de las tribus y seguro que ahora un montón de costumbres se han perdido. Veréis que algunas costumbres "extrañas" tienen cierto sentido cuando se miran desde una perspectiva sanitaria.-El garrote de los guerreros masai se llama rangu; su especie de falda, kanga. Enkai es “Dios” (están cristianizados), y mzungu, “mujer blanca”.

-Las cabañas de los samburu se llaman manyattas y están construídas con ramas, mimbre y boñigas. Las hacen exclusivamente las mujeres.

-Los hijos sólo abandonan el hogar materno y construyen su propia manyatta cuando se casan.

-Las mujeres son las únicas que trabajan en el pueblo, pues se considera indigno que un guerrero lo haga. Lo máximo que hacen es encargarse de las cabras y matar los animales.

-Los guerreros y las mujeres han de comer separados, pues toda comida que haya sido mirada o tocada por una mujer, trae mala suerte para el hombre. Sólo pueden tomar juntos el té.

-Como los musulmanes, la comida no puede ser tocada con la mano izquierda; sólo se puede utilizar la derecha.

-Cuando se considera que hace falta matar a un animal para comer, se encargan los guerreros. Es obligatorio que el animal esté muerto antes de clavarle un cuchillo, así que primero hay que inmovilizar al animal, después asfixiarlo, recoger su sangre para beber y por último destazarlo.

-Los primeros que comen de un animal muerto son los hombres y ancianos. Un guerrero puede devorar kilo tras kilo de una sentada. Después, lo que sobre, se lo llevan a las mujeres para que coman ellas y los niños.

-La bebida oficial es el chai (té con mucha cantidad de azúcar que se toma a todas horas). También se come carne de cabra, guisos sencillos de arroz y tortas de harina de maíz. Consumen también leche de cabra, tabaco, cerveza de maíz y miraa, unos tallos que mastican con efectos excitantes, similares al de la cafeína.

-Entre los samburu hay división de bienes: hombres y mujeres tienen sus propios animales y pertenencias. En la boda, los invitados regalan animales y objetos a la pareja, pero deben dejar muy claro a quién se lo regalan, si al hombre o la mujer.

-Un guerrero samburu puede tener “novia” antes de casarse. La novia es una chica joven con la que puede tener relaciones sexuales sin compromiso, y a la que el guerrero regala perlas y joyas para que esté muy hermosa. Sin embargo, la chica nunca se casa con ese guerrero, puesto que es el padre el que decide con quién se casa el día antes de la fecha fijada de la boda, y la casa con un hombre distinto. Es una gran humillación para una “novia” que el guerrero se case con otra teniéndola a ella de novia.

-Expresar que algo o alguien es “hermoso” atrae mala suerte; nunca debe comentarse que un bebé es guapo, por ejemplo.

-La fecha de las bodas la fijan los ancianos en función de la luna y las constelaciones.

-Cuanto mayor es el número de invitados una boda, sobre todo de ancianos, mayor es el prestigio que adquirirán los novios.

-Antes de la boda, a la mujer se le somete a la ablación de clítoris. De lo contrario, no será una buena mujer y no podrá tener niños sanos.

-Durante el embarazo, los hombres no pueden tener relaciones sexuales con la madre, pues de lo contrario nacerían los niños con la nariz tapada.

-La vida de una mujer vale menos que la vida de un cabra. Si un hombre cae enfermo, se le atenderá con todo cuidado; si es una mujer, se toman pocas o ninguna molestia.

-En las aldeas samburu, cuando alguien quiere hacer de vientre, mea a los lados de la choza: la arena lo absorve todo. Pero si quiere hacer aguas mayores debe irse detrás de unos arbustos espinosos o de una caseta preparada sobre un hoyo para tal efecto. Si hace caca al lado de una choza, tendrán que cambiarse de casa, será una humillación eterna para esa familia y tendrán que regalarles una cabra sacrificada a los vecinos.

-Los masai no besan; es asqueroso. Los hombres no pueden toar a una mujer de cintura para abajo y las mujeres no pueden tocar la cara, el pelo ni el sexo del hombre.

-Los masais se lavan en el río, estando separados hombres y mujeres. Los hombres se lavan unos a otros completamente desnudos. En cambio las mujeres no deben quitarse la falda para bañarse.

-Los bebés recién nacidos son trasportados desnudos junto al cuerpo de la madre, cubiertos por el kanga. Cuando el niño se hace sus necesidades encima, la madre le limpia el culo a escupitajos y lava la ropa sacudiéndola y restregándola con arena.

-Un bebé recién nacido no puede ser visitado por nadie hasta que pasen unas semanas.

-Que te escupan es un gran honor. A los bebés se les escupe en manos y pies; restregarte un escupitajo en la frente es señal de bendición.

