18 de julio de 2007

Bien, pues ya he imprimido la carta, retocada y maquillada y super fetén(los más listillos ya han adivinado que va para Mr. A...; si es que no se os puede decir nada). Impresa en papel del super bueno, de los de tesis de 100 gr el metro cuadrado, satinadito, a toda tinta y con colores, y va acompañada de su cedé chachipiruli con pegatinita a todo color con foto friki y la lista de las canciones. Ahora sólo me queda esperar una respuesta, pero eso puede tardar meses o una eternidad. Pero la frikada ya está hecha, para que luego digáis que no pierdo el tiempo en tonterías y que me paso el día escribiendo la tesis. Unos cuelgan videos en el youtube y yo escribo cartas que no van a tener respuesta, ¿qué pasa?
Y para no dejar cabos sueltos, acabo ya la historia de los tulipanes diciendo que han vuelto a morirse todos, que no he visto a las cotorras en los nidos y que las urracas aquellas que estaban criando, después de verlas mucho ir y venir en lo que yo creía que eran las incubaciones y la alimentación a los polluelos, han desaparecido sin dejar rastro. No habrá fotos de urracas pardillas echando la pluma ni hostiándose contra el suelo mientras aprenden a volar, lo siento. Eso que os ahorráis.

15 de julio de 2007

Segunda tanda de opiniones requeridas. Me he guardado las opiniones del anterior post y las voy a hacer caso; aún hay tiempo para añadir más comentarios. Introduciré el ejemplo de Solefald que amablemente sugirió María y haré caso al bueno de Rober, que coincide conmigo en que quizás la historieta del amigo Vikernes sólo contribuye a alargar la carta sin más.

En este caso me gustaría que me dieseis la opinión sobre estas breves reseñas de unos cuantos grupos y canciones seleccionadas.

***

1) RHAPSODY (ahora, Rhapsody of Fire): Lamento Eroico, del álbum Power of the Dragonflame (2002).

¿Qué es lo peor que puede pasar cuando unos italianos se compran unas espadas en Toledo? Pues que quieran amortizarlas. Entonces ponen su propia banda sonora a las crónicas del reino imaginario de Algalord. Lo que ellos bautizaron pomposamente como “Hollywood metal” no es si no un metal épico sinfónico llevado al extremo, con doble bombo a piñón, guitarras aceleradísimas y multitud de arreglos orquestales, salpicados de latines, coros de 70 voces e incluso con Christopher Lee haciéndoles de narrador (y le gustó la experiencia). Lo más tópico sería haber escogido la primera canción de cualquiera de sus discos, en los cuales un glorioso canto épico con marcados estribillos es precedido por coros en latín al más puro estilo Carmina Burana, pero me he decantado por un himno lento cantado en italiano en el que las instrumentaciones de Alex Staropoli y el poderío vocal de Fabio Lione se muestran en su plenitud.

2) RUNNING WILD: Treasure Island, del álbum Pile of Skulls (1992).

Mucho vikingo, mucho dragón, mucha batallita en tierra firme, pero nadie hablaba de piratas. Así que vino Rolf Kasparek desde Alemania para llenar ese hueco con un power metal de riffs inconfundibles. De momento mantienen casi la exclusividad sobre este tema. Desde entonces, navegando sin descanso bajo la Jolly Roger desde Port Royal a la isla del Tesoro, sin olvidarse de mentar a los Conquistadores españoles.

3) MANOWAR: Gods of War, del álbum Gods of War (2007).

Los autoproclamados Reyes del Metal son odiados y adorados por igual debido a sus himnos sobre guerreros inclaudicables y macarradas machistas. Aunque han perdido testosterona desde sus inicios, persiste en su música la crudeza y sencillez de los primeros grupos épicos estadounidenses, que se ha visto desplazada por el barroquismo en las instrumentaciones de los grupos actuales. En su lucha eterna contra el Falso Metal, firmaron el primer contrato discográfico con su sangre y ostentan el récord Guiness por ser el grupo más ruidoso sobre el escenario. Incluso Orson Welles, poco antes de morir, se interesó por estos fornidos muchachos después de escuchar su música y les hizo de narrador en dos canciones, Defender y la violentísima Dark Avenger. El corte escogido es un trasunto de una ópera wagneriana donde la voz de Eric Adams nos lleva a la más que transitada puerta del Valhalla.

4) BATHORY: One rode to Asa Bay, del album Hammerheart (1990).

Existe auténtica fijación por parte de los grupos nórdicos en componer canciones basadas en la introducción (preferentemente la no pacífica) del cristianismo en tierras escandinavas y la añoranza hacia las ancestrales costumbres vikingas. One rode to Asa Bay, de este grupo sueco pionero del black y el viking metal, describe de forma poética y sin estribillos la perplejidad que los primeros mensajes cristianos causaron en las gentes nórdicas, y los hechos que presagiaron la desaparición de los antiguos ritos. En la evolución posterior del grupo, las voces guturales impiden distinguir el idioma en que cantan.

5) IRON MAIDEN: Alexander the Great, del álbum Somewhere in time (1986).

Clásicos entre los clásicos. No hay que buscar muy lejos, entre los grupos underground, para buscar letras inspiradas. Nada como abrir la enciclopedia, y copiar, palabra por palabra, la biografía de Alejandro Magno, sin omitir fechas. Lamentablemente la gente ve las camisetas con su mascota Eddie (una especie de zombie monstruoso) y se cambia de acera, pensando que se trata de un grupo tétrico y ruidoso, cuando hacen un heavy clasicorro bastante flojeras, de carácter inconfundible, leído y sobre todo, gracias a su guitarrista Steve Harris, muy cinéfilo. He elegido este grupo y esta canción por ser pioneros de las letras de carácter histórico y por su talante divulgativo y casi pedagógico.