-Lo mejor que le puede pasar a una joven es ser la primera mujer de un guerrero. Ser la segunda o tercera mujer de un hombre es un matrimonio de baja categoría, aparte de que las chicas acaban siendo muy desgraciadas.

-Es costumbre que la nieta mayor pase a ser propiedad de la abuela, pues está destinada a cuidarla en su vejez.

-Una vaca que ha tenido un ternero es todo un acontecimiento social. La vaca recién parida se queda dentro de la casa, y todos los vecinos tienen que ir a visitar a los dueños afortunados.

-Los animales domésticos se pasean a su antojo dentro de las casas, sobre todo los recién nacidos. Los inquilinos han de dormir con la cabeza tapada para evitar las moscas.

-Para evitar que se deshaga su elaborado peinado, los guerreros duermen apoyando el cuello en un artilugio de madera, como las geishas.

-Cuando un masai se encuentra a otra persona, tiene la obligación de hacerle una serie de preguntas: quién es, dónde vive, cómo están sus animales, de dónde viene y a dónde se dirige. Es la única manera de estar informado de lo que ocurre en la región.

-Proporcionar hospitalidad, comida y cama, es obligatorio, te lo pida quien te lo pida.

-Los guerreros han de pasar por una ceremonia ritual de tres días para pasar a ser guerreros viejos. Entonces los chicos jóvenes de la anterior generación pasan a considerarse guerreros tras someterse a un ritual de circuncisión.

-Los masai sólo encuentran razonable llorar cuando alguien se muere.

-Evitan los muertos y nunca hablan de ellos; si tienen que tocar uno, después deben someterse a unas abluciones de purificación.

24 de abril de 2007

Yo no voy por ahí enamorándome de los guiris

"LLEGADA A KENIA". Un esplendoroso aire tropical nos recibe a nuestra llegada al aeropuerto de Mombasa, y allí mismo lo presiento y lo noto ya: este es mi país, aquí me sentiré a gusto. Pero, por lo visto, solo yo me muestro receptiva al aura que nos envuelve, pues Marco, mi novio, exclama sin eufemismos:-"Aquí huele que apesta".

Este es el primer párrafo del librito en cuestión, en el que ya se pone de manifiesto que
a) La autora va al grano y tiene menos estilo literario que una patata frita
b) A la traductora hay que colgarla de los pulgares

c) De olores y feromonas va el asunto
d) La tipa ya era rarita desde que llegó a Kenia

e) Todas las anteriores.

Pero de todos modos, ¿a que es toda una promesa de jugoa historia en unas pocas líneas? Lástima que la historia esté narrada en plan diario resumido, con gelidez invernal, y como veis los capítulos están titulados para subnormales. ¿El capítulo de la llegada a Kenia? pues se titula "Llegada a Kenia", para qué nos vamos a molestar más.
Pero en fin. El caso es que hay tal ausencia de descripciones, detalles, sentimientos y reflexiones que el libro se lee rapidísimo, la historia avanza cagando leches y engancha. Ayuda mucho a comprender cosas que quedan deslabazadas en la película, como por ejemplo, el momento en el que están a punto de meterse en un lío por intentar comprar costo... Que a quién se le ocurre. Tal como yo deseaba, estoy empezando a leer detalles jugosos importantes para entender la historia. Por ejemplo, y para que veais qué memoria y que pifia la mía...¡¡la tipa es SUIZA, no SUECA!! Juaaaaaaaaaaas, y se le quitan a uno las ganas de ir a Suiza, vaya tiparraca, como sean todas así me mondo. Como era de preveer, es incapaz de dar una explicación medianamente lógica de su comportamiento: ella se enamora por olores, por el poder de las hormonas, y reconoce que le da un nosequé que quéseyo irracional, pero aún así desoye toda advertencia y comete la locura, aunque las experiencias desde el principio son malas.
Otra cosa curiosa es que, pese a que en la primera línea hable de novio, el tal Marco es un novio-amigo por el que demuestra bastante desapego, aparte de que se pelean durante el viaje y están de morros todo el capítulo. Normal que le de el bote sin pensárselo dos veces (y el tal arco tampoco es que insista mucho). Vaya tela. Y lo más curioso es que el tal Marco estaba celoso de lo que que ganaba ella en la tienda. Vamos, que no hay que irse a Kenia para encontrar machismo, que repelentes hay en todos lados.