6) VIRGIN STEELE: Agony and Shame,, del álbum House of Atreus Act I -Kingdom of the Fearless (1999).

Ídolos del metal épico estadounidense: resonancias guerreras con instrumentación muy simple, casi primitiva. Cuando el emblemático David DeFeis abandonó para siempre todo vestigio macarrucio de principios de los ochenta, se sumergió en la abandonada mitología griega y precristiana y necesitó tres romantic-barbaric opeaas para desgranar teatralmente la maldición de la casa de Atreo.

7) THEATRE OF TRAGEDY,del álbum Theatre of Tragedy (1995).

Jamás hubieran existido el doom y el gothic metal sin estos pioneros de decadentes melodías cantadas en inglés medieval, con voces guturales mezcladas con suaves voces líricas femeninas. La combinación de guapas sopranos con arreglos de metal triunfó de forma inmediata y surgieron a su estela multitud de grupos comercialoides con mayor o menor mérito, hasta el punto de que, en ocasiones, la belleza física de la cantante es lo único reseñable del grupo.

8) LACRIMOSA: Halt Mich, del álbum Elodia (1999).

Anne Nurmi y Tilo Wolff, los Pimpinela del Metal. Esta pareja alemana retrata sus amores tormentosos con ambientación gótica, tanto en alemán como en inglés, con la Orquesta Sinfónica de Londres de fondo siempre que se lo pueden permitir. Melodramáticos, teatreros y peculiares.

9) THERION: Asgard, del álbum Secrets of the runes (2001).

Inclasificable grupo de metal orquestal, mezcla de voces masculinas nítidas, voces de ogros, sopranos operísticas, violines, chelos, teclados, guitarras y demás parafernalia, con una puesta en el escenario igual de particular. Interpretan álbumes conceptuales sobre mitología variada. En este caso, con las Walkirias de rigor conduciéndonos hacia el Wallhalla.

10) NIGHTWISH: Ghost Love Score, del álbum Once (2004).

Finlandeses de éxito que empezaron sorprendiendo con su power metal sinfónico con voz femenina operística. Al principio menudeaban las canciones inspiradas en las películas de Disney y otras muestras de fantasía, pero cuando al teclista Tuomas Holopainen le dejó la novia (porque en lo que diablos fuera que le pasó debió de mediar una mujer), miles de metaleros lloraron con las letras depresivas del disco Century Child, que reflejan de forma inmejorable la desesperación de la soledad, la traición y la búsqueda de la inocencia perdida. En el siguiente álbum Once, algo más entero, Holopainen resume todo su dolor en un corte majestuoso donde alcanza su cima como compositor, antes de echar a la emblemática soprano Tarja Turunen a la calle como a una perra.

11) BARÓN ROJO: Tierra de nadie, del álbum Tierra de nadie (1987).

Poco que comentar: los amos indiscutibles del rock duro ibérico de los años ochenta. Mantienen la tradición patria de crear canciones de denuncia social y crítica de la hipocresía de la industria musical, pero a diferencia de otros grupos lo hacen con elegancia y sin recurrir a palabrotas ni macarradas innecesarias. Sus himnos constituyen la base ideológica que han mamado todas las generaciones de jevis clásicos de este país. Y aunque todos ellos suscribirían la canción Hijos de Caín, he preferido rescatar este otro corte menos conocido que resume, de forma inmejorable, la filosofía apolítica, pesimista y lúcida.del grupo.

12) TIERRA SANTA: La canción del pirata (I), del álbum Tierras de leyenda (2000)

Especializados en biografías de personajes históricos, a estos riojanos se les tiene crucificados en España por considerarlos una mala copia de Iron Maiden con letras sacadas de un libro de historia de Vicens Vives. Tuvieron que aguantar que por un par de canciones ramplonas sobre la Reconquista les relacionaran con los skins heads. Pero transformaron la Canción del Pirata en un himno y una balada y consiguieron que miles de jóvenes recitaran a Espronceda a voz en grito sin saltarse ni una coma, que es más de lo que han conseguido 30 años de reformas educativas en España.

12 de julio de 2007

Necesito vuestras opiniones sobre el siguiente texto: la idea que pretendo transmitir es que la música metal no es tan zafio como se la pinta, y que muchas de sus letras tienen contenidos culturales interesantes, lo cual lo aleja de la gran mayoría de músicas comerciales. ¿Qué os parece, aparte de largo, y qué modificaríais, añadiríais o quitaríais?