Otra cosa sorprendente es que la tipa no sabe inglés. ¡Alucinante! Ni media palabra. Y claro, todos sus encuentros con el maromo son de estarse sin hablar y comunicarse con gestos. Lo que faltaba. Lo que le atrae del maromo, aparte de su majestuosidad, es que es muy alto y huele bien (ella mide metro ochenta), y se pasa los primeros capítulos buscándole como loca, moviendo cielo y tierra para encontrarle...¡¡después de que le metan en chirona por haberse peleado con unos que se burlaban de él!! En fín, es difícil sentir empatía por una chica que explica las cosas con tan poca sensibilidad.
Sus encuentros sexuales son pésimos, a los masai les asquea besar, todo es peor de lo esperado. Muchos polvos, pero malos, y además los masai te dejan pringada de color rojo cuando acaban. Además te tienes que tomar la píldora. El choque cultural es brutal. Los hombres masai se van cuando quieren y las mujeres no pueden preguntar ni a dónde van, ni cuánto van a tardar. Está prohibido preguntarlo. Así que las preocupaciones por su ausencia son una constante. Y peor que el mal sexo es no poder convivir con el masai, puesto que un hombre masai no puede comer con las mujeres, dado que no pueden probar toda comida que haya sido tocada o mirada por una mujer: da mala suerte. Además, los hombres no pueden tocar a las mujeres de cintura para abajo, y las mujeres no pueden tocar la cara, el cabello ni el sexo de los hombres. Toda la sexualidad occidental, al garete. Pero aún así, la tipa lo deja todo por él, aunque toda imagen de convivencia romántica se sepa imposible desde el principio.

Otra escena curiosa del libro es que el masai se asquea cuando ella prepara unos espaguetis con tomate porque le parecen gusanos con sangre...Curioso en una persona que bebe sangre y usa el té con cantidades ingentes de azúcar como sustituto de comida.
Pese a todo, el masai es algo simpático, detallista a veces, y cuando vuelve de sus correrías siempre dice "hello!!", como cierto concursante marica de Gran Hermano.
Y en fin, no he leído mucho más; de momento todo es como una ampliación de lo que se explica en la película. Pese a todas las voces desaprobatorias, la suiza decide quedarse, porque su cuerpo la obliga. La majestuosidad del masai (sólo del suyo) la tiene subyugada y anula todas las incomodidades y tristezas.

Sé lo que es ver a alguien majestuoso de otra cultura. Cuando me dio la vena de ir a una conferencia de la Asociación de Amigos de Tabelot, conocí a un Tuareg auténtico y genuíno, Ibrahim. Llegué tarde porque salía de danza pero sólo con verle detrás de la mesa mientras me sentaba rápido, ya noté que era una figura imponente y em qudé admirada. La palabra majestuoso le cuadraba como un guante. Tenía una apostura regia, que yo creo que era debida por un lado al exotismo de la vestimenta, y por otro, a la ausencia de gestos superfluos. Se sentaba derecho y erguido, muy digno, y sólo movía las manos cuando hablaba; después se quedaba quieto y serio mientras su acompañante traducía del francés. Las manos eran preciosas, muy masculinas el porte era masculino a pesar de la ropa. Ibrahim era un mercader, no un rey ni un señor, era un simple habitante del desierto, pero tenía una solemnidad innata. Era alto, tan negro que no se le veía la cara, no guapo pero atractivo en su exotismo, y vestía túnicas superpuestas de blanco resplandeciente, azul celeste y violeta, y un turbante blanco perfectamente enrollado. Las ropas eran sencillas pero no austeras, y más elegantes que un esmóquin. Sólo un hombre con tanta dignidad de porte podía llevar esos colores sin parecer ridículo. Y en el trato, era muy amable, cortés y educado, y contaba con humildad las anécdotas y los problemas de su pueblo. Daban auténticas ganas de hacerte amiga suya, de que te explicara más anécdotas de su vida y su contacto con Occidente, y de volverle a ver. ¡Pero no por eso se me iba a hacer el chichi agua! Se le da la gracias, se le compra algo de bisutería artesana (o no) y se va una a su casa con el maromo que habla en cristiano y al que le puedes dar con el rodillo en la cabeza si llega tarde. Eso es lo más sabio, pienso yo; la admiración ya la has sentido, no hace falta que arruines tu vida por follar.

23 de abril de 2007

Envejezco oficialmente...