"Lo que intento defender es que esta clase de música, y fundamentalmente sus letras, pudieran resultarle interesantes por cuanto se acercan a la cultura, la literatura, la historia, la mitología y el arte de forma intelectualizada, alejándose de la superficialidad y ramplonería de la música ligera comercial que aparece de forma mayoritaria en los medios y que, por conocida, no precisa mayor descripción. Esto contradice la imagen distorsionada que se tiene de los jevis: perdularios politoxicómanos obsesionados por los solos de guitarra, con afición por la imaginería de evasión fantástica, esencialmente pobres y propensos al cutrerío, enemistados con los pijos para toda la eternidad. Afortunadamente, el metal es una clase de música heterogénea, dividido en muchos subestilos (de los cuales algunos sí responden al estereotipo) en los que, al estar alejados de los circuitos comerciales, se valora mucho aspectos como el contenido de las letras o el virtuosismo musical.
A los metaleros nos gustaría que la gente no se quedara en la superficie de los decibelios, las guitarras atronadoras y las voces no siempre nítidas y se acercara con la mente abierta a este estilo de música. Las letras de los grupos de metal constituyen hoy en día un sólido acercamiento de la cultura para los jóvenes, pues están plagadas de referentes históricos, mitológicos, literarios y cinematográficos.
En el metal encontramos canciones que tratan cuestiones históricas de todo tipo, desde la batalla de las Termópilas hasta la guerra de Sarajevo, pasando por Waterloo, Gettysburg, Vietnam, las principales batallas de la II Guerra Mundial y los conflictos de Oriente Medio, sin descuidar el Imperio Romano, la Inglaterra medieval de sajones y normandos, la lucha por independencia de Escocia, las Cruzadas, la piratería caribeña, la Reconquista española, la conquista de América o la Armada Invencible. Los temas bélicos ganan por goleada, cierto, pero a menudo esconden un mensaje pacifista. Incluso los segovianos Lujuria (que fueron acusados de pederastia por una canción en la precisamente ironizaban sobre la hipocresía de la Iglesia en cuestiones sexuales) se han cansado de sus letras rijosas sobre Mozart y Salieri, Príapo y las orgías de Ramsés el Grande y su último disco es un relato pormenorizado y serio sobre la revuelta comunera de Castilla. No faltan las referencias a otros acontecimientos que impactaron a la sociedad como la tragedia de Guyana, el drama del submarino Kursk o el 11-M (y no gracias a un grupo español, precisamente). También se canta sobre personajes históricos emblemáticos de todo tipo y pelaje: Cleopatra, Alejandro Magno, Genghis Khan, Nerón, Popea, Espartaco, Juana de Arco, Napoleón, Drácula, Torquemada, Nietszche, el capitán Lawrence Oates...
Otra piedra angular de las letras en el metal es la mitología, desde los mitos mesopotámicos y egipcios hasta las epopeyas griegas clásicas (han tenido que venir los Virgin Steele desde Estados Unidos para restregarnos pormenorizadamente la saga de la Casa de Atreo o los Manowar a soltarnos su tema de media hora “Aquilles, Agony and Ecstasy in 8 parts”), pasando por el mundo romano y las leyendas artúricas. Pero los que se llevan la palma son los grupos nórdicos, que no se cansan de remitirnos a sus raíces precristianas, con mucha valkiria, mucho Valhalla y mucha crítica a los malotes cristianos. Los grupos españoles también han echado mano a la mitología regional.
Muchos grupos han reflejado en sus letras las historias de la Biblia, la Ilíada y la Odisea o Don Quijote, y por supuesto, los hitos de la fantasía épica contemporánea, como el Señor de los Anillos, el Silmarillion, la saga de la Dragonlance, Elric de Melniboné o Conan. Las adaptaciones literarias van desde el inevitable Tolkien hasta Stevenson, Poe, Lovecraft, Dumas, Shakespeare, Michael Ende, Stephen King, Arthur C. Clarke, Anne Rice, Joseph Conrad... Incluso los portugueses Moonspell basan sus canciones en poemas de su vocalista así como de intelectuales de su tierra, convirtiendo sus discos en una especie de Negro sobre Blanco gótico.
Existen rarezas como Frameshift, un grupo que transmite las teorías de Richard Dawkins sobre la evolución, o Vintersorg, cuyas letras, criadas a los pechos de Carl Sagan, versan sobre cosmología, astronomía, matemáticas y astrofísica y que podría clasificarse como el único grupo de “Punset metal” que existe.
A diferencia de la música destinada a las radiofórmulas, en el metal abundan los álbumes conceptuales, con canciones de más de 10 minutos de duración y cortes instrumentales, narrados y experimentales.
A nivel metamusical, menudean los grupos que se declaran abiertamente deudores de Wagner y otros compositores clásicos, sobre todo rusos, y componen obras épicas muy orquestales y ampulosas, similares a las grandes bandas sonoras de Hollywood. No faltan adaptaciones para guitarra eléctrica de obras de Vivaldi, Grieg o Rimsky-Korsakov. Existe un subestilo en el que se da rienda suelta a la ambientación medieval, usando instrumentos antiguos y tradicionales para adaptar canciones folklóricas, y nos encontramos grupos como los alemanes In Extremo echando mano del Carmina Burana y las canciones del Llibre Vermell de Montserrat. Otros, como Haggard, se decantan por la música renacentista. Destacan también los Apocaliptica, un cuarteto de chelistas que no se ayudan de guitarras ni voces pero cuya música se considera metal de pleno derecho.
Las referencias cinematográficas son otra constante, sobre todo de películas de ciencia-ficción de serie B, épicas o de terror (Star Wars, Star Trek, Alien, Blade Runner, Braveheart, Dune) e incluso obras de arte y ensayo de los años 60.
A nivel político, se pueden encontrar soflamas que van desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Las inquietudes religiosas pasan por el optimismo hiperglucémico de los Stryper, que se consideran a sí mismos soldados al servicio de Dios y pretenden evangelizar a golpe de riff, hasta la defensa del satanismo más o menos autoparódica por parte de algunos grupos escandinavos.
Curiosamente, los grupos con voces guturales producen a menudo unas letras más profundas, filosóficas e intelectualizadas; una especie de poesía introspectiva y existencialista, que puede englobar desde la descripción atmosférica de un paisaje, hasta reflexiones sobre el amor y la muerte, la pérdida de los valores sociales como el honor y la dignidad o la hipocresía religiosa. Eso no impide reconocer que buena parte de los grupos extremos escandinavos componen una música depresiva, violenta, caótica y en general, falta de vitamina D. La anécdota más gráfica que lo atestigua fue la que protagonizó el grupo Mayhem. Su cantante, Dead, hizo honor a su nombre y se suicidó cortándose las venas primero y disparándose un tiro en el cráneo con una escopeta después. Cuando el guitarrista Euronymous lo encontró, no se le ocurrió otra cosa que fotografiar la escena de los sesos desparramados y poner la foto como carátula del álbum Dawn of the Black Hearts. Entonces fundó el Inner Circle junto con algunos miembros de otras bandas noruegas míticas, con la intención de limpiar su país del cristianismo, y recuperar sanas tradiciones vikingas como las matanzas sangrientas y otros ritos autodestructivos brutales. Apenas les había dado tiempo de quemar 22 iglesias cuando Euronymous murió a manos de Vark Vikernes, del grupo Burzum, tras recibir 23 puñaladas por un quítame allá esas pajas. Y es que no sólo en España hay individuos obsesionados con recuperar sus “raíces”.
En cuanto a idiomas, impera el inglés, pero como el metal existe en todos los países que tienen una mínima red discográfica, encontramos letras en casi todas las lenguas europeas incluyendo el feroés, además del japonés, el hebreo o el latín. Incluso existe un grupo, Magma, que canta en la lengua oficial del planeta Kobaïa, que sólo ellos entienden. Y por supuesto, hay coqueteos con las lenguas de la Tierra Media creadas por Tolkien.
Comprenderá usted que los metaleros tenemos razones para sentirnos ofendidos cuando desde la ignorancia se nos dice que el metal es una música de adolescentes, compuesta por unos ruidosos que sólo saben gritar y hablar de Satán, nenas y motos y que esa afición infantiloide se nos pasará con el tiempo. Los metaleros llevamos 30 años escuchando las profecías de que el metal está muerto, que es una moda que pronto desaparecerá, cuando de hecho vivimos una época de ebullición y diversificación de estilos.
En España, como no podía ser de otra manera, el metal es un género ignorado, cuando no maltratado por los medios. Qué esperar de un país donde acusaron a los grupos Tierra Santa y Avalanch de ser filonazis por componer canciones sobre el Cid y don Pelayo, respectivamente.
En España un grupo de metal se puede buscar la ruina si escribe una canción sobre la Guerra Civil o los Reyes Católicos. El mundillo metalero adolece de buenos profesionales; las discográficas prefieren a los triunfitos clónicos, los promotores no arriesgan y nuestros festivales son los más chapuceros de Europa. Grupos noveles de gran calidad se asquean por la falta de apoyo institucional (la música metal no se considera cultura) y sudan sangre para salir del underground, mientras los grupos extranjeros no tienen ningún problema a la hora de exportar sus grupos, y nos llega de todo, incluída la bazofia. Éste es un país de músicos cobardes que tradicionalmente viven a remolque de la música de importación. La ausencia de propuestas innovadoras y la resistencia a cantar en inglés por temor a las críticas repercute en la calidad y comercialidad de los grupos. Además los metaleros españoles son especialmente cainitas y desagradecidos y vapulean por deporte a los grupos nacionales con un ensañamiento desconocido más allá de los Pirineos".