...Pero no me importa porque seguramente el año que viene será el más feliz de mi vida.
Hoy mi madre con toda su buena voluntad me ha dicho que me iba a regalar un libro, y yo le he pedido Juego de tronos, y si no lo encontraba, La masai blanca (que joer qué curiosidad me ha entrado con la mmmmierda historia de la sueca esa). Más que nada porque si le dejo que elija ella es capaz de comprarme cualquier truñaco aborrecible y pseudointelectual, de esos que ella considera "literatura", y como que ya van un par de malas experiencias. Bueno, pues no ha habido suerte y sólo estaba disponible la mmmierda historia, que al menos ha salido barata, porque ya sólo de hojear un par de páginas me he llevado una malísima impresión.
Para empezar, el libro está escrito en su mayor parte en tiempo presente, como quien cuenta un chiste o explica una anecdotilla a su amiguito en un bar. Del palo "pues entonces voy y le digo al payo...". Lamentable. Estilísticamente seguro que estará peor que una autobiografía de Anita Obregón. Encima la tía no mecanografió la historia, si no que de eso se encargó un amigo, rollo "hay que joderse que pesaos que sois, que sí, que vale, que explicaré la historia para que nos forremos, pero el trabajo duro lo hacéis vosotros". La historia está narrada en plan rápido, como si tuviera prisa por contarla entera y acabar cuanto antes, con frases telegráficas. "Y fuimos allí. Estaba Pepito. Llovía un montón. Charlamos un rato y nos fuimos".
O sea, que la sueca no sólo es propensa a los calentones sino que encima es gilipollas y no es capaz de hacer un esfuerzo en escribir algo romántico, o melancólico, o dramático, o al menos con frases subordinadas, coño. He leído la escena del parto y está narrado telegráficamente, sin la menor pizca de sentimiento, parece que lo ha escrito la esfinge de los hielos. No da ningún tipo de detalle ameno, o agradable, NADA. Parece que lo ha escrito con entonación de pizzero diciéndole a un cliente los ingredientes por teléfono. "Y a eso de la siete, doble de queso sin anchoas. Cheeseburguer y patatas fritas. Parece que va a llover". En ese plan, LO JURO.
Además tiene toda la pinta de que el libro no se parece demasiado a la peli...¡¡¡y la peli parece mejor!! No es sólo que los nombres de la peli sean falsos, es un poco todo, que parece que tiene más gracias...Vamos, que menos mal que el libro es de bolsillo y ha costado nueve euros, porque tiene toda la pinta de merecer ir a la basura. Menudos best-sellers, hay que joderse. No gastaré mucho de mi tiempo en él, pero si ha de servir para conocer algún detalle morbosillo de la historia, o al menos para confirmar mis sospechas de que esa sueca era una imbécil, bien estará. Jejejejeje y si queréis que de más detalles sobre el asunto sólo teneis que pedirlo...:P

14 de abril de 2007

Viña del Señor Abril 2007

Veeeeenga, ¿de verdad pensábais que no la escogería como candidata, aunando el bochorno con la medicina? ¡Con lo previsible que soy!

28 de marzo de 2007

Para que veais que no siempre me cago en los médicos

La criatura de la Viña del Señor de Marzo esta vez es una rara avis a la que la alcaldesa progre de mi pueblo entrevista en la gazetilla de este mes: la doctora de mi padre. Era la doctora de tarde de esa mmmmmierda CAP que tenemos en el pueblo, que si ya era pequeño antes, ahora en el nuevo edificio están casi igual de apretados pero con los pasillos más grandes, y encima si abren la puerta te puede ver en bolas toda la concurrencia de la sala de espera si estás en la camilla. Yo es que iba a al médico de por la mañana, que era un inepto simpático al que le pillé en renuncios un par de veces pero con el que tenía confianza, y que ha desaparecido misteriosamente y ha sido substituído por otros médicos más o menos bordes. Esta insigne doctora es entrevistada porque tras quince años en el pueblo, ha pedido el traslado para irse a un pueblucho de donde Cristo dio las tres voces, por "discrepania con la filosofía sanitaria, con su empresa", donde espera "poder ejercer la medicina que cree deseable", donde importen más las personas que los ordenadores. Y es que es verdad. desde que informatizaron todos los procesos, el médico en vez de mirar la cara que pones cuando le explicas tus miserias, está tecleando con sus dos deditos. Y ya no pudes cotillear lo que escribe en el papel, que es una lástima. La buena doctora dice que es "de las de pocas recetas", para racionalizar el gasto. Envidia la medicina orietal, que cura personas, no como la occidental, que cura enfermedades. Sigue apostando por la medicina pública gratuíta de calidad, pero no de cualquier manera, si no de forma personalizada. Se lleva consigo el afecto de los pacientes y los muchos recuerdos que la llegan al corazón. Y todo así de bonito. ¿Será verdad que hay una doctora que no ha nasío pa resetar? Lástima no haberla tratado nunca (que yo recuerde, quizás si la visité alguna vez y resultó ser una borde), pero quizás se nos esté pirando una médico íntegra que quiere menos máquinas modernas y más tiempo, más proximidad con el paciente, menos fármacos agresivos y mayor respeto por el paciente. A ver qué me encuentro la próxima vez que vaya, porque cada vez hay alguien distinto. Eso sí, los vampiritos que me han sacado sangre hoy, no sé dónde se los buscan, pero siempre son simpatiquisísimos. Ojalá todos los sanitarios fueran tan solícitos, agradables y atentos.