9 de julio de 2007

En el 2008 os morís de gripe, chicos

Creé este blog porque me sentaba mal leer foros de internet y quería estar ocupada en algo productivo y no destructivo, y me lo tengo que tomar más en serio. Aunque de algunos foros especialmente urticantes ya no soy asidua, tengo que quitarme de muchos otros, como por ejemplo de las gilipolleces supinas de los comentarios del 20minutos y otros foros con topics de temas con los que soy muy sensible (y que ya deberíais saber cuáles son).
Porque no se me ocurrió nada más que ponerme a comparar opiniones de "Hijos de los hombres", peli que tiene algunos años y que en su día despertó mi curiosidad pero finalmente no vi. Y claro, todo el mundo poniéndola por las nubes, así que me la he bajado para quitarme el gusanillo.
Y la voy a comentar a mi estilo, pero tranquilos, que no la voy a destripar como con "La masai blanca", porque es una peli entretenida que no está de más que la veais. Claro que "La masai blanca" también era entretenida y bien poco caso que habréis hecho de verla..."Hijos de los hombres" tiene la ventaja de que destrozan más bienes inmuebles, elemento indispensable para que tenga atractivo masculino. Por lo demás es un peli previsible y ya la propia sinopsis da idea de cómo acaba el asunto. Pero yo comentaré lo que me ha llamado la atención.

Para empezar, el título es una tomadura de pelo, porque parece insinuar que la peli va de hombres embarazados que sustituyen a las mujeres estériles en el papel de poner nuevas criaturitas en el mundo, y no. Ya con el Schwarchi se rompió el molde. Tampoco queda bien claro por qué han escogido ese título, que tiene un tufillo bíblico (hay una especie de religiosidad malsana flotando por todo el metraje, mmm). La peli va de la única mujer embarazada que queda en el mundo, ni más ni menos, y cuyo hijo se utiliza como símbolo de la paz, el buen rollito, lo importante que es que nuestros hijos tengan un futuro feliz en un planeta verdecito y con aire puro blablablabla.
Vamos, que es una peli de ciencia ficción apocalíptica, ¿qué otra moraleja esperábais?
Como toda peli de ciencia ficción apocalíptica, cumple el requisito básico de estar ambientada en un futuro demasiado cercano (2027) que no se cree ni la santa madre del guionista que vaya a suceder, y el mundo entero está hecho un asquito sin remedio. Así que lo siento mucho pero yo estas pelis me las tengo que tomar como una comedia.