12 de marzo de 2007

Tanto va el cántaro a la fuente, que al final le dejan bloqueado un día de fútbol. Y es que ya sabía que era demasiado tentar a la suerte dejar el coche aparcado en los aledaños del Camp Nou a las 10 y media de la mañana sabiendo que doce horas después celebraban un Barça-Madrid. Pero una sigue manteniendo una fe ingenua en la bondad humana y por la experiencia de otras veces, no me esperaba que me dejaran el coche completamente bloqueado. Ya una vez volví a casa con un abollón de órdago por intentar salir a lo bruto del atolladero donde me habían dejado en un Catalunya-Brasil, y ya pensaba que peor que entonces no me podía ir. Pero sí. Después de esperar más de una hora para que empezara la siguiente sesión de ese crimen cinematográfico llamado el Motorista Fantasma (¡¡¡mucho mejor la peli de la Masai Blanca!!!) y de tragar esa bazofia con paciencia doctorandil, volvemos al coche para refugiarnos en el cálido hogar y nos habían dejado el humilde Saxo atrapado entre un todo terreno Volkswagen aparcado en paralelo al mío (de esos pequeñitos que se compran las señoras para ir al Carrefour y dejar los niños en el cole, ya sabéis, de esos manejables que abultan poco y se aparcan en cualquier sitio sin molestar) y otro coche igual de humilde y barriobajero aparcado en perpendicular. El que estaba peor era el todoterreno, en plena tercera fila con dos cojones, como pensando que todos los coches que estaban ahí iban al partido, cegado a las otras realidades del mundo. ¡¡Hay gente que trabaja!! Y claro, nada de detalles cívicos como por ejemplo, dejar el número de móvil en el salpicadero por si ls moscas...¡pero cuánto piensa la gente en el resto de seres humano! Y claro, disgusto.
Alternativas:

a) Llamar a la patrulla para que vengan con grúa a sacar el coche, sabiendo que tienen menos posibilidades de aparecer por allí que la virgen de Guadalupe.

b) Cargarnos los retrovisores y cristales de los coches, desinflarles las ruedas, amén de rayarles las puertas de extremo a extremo (ganas habían, pero quedaba el problema filosófico de no castigar a un inocente porque no sabíamos exactamente cuál de los dos coches era el que había "formalizado" el bloqueo). Tendríamos que volvernos (con maletas y todo) en autobús y volver al día siguiente por el coche, y nos arriesgábamos a que los dueños de los coches agredidos se cargaran también el nuestro, pero la tentación era muy grande.

c) Irnos en bus igualmente pero dejando un papelito explicativo del volumen de las heces que depositábamos sobre sus muertos más recientes.
d) Irnos a cenar por allí cerca y volver cuando acabara el partido, con la esperanza de toparnos con lo dueños de los coches y o bien agredirles, o bien increparles, o bien agredirles e increparles, o bien pedirles que nos abonaran la cena consumida y si se negaban, obligarles incluso por la fuerza.


Yo era partidaria de las opciones A, C, D y con matizaciones, la B. El Maromo iba directamente a po la B y la D. La verdad es que si hubiera llevado en el bolso el spray de defensa que me regaló el Maromo hubiera existido también la opción de rociar las manillas de las puertas de los coches para que luego quien se montara se llevara una desagradable sorpresa...


Así que nada, llamamos a la patrulla (con los móviles casi sin batería) mientras resistíamos a la tentación de los actos vandálicos y tardaban un huevo, claro, pero nosotros teníamos la presión de que llegaran antes de que saliera el último autobús. Durante la espera apareció una trabajadora de una facultad con el mismo problema, pero aún más bloqueada que nosotros si cabe. Además tuvimos que ahuyentar a otro espabilado que quería aparcar en la misma tercera fila y nos lamentamos a una familia que también dejó mal el coche pero que al menos tuvo la iniciativa de dejar el número de teléfono a la vista.


Cuando ya nos estábamos desesperando apareció un guardia, que muy amable y simpático pero que nos dijo que todas las grúas de la ciudad estaban saturadas, que nos fuéramos a cenar, y que él no podía hacer nada salvo poner la cara. Y llorándole estábamos cuando aparece providencialmente una grúa, que no venía por nosotros, si no por otro coche de una calle de al lado por la que no podían entrar porque estaba bloqueada de coches!! Así que nada, le pedimos que se llevara a cambio el todoterreno y así no hacían el favor. Además a la otra chica le aseguraron que vendría otra grúa después. El mismo guardia no se podía creer la suerte que habíamos tenido. Y así pudimos irnos después de una hora esperando y cogiendo frío, porque nos bajó Dio a ver.

El todoterreno quedó sano y salvo aunque con multa. Lástima que no perdiera el Barça para que el disgusto el propietario fuera aún mayor. Os podéis dar por sermoneados con los típicos argumentos sobre si el fútbol es el nuevo opio del pueblo, bla bla bla.

4 de marzo de 2007

La Masai Blanca, destripada (y III)

Pues para acabar pronto con esta tortura, voy a relatar la última y trepidante parte de la película La Masai Blanca, esa gran obra del cine contemporáneo, para no dejaros más con la intriga y porque me interesan mucho vuestras opiniones globales.

Nos habíamos quedado en que la protagonista ya estaba casada y bien casada (aunque sin papeles oficiales, por lo que se vea), entre otras cosas porque en Suecia no tenía alternativas mejores. Curiosamente sobre la luna de miel no se comenta nada pero espero que follaran mucho para compensar lo que vienen después.

Después de la boda se nos muestra a la protagonista caminando por la aldea y como no podía ser de otra manera (ya estaba tardando), se topa con un grupo de mujeres que se disponen a realizar la ablación a una chica de 15 años. Con una cuchilla Gilette nuevecita, ¿eh?, que se note el presupuesto. Y claro, se lleva las manos a la cabeza y se va corriendo a buscar al maromo para que haga algo. La reacción del maromo es la prevista: pasividad total, y que lo encuentra muy normal porque es algo necesario para que la chica se pueda casar. Fin del tratamiento sobre la ablación en la película, no se vuelve a hablar del tema más. Decepcionante, ¿verdad? ¿Se reflejará en el libro algo más, como por ejemplo, qué consideración merece una mujer no ablacionada, aunque sea blanca? Nos quedamos sin saberlo. El caso es que la sueca le habla a Bernardo del tema y le pregunta que qué puede hacer, o que por qué él no ha hecho nada en el tiempo que lleva allí. A lo que cura responde que él se desentiende, que lleva 20 años intentando convencerles de cosas y que si quieres arroz Zoraida, que no se les pueden imponer las cosas. A lo que yo me pregunto a qué narices se dedica el padre Bernardo entonces y qué logros ha conseguido en esos 20 años que lleva allí.

En una fiesta posterior en casa de Elisabeth (la ama de casa blanca del pueblo grande cercano, ya sabéis), nos encontramos a una sueca muy ojerosa y con mal aspecto, visiblemente agobiada y con menos pájaros en la cabeza que en su primera conversación con Elisabeth. Eso sí, nos anuncia que está embarazada de 4 meses, que es lo menos malo que te puede ocurrir en África cuando follas sin condón. Y además, que tiene intención de abrir una tienda de comestibles en la aldea. Porque si los hombres se ocupan de las cabras y se vive en una choza nauseabunda sin cama, ya me contarás a qué dedicas todo el día. A frgar los platos no. Elisabeth lo aprueba, pero su primera pregunta es…¿y el costillo te va a dejar? Porque ya se barrunta el mal rollito…

Y es que evidentemente la idea de la tienda no le hace nada de gracia al samburu, pero la sueca se pone firme, porque está hasta las narices de comer “azúcar y carne de cabra”…Y eso que la gastronomía sueca no es precisamente conocida en todo el mundo, pero vaya, que nos hacemos cargo, porque no os podéis imaginar el aspecto que tenía la famosa pata de cabra chamuscada de su primer desayuno en la aldea…Además comer tanto azúcar debe ser fatal, fatal para la salud… Total, que aprovechando una especie de infralocal que había por allí, la sueca se pone a arreglarlo para abrir la tienda, con bastante poca ayuda de la peña.

Entonces le ocurre lo peor que le puede pasar a una embarazada: presenciar un parto traumático. Porque va ella con la furgoneta y se encuentra con una parturienta tirada en la putísima calle como un perro (así como os lo cuento), con el bebé naciendo de pies, o naciendo atravesado, a medio encajar y que no puede expulsarlo. En vez de actuar con raciocinio e intentar, antes que nada, hacer alguna maniobra de matrona para ver si puede solucionar el asunto in situ, la sueca se pone a gritar pidiendo ayuda, pero toda la gente que pasa por allí, incluyendo el maromo, se desentiende y se niegan a tocar a la parturienta, y el maromo dice que “porque está embrujada”. La sueca se pone histérica e intenta subir a la parturienta a la furgoneta, pero sin ayuda es imposible, sólo cuenta con la ayuda de otra chica del pueblo, pero ningún hombre quiere tocar a la “embrujada”. Finalmente y con gran reparo, el samburu le ayuda a subir a la parturienta a la furgoneta. Total, que la sueca se pone a conducir a toda pastilla para llevar a la parturienta a la ciudad (os podéis imaginar los alaridos), pero a medio camino se pincha una rueda y ahí se quedan, la una chillando, las otras llorando, en fin, un jari. Finalmente no se sabe cómo llegan al hospital y meten a la madre (inconsciente o muerta), dejando al feto muerto en la furgoneta. Y la sueca, toda cabreada, se tiene que poner a limpiar todo el marrón. Encima aparece Elisabeth para darle la puntilla: que se muda a la costa, a un sitio más civilizado. O sea, que se queda sin su única amiga blanca. Y ahí sí que la sueca se queda cansada, incomprendida y de todo, mientras el samburu se dedica a bañarse y a frotarse y refrotarse para ver si se purifica y no le cae una maldición o algo por haber tocado a la parturienta.