Vayamos por partes. En el 2008 (o sea, dentro de unos meses, ya con mi título de doctora bajo el brazo), hay una epidemia de gripe, y se carga al hijito del protagonista. Putas vacunas de los cojones. Es de suponer que la gripe se carga a media humanidad, así se le facilita el trabajo al guionista. Una de las cosas que menos han tenido en cuenta los guionistas de este tipo de películas siempre ha sido qué ocurría en el resto del mundo mientras Occidente se colapsaba.
Porque una cosa es que haya naves voladoras surcando los cielos de Nueva York y otra cosa que los jodidos pastores del Sáhara no sigan ordeñando camellos. ¡¡¡Por mucha globalización que exista es absurdo pensar que TODO el mundo va a estar igual de colapsado!!!! Los guionistas de esta película lo han solucionado cargándose África de un patachungo nuclear, y lindezas similares que supongo extensibles al resto del mundo. Y no, España no sale, aunque algo muy malito debió (deberá) pasar en Madrid, porque un amigo del protagonista algo snob se dedica a rescatar obras de arte fácilmente transportables y guardarlas en su casa: el David de Miguel Ángel, el Guernika (han conseguido sacarlo sin un rasguño, qué cabrones), las Meninas, etc. Es de suponer que las autoridades españolas estarían mientras tanto discutiendo lo que era patrimonio nacional, supranacional y de realidad nacional, y por eso no lo salvaron ellas.

Por lo demás la trama de la película se basa en que los más de 3000 millones de mujeres del planeta se quedan estériles al unísono y ya no nace ni Dios. Las neoyorquinas y las pastoras de camellos, todo el puto mundo. Por supuesto, no dan ni una sola razón convincente de por qué ocurre eso ni de por qué los científicos no logran poner remedio a la situación. En un diálogo gilipollesco que es para matar al guionista, dejan caer como posibles causas los experimentos genéticos (¿qué narices de experimentos genéticos? ¿de qué coño hablan? ¿por qué no los dejan ya en paz?) y los rayos gamma (na, por decir algo que suene a ciencia ficción), y eso porque no se les ha ocurrido decir que ha sido porque los más de 3000 millones de mujeres en el mundo se jartaron de comer Danone Green, que está hecho con gente y suplementado con fitoestrógenos que les han dejado el sistema hormonal hecho una ruina. Mira, si quiero ver pelis absurdas, prefiero una en la que los animales hablen o los protagonistas se pongan a cantar de repente, pero a mí estas patochadas de ficción me cabrean. Pero en fin, supongo que será cuestión de no buscarles el sentido y disfrutar del caos, la desolación y las explosiones.

Por si no quiere la cosa, al guionista le da el flus de convertir la inmigración ilegal, que invade literalmente la Gran Bretaña (donde sucede la acción), en la otra gran causa del caos mundial. Qué relación hay entre la esterilidad, la inmigración, y que la ciudad esté hecha una pocilga, se me escapa. Pero el caso es que hay esterilidad femenina, está todo lleno de inmigrantes zarrapastrosos con acento eslavo y pañuelo en la cabeza y la ciudad está peor que los parterres de Pamplona después de los San Fermines; individuos agonizando en el suelo incluídos. Ni qué decir tiene que el mundo está hecho un asquito de la contaminación; eso es que a Al Gore no le debió funcionar mucho su invento. Nunca acabaré de entender qué tiene que ver que haya campos de refugiados al estilo nazi con que nadie recoja las bolsas de basura en la calle y demás amachambrados que me arman los guionistas. Y otra cosa: tanta Gran Bretaña paquí, Gran Bretaña pallá...Le toca a uno las narices tanta publicidad, y que intenten situar allí todo el meollo de la problemática mundial. De dónde habrá salido el dinero para la película...

La reacción de la población es ese mundo que en cuestión de 18 años quedó peor que lo que habíamos conseguido después de 6000 años de civilización es la típica: auge de la religiosidad de todo a cien, del fundamentalismo árabe, milicias por todas partes, mujeres llorando cuando se muere la persona más joven del planeta (¿y por qué los hombres no?), suicidios subvencionados por el estado, hippies trasnochados echando mano a la marihuana... Un grupo de terroristas que defienden los derechos de los inmigrantes a golpe de bomba y matando a to quisqui, destrozando muchos bienes inmuebles, van y encuentran a la única chica embarazada del mundo (salvo que las pastoras de camellos digan lo contrario) y planean salvarla, pero con la intención maliciosa de utilizar al niño con fines políticos. Ahí es donde entra el héroe en acción, que sin comerlo ni beberlo debe ayudar a la chica, hacer de partera, conducirla a los científicos salvadores, y todo ello calzado con flip flops (¡¡¡lo juro!!). ¿A que ya os están entrando ganas de verla?
Tanto a nivel de guión como de trasfondo, es una sucesión de sinsentidos, pero la acción transcurre de una manera tan realista, la escenificación resulta tan creíble y las escenas de violencia resultan tan reconocibles, que hasta te da la impresión de que tal sarta de patrañas pudiera estar sucediendo en verdad.
Sorprendentemente, la escena del parto es bastante realista y al menos dan a entender que es un proceso de horas, y no de cinco minutos como en la mayoría de películas. No daba ni cinco céntimos por ella, y es de agradecer que hagan un intento de reflejarlo de manera "natural". Ah, y por si lo dudábais la criaturita es niña, por aquello de salvar a la humanidad, y tal. Que vamos, que no sé que pretenden ahora los guionistas. ¿Hacer que cuando crezca se la folle todo el mundo? ¿Convertirla en donante universal de óvulos? Vamos, que a mí no me acaba de cuadrar la cosa.

¿Y qué queréis que diga más? Que estoy harta de decepciones y de hacer caso a los demás, que no me puedo fiar de las opiniones de nadie, y de hecho de nadie, ni siquiera del acero, porque el padre le Conan le dijo que podía fiarse del acero y al final fue que tampoco. Por favor, protegedme de internet, es muy malo para mi salud. :_(

8 de julio de 2007

Candidatos al premio Viña del Señor de julio

Hay gente que se dedica a planear atentados. Otros, chupan pollas en los parques. No faltan los que se emborrachan por la calle. El que menos, se pasa las horas muertas hurgando guarradas en Internet. Pero siempre habrá gente que dedique su tiempo libre a cosas sorprendentes. Y no salen en las noticias.

7 de julio de 2007

Publicistas al pilón

Es de suponer que ninguna asociación se quejará de este anuncio. No es ofensivo para las mujeres ni para ningún lobby poderoso. No creo que el defensor del menor ponga reparos, aunque no me extrañaría que algunos colectivos de personas sensibilizadas con la educación de los menores puedan presentar alguna queja. El anuncio es de una nueva nevera Bosch que mantiene los alimentos frescos mucho más tiempo (como si dependiera más de la nevera que de las características del alimento, los muy cretinos) y constituye una demostración de cómo el mal trato (no me atrevo a decir maltrato) a menores sigue formando parte del subconsciente colectivo y despierta menos ampollas que las faltas de respeto a las mujeres, los homosexuales o los animales.
En dicho anuncio se ve a una madre poniendo a su hijo frente al temido plato de espinacas, terror típico de la infancia. No un plato de espinacas con bechamel y piñones gratinaditos, no. Un vulgar plato de espinacas a palo seco con un aspecto poco apetitoso, incluso para el espectador. Y claro, el niño, con cara de asco, se niega a comérselas. La madre, una madre de esas modernas con buen tipo, muy implicada en la buena nutrición de los hijos, le quiere dar a su vástago su buena ración de hierro, vitaminas y minerales, y ni corta ni perezosa opta por la vía más asquerosa, haciendo caso omiso de los antropólogos que relacionan el tradicional terror de los niños por las verduras con un comportamiento instintivo que les ayudaría a librarse de las intoxicaciones por vegetales venenosos (más frecuentes en la naturaleza que las carnes venenosas). El caso es que el niño se niega y la madre le retira el plato y lo guarda en la nevera. Al día siguiente le vuelve a poner el plato, el niño lo rechaza, la madre vuelve a guardar el plato en la nevera, etc. Así unos cuantos días y al final el niño le da una patada al frigorífico, causante de todos sus males.

El problema es que todo el mundo se identificará con la madre y aprobará sus métodos. Todos los niños hemos sufrido en nuestras carnes lo de comernos el plato asqueroso que rechazamos el día anterior. Yo estuve más de 24 horas en ayunas porque me negué a comer un plato de repugnante y pestilente repollo (plato que no había comido nunca antes porque mi madre no lo cocina, pero lo prepararon mis tías en el pueblo), sólo porque a mi padre le dio la presión de demostrarle a mi tío que él sabia controlar a sus hijos. Después de tener a su hija torturada de hambre durante tantas horas, impidiéndola comer otra cosa, la descubrió desesperada royendo galletas a escondidas, y al final pudo obligarla a comer el repollo frío acompañado de galletas para que entrara mejor.
Esa madre del anuncio, si realmente se tuviera por buena madre, debería comprender, antes que nada, que el asco que siente su hijo por un plato de apestosas espinacas blandurrias es normal, porque el aspecto del plato tira para atrás. Y que si quiere que su hijo coma espinacas, al menos que intente camuflarlas bajo una capa de sabrosa bechamel o queso rallado gratinado, o encerradas dentro de unos canelones. Otra opción sería también comprender que, aunque es admirable que intente enseñar a su hijo a comer de todo, no puede pretender que le gusten todas las verduras del universo, y menos las verduras tradicionalmente "asquerosas": seguro que ni ella misma come de todo y que tiene manías, y muchas manías de cuando era pequeña le fueron desapareciendo al crecer, así que...¿es razonable que le exija a su hijo un comportamiento que NADIE cumple? TODOS los adultos tenemos nuestras pequeñas manías, torcemos el morro ante determinados alimentos, y sólo forzados por la buena educación nos obligamos a nosotros mismos a aguantarnos el asco de llevarnos determinadas cosas a la boca.
Además, ¿de qué sirve forzar a los niños a que coman algo que les disgusta, si luego cuando sean mayores comerán lo que les salga de las narices y podrán dar rienda suelta a todas sus apetencias y manías? Son ganas de fastidiar a los chavales sin educarles, porque acabarán haciendo lo que les de la gana y librándose de la comida que les disgusta. ¿Acaso a alguien le ha funcionado el dichoso método? ¿Si falla tanto, por qué se sigue utilizando?

Esa madre del anuncio cree que está cumpliendo con su deber y que su hijo se lo agradecerá en el futuro, cuando vaya a comer a casa de los suegros y la suegra le plante un plato de asquerosas espinacas delante. Gracias a lo mal que se lo hizo pasar su madre de pequeño, se las comerá sin rechistar y quedará bien delante de los suegros. Pero lo más probable es que lo único que consiga esa mujer es traumatizar al niño, convertirle en un rebelde, ponerle en contra de su madre, cogerle asco a las espinacas para siempre, hacer que se porte mal en la mesa, y hacer de la hora de comer un momento de tensión en el que se le intenta castigar o forzar. ¿Y es eso lo que pretende una madre, que su hijo la odie, odie las espinacas, se ponga tozudo y tiemble sólo de pensar en el plato que le espera para comer?
Y si lo que le importa a la madre no es que su hijo coma de todo, incluyendo las verduras menos apetecibles visualmente, si no el valor nutritivo del plato, hay otras verduras y carne con hierro y vitaminas con aspecto y sabor más del gusto infantil.
Esa madre, pese a que todo el mundo que vea el anuncio aplauda su actuación, es una madre petarda, repelente, mal informada, poco sensible, con nulos conocimientos de psicología infantil y con más ganas de demostrar su autoritarismo con el niño que otra cosa. Una madre típica, en definitiva, más atenta a los consejos de la abuela ("déjale que pase hambre, así aprenderá; ¡¡viva el amor de abuela!!) que al sentido común.
¿Y qué hará esa madre ejemplar cuando invite a comer a su amiguita querida del alma, igual de ejemplar, y su buena amiga le diga "ay, es que a mí las gambas no me gustan", o "no, a mí es que el queso no me dice mucho", o "no, no me pongas de eso que estoy a régimen"? ¿Le guardará el plato en la nevera para la siguiente vez que venga? ¿Le tapará la nariz y le meterá la comida en la boca por la fuerza? ¿La obligará a comérselo por huevos? Noooo, claro, a los adultos se les trata con condescendenciay se les perdonan todas, no como a los niños, que es lícito tratarlos peor que a mendigos.
A esa madre deberían obligarle a comer algo que no le gustara, a ver si descubre que no es agradable ni para ella ni para nadie y que hacérselo a otra persona no es precisamente una señal de cariño.
Guardar el plato de espinacas en la nevera día tras día, como es EVIDENTE, no mejorará la apetencia del niño por el plato, ni mejorará el contenido nutricional; sólo conseguirá que el niño se irrite, odie a su madre, le pegue una patata al frigorífico y se acabe metiendo en la boca las putas espinacas con lágrimas en los ojos. ¿Eso es lo que quería su madre? ¿Se han conseguido los objetivos propuestos, que es que al niño le gusten las espinacas?
Digo yo, ¿peco de ingenua y me arriesgo a que mis hijos se me suban a la chepa si actúo con previsión y jamás les pongo un plato apestoso y visualmente asqueroso delante, si no que intento camuflarles los sabores o darles la comida "asquerosa" en pequeñas dosis y con guarniciones? ¿Seré peor madre que la del anuncio si le retiro el primer plato y le paso directamente al segundo, o al postre? Y si no se llena la panza, mala suerte: sólo hay un plato para elegir en el menú, a la manera francesa.
¿Estoy loca por pensar que el hecho de que un niño se quede sin comer un día no tiene nada que ver son torturarle al día siguiente ofreciéndole el mismo plato odioso? Vamos, que si el niño no come una cosa, pues que pase hambre ese día, pero al día siguiente se le pone otra comida, como hubiera sucedido normalmente si se lo hubiera comido. ¿Es que no es bastante castigo por rechazar unas espinacas asquerosas el quedarse con hambre unas horas? ¿Hay que tenerle desesperado de hambre varios días, o como va esto? ¿Eso es ser buena madre, tener a tu hijo en ayunas lamentándose?
¿Pensará la madre del anuncio que tener a su hijo castigado a espinacas recicladas le ayudará a ser mejor persona, a desarrollar su gusto gastronómico en el futuro, a valorar la dieta mediterránea, a convertirse en un adulto bien comido, en no decepcionar a sus suegros o saberse comportar en un restaurante?
Mi padre pensaba que sí, ¿y que ha conseguido? Que su hija le odie, que se acuerde del día del repollo como si fuera ayer, que la palabra "repollo" le irrite y que no haya vuelto a probar el repollo jamás en su vida. ¡¡Viva por mi padre!! Intento educarme bien y fracasó completamente.
¿Soy la única que me doy cuenta? ¿Estoy sola en el mundo?

5 de julio de 2007

No es por extrapolar, es por referir

No se puede generalizar ni extrapolar, pero no puedo dejar de comparar el umbral de tolerancia al desorden y el despiste en el lugar de trabajo de por la tarde, donde los hombres son mayoría , con el lugar de trabajo regido por mis compañeras; ese lugar donde un líquido que gotea, un frasco mal enroscado, una botella desplazada de su sitio dos días o una caja de puntas que falta puede dar lugar a regañina e incluso gritos. Incluso si alguna está premenstrual puede sugerirse hacer una reunión de grupo donde se explonen todas las faltas (pero sin señalar claramente al culpable) y hacer promesa de buen comportamiento futuro; buen comportamiento que ni siguen ellas ni sigue nadie y que solo es contadas ocasiones dura más de dos semanas. Como lo de no bajarse imagenes de google ni dejar el escritorio de los ordenadores lleno de mierda: ellas lo exigieron, ellas lo desobedecieron.
Hoy ha sido uno de esos días de gritos en los que dan ganas de enviar una carta al director del periódico para que despidan al que escribe el horóscopo, que decía que hoy iba a ser un día estupendo para mí en lo social y que iba a mejorar mi imagen.
Y es que no soy la única persona que comenta que los lugares habitados por muchas mujeres juntas se convierten pronto en un nido de harpías donde las buenas maneras sólo son aparentes, la crítica por la espalda es la norma, el rechazo se demuestra mediante la marginación, los
ánimos están siempre muy susceptibles, la guerra territorial es constante y cada una intenta imponer su ley y convertirse en la hembra alfa.
Nada que ver con mi otro lugar de trabajo, regido por dos hombres que no han establecido luchas de jerarquía, y donde las dos mujeres sólo trabajan una parte del día.
Esta pareja de apacibles machos, no hay forma humana de que sean capaces de poner
la capucha a sus respectivos bolis, ni de que los devuelvan a su sitio. Dejan el teléfono en cualquier lado y después me vuelvo loca para encontrarlo. Sus mesas de trabajo están impresentables, llenas de capuchas y tapas de tubos, papeles que no saben ni de qué son y basura diversa, y no mueven un dedo para ordenarlas y que los usuarios reciban mejor impresión. Los papeles se abandonan en cualquier lado. Los tubos y frascos lavados pueden quedarse años en la pica porque nadie los devuelve a su sitio. Papeles para reciclar se mezclan
impunemente con documentos importantísimos. Comprobaciones diarias requeridas para el control de calidad se despistan constantemente y no se realizan, si no ando yo detras de ellas. No se ha pasado un trapo por las mesas en años. La nevera era un auténtico abrevadero de patos,
lleno de reactivos caducados, muestras abandonadas, frascos sin rotular y mierda diversa que sólo pude ordenar cuando el azar quiso que tuvieramos que descongelarla. Sobrevivió la mitad de las cosas y mis desvelos son los que consiguen que el orden se mantenga.
Hay una bolsa de cacahuetes abandonada en un armario que tiene visos de fosilizarse.
El cajón del material de escritorio también me tuve que poner a ordenarlo porque se había convertido en un cementerio de capuchas, tornillos y mierdas varias. Duró un día ordenado: su situación empeora por momentos. Ídem con las montañas de papeles: tuve que ponerme a hacer orden un día porque me dolía el corazón de ver tanto papel suelto sin clasificar y acabé descubriendo que el 95% de los papeles que se habían acumulado durante años, han quedado para reciclar. Las botellas de lejía y etanoles diluídos , antes de mi llegada, las debía de rellenar el espíritu santo. El armarito de los cedés lo doy por imposible: así se quedan, apilados
de forma desastrosa, y así estarán seguramente cogiendo polvo por toda la eternidad.
Las pipetas por doquier; la zona estéril, estéril lo que yo te diga.
Sólo yo y la chica que trabaja por la mañana nos ponemos a ordenar algo cuando nos aburrimos.
Si ellos trabajaran con mis compañeras, estarían sometidos a órdenes
constantes, riñas y exigencias, aunque tambien es cierto que se les
perdonarían condescendientemente muchos fallos por aquello de "claro,
es que son hombres, quien va a esperar de ellos un ápice de orden, no
merece la pena que nos molestemos en regañar a estos inútiles, démosles por imposibles".

Así que yo convivo con el desorden apaciblemente porque en el tiempo que tardo en regañar a alguien por enésima vez para que deje las pipetas en su sitio, voy yo y las guardo.
Me gustaría que convivieran con mis compis un tiempecillo, para ver exactamente cómo se lo pasaban.
Aunque a veces pienso que las manias son sólo contra mi, porque entre ellas bien que se toleran dejar la zona de alrededor de los ordenadores llena de papeles suyos de un día para otro, o ponerse en el ordenador cuando alguien tiene claramente ventanas abiertas y se
ha ausentado un minuto, o robar puntas y marcadores, o no rellenar tubos, sin mencionar los que no se enteran de que la zona de cultivos requiere vigilancia y seguimiento.
¿Por qué ellas se ganan el respeto y yo no?¿Es sólo porque yo no caigo bien y no hacen conmigo la vista gorda?
Convertirse en una ogresa en contra de mis principios o no convertirme, esa es la cuestión. Pasar por alto los fallos de los demás esperando que los demás me perdonen los míos es una estrategia
fracasada, eso está claro. ¿Tengo que ponerme a dar órdenes como una
condenada? ¿Vosotros creeis que tras esta experiencia volveré a confiar en mi sexo y en las dueñas de restaurantes vegetarianos que dicen "me gusta ver que las mujeres hacen cosas juntas"??

2 de julio de 2007

La mar de síndromes

Existe en psicología (quizas no en la académica, pero sí en la callejera) una especie de obsesión denominada el "síndrome del nido" que hace referencia a esa especie de furor repentino que les entra a las hembras a punto de criar por organizarse un nido o una madriguera y buscar un cobijo donde recibir a las crías, y que cuando se aplica a la especie humana se refiere a la obsesión por el orden y la limpieza que sacude a las embarazadas a punto de dar a luz, que empiezan a estresarse por tener todos los cajones ordenados, la casa limpia, la habitación del niño digna de revista, la ropita a punto y todos los complementos necesarios para la crianza en perfecto orden de batalla. Nido que en la menopáusica solitaria dará lugar al aún más famoso "síndrome del nido vacío".

Mal que le pese a mi madre, su hija se pira a las tierras del interior
en menos de un año e incluso su hijo, al que todos suponian más inútil que la chaqueta de un guardia y del que nadie creia que se fuera a vivir si no con novia dispuesta a plancharle las camisas, también ha dado muestras de que va a salir volando en breve.

Llevo algo más de un mes llevándome a casa cual trapera esas magníficas y estupendas cajas que recibimos en el curro, maravillosas cajas de guantes y material de laboratorio