Finalmente la sueca abre el colmado con gran éxito de público. No se menciona si vende también Gilettes o qué. El cacique de la tribu le obliga a aceptar a su sobrinito como ayudante. El caso es que echa mano a toda su habilidad comercial y claro, todo son sonrisitas, atenciones, simpatía y mucho jijijijajaja con los repartidores y los clientes, y el samburu se empieza a cabrear. En cambio la sueca se reconcilia con el Padre Bernardo, que está profundamente admirado de lo que ha hecho, porque es la única persona blanca que ha hecho algo grande por la comunidad y que no ha sido una mera aventurera o una turista de paso. Y hombre, no es un centro de salud ni una escuela, pero un colmado ya es más de lo que ha hecho el puñetero Bernardo en 20 años. Eso sí, el cura la aconseja que deje de mirar a los hombres directamente a los ojos o de forma penetrante, porque en esa cultura puede ser malinterpretado y dar lugar a muchos disgustos. Pero la sueca, que nunca se ha mostrado muy dada a usar el sentido común, le contesta que tururú treinta y tres, que ella tiene que mirar a los ojos a los clientes y que hará lo que le de la gana.

En una ocasión, la sueca pilla al maromo contando el dinerito de la tienda y se pica un poco…¿Y a que no sabéis qué dice el tío? HAKUNA MATATA!!!! Juaaaaaaaaaaaas, que gracias a la Disney ya sabemos que significa “tranqui tronca no te pongas nervi”. En fín, empieza a haber mal rollito. En otra ocasión, el maromo pilla a la sueca en la tienda con la puerta de atrás abierta y se pone hecho un berserker. Que si tiene novio, que si le está dando el salto, que si le avergüenza…Vamos, que le echa la bronca del siglo, y lo peor de lo peor, el golpe más bajo posible, la acusa de que el bebé que espera es de otro. Y bueno, la sueca en vez de dar razones lógicas para negarlo se limita a hacer mohínes. Uhhhhh que mal pinta la cosa...Menos mal que la suegra interviene y convence al maromo en privado que no, que no le está poniendo los cuernos (o eso suponemos porque hablan en su idioma, claro).

¿Os pensaís que no hay más mal rollo que ese? Pues alucina vecina porque la sueca, discutiendo con un cliente, se entera de que ha estado comprando a crédito, y entonces descubre una libreta donde el maromo ha ido apuntando guarrindongamente a quién le apuntaba los gastos en la cuenta. Cuando la sueca le pide explicaciones descubre que el maromo ha ido vendiendo a crédito al cacique, “y a la familia y a los amigos”, es decir, A TODO EL PUTO MUNDO. Total, que el cabreo de la sueca es antológico y se pone a recordarle a gritos que una tienda es un negocio y que nada de créditos de ahí en adelante.

En esto que la tía se pone de parto, y como no podía ser de otra manera en una película, todo es caos, la sueca se asusta y acaban pidiendo una avioneta de la cruz roja para trasladarla al hospital (que ya me contaréis por qué no hicieron lo mismo con la otra que sí que estaba mal). Además, ¿cómo llaman a la avioneta? ¿Recibe tantas atenciones por ser blanca? La cosa no queda nada clara. Que lo mejor hubiera sido enterarse si por tener al hijo en Suecia le hubieran dado la doble nacionalidad…El caso es que tiene una hija y la llaman Sarai, que ya me contaréis si es cuestión de irse a Kenia a vivir y ponerle a tu hija nombre de participante de Operación Triunfo. Que por cierto, la niña se parece más al padre. No se menciona nada en la película sobre si supone una deshonra tener una niña y no un varón, ni nada de la ablación futura que le espera a la chica, ni nada de eso.

Total, que después de la escasa contribución a popularizar el parto natural, la tía vuelve a la tienda y el primer marrón es que el cacique paramilitar ése le exige dinerito “para su protección”. Además el querido sobrinito en vez de ejercer de ayudante se dedica a fumar y beber y la sueca le pone de patitas en la calle. Esa noche se va a dormir, con la niña entre el costillo y ella, porque hasta en Kenia se cumple eso de que “follas menos que un casao” por más que te cases con un negrazo, pero se despierta por el mal rollito y sale a la calle, donde se encuentra al sobrino dispuesto a machetearla. Menos mal que aparece el maromo para defenderla y el sobrinito recibe las del pulpo.

Y claro, habemus juicio, con un viejo de la tribu como juez. Menos mal que en Kenia la justicia mejor que en España y condenan a la sueca a pagarle dos cabras al cacique por haber despedido a su sobrino, pero condenan al cacique a pagarle 5 cabras a ella por haber intentado matarla. Así que la sueca acaba contenta, aunque ya tiene el carácter muy agriado. El problema es que cuando va a la aldea con las cabras, el maromo se siente súper humillado: primero el negocio, y ahora él es el que tiene que recoger las cabras de su mujer. Vamos, que lleva fatal lo de ser un mantenido. Así que se va donde las vacas a recoger el famoso cencerro sueco y lo tira al suelo. Que he visto peticiones de separación menos dolorosas que ésa.

Y además siguen los celos. Tanto jijijijajaja y tanta amabilidad de la sueca con los clientes, algunos vestidos a la occidental, pues claro…Total, que el samburu se cabrea y se dispone a matar “al amante” sea quien sea…Discusión brutal, el samburu la abofetea, ella le devuelve el golpe, y ahí le tienen que sujetar para no estrangularla. Vamos, que la cosa ya es intolerable. Pero el caso es que el samburu la ama, porque se viste con vaqueros, se corta todas las trencitas y se presenta ante ella para ver si ahora que está vestido a la occidental, ella le respeta. Y la acusa de acostarse con el Padre Bernardo. Y ni la suegra puede calmar ua los ataques de celos.

Así que la tía toma ya una decisión drástica y anuncia "que se va de vacaciones" a Suecia para que su madre conozca a su nieta. Que claro, no cuela ni por asomo porque ya se ve que lo que quiere es pirarse, pero la despiden con mucha ceremonia. El tío acepta y sólo parece tomárselo realmente mal cuando ve que en los papeles de la tía para subir al autobús, la niña lleva los apellidos de la sueca, en vez de sus propios apellidos como padre de la niña que es, y aunque apenas sabe leer ya se barrunta una estratagema para que no haya líos burocráticos al llevarse a la niña para siempre. El caso es que él tiene que firmar esos papeles para que ellas puedan salir, y finalmente, pese a saber que le están engañando vilmente, los firma para que ellas puedan subir al autobús. “Sé que nunca volverás”, dice, sin rencor. Y entonces la sueca y su hija se van en el autobús y dejan atrás las llanuras de África.

Y colorín colorado la historia de la sueca calentona se ha acabado. ¿Qué os ha parecido, aparte de previsible? Un poco decepcionante, quizás, porque se adivina mucha chicha que no se ha contado. Para empezar, la tía de masai blanca no tiene nada, porque en ningún momento deja de tener pensamientos y actitudes de occidental. Se da a entender que ha aguantado carros y carretas y que ha tenido mucha paciencia para afrontar los sacrificios del cambio de vida, pero que no se ha esfrozado en adaptarse a la cultura masai. Por otro lado, los masais se muestran muy edulcorados, idílicos y demasiado “políticamente correctos”, salvo con lo de la ablación, y seguro que hubo muchísimas más miserias. Por ejemplo, las relaciones con la suegra, que seguro que no fueron tan maravillosas. Además primero la pareja vive con la suegra y después ellos solos, señal de que la sueca exigió más intimidad en algún momento, y eso no lo refleja la película. Las recaídas de la malaria y otra serie de enfermedades que seguro que contrajo, no se mencionan. El caso es que pese a todo, el samburu no queda como el malo, porque pese a tener caídas supersticiosas que son para darle con la mano abierta, no deja de ser un hombre humillado por la independencia de su mujer y con relativamente fundados motivos de celos…Porque ya me direís si no es algo lógico que alguien con mentalidad machista, y que nota que su mujer está más fría que un témpano no él, y que ríe y simpatiza con hombres occidentalizados, no tiene motivos para mosquearse. Es fácil comprenderle, pero por ejemplo seguro que en la vida real él se tiraba a medio pueblo y eso no se refleja en la película, no se sabe ni para no ofender a la comunidad masai.
Vamos, que han quitado mucha información morbosa. Podéis leer otras críticas más cinematográficas aquí. ¡Me quedo con ganas de saber más! ¿Pero qué os ha parecido a vosotros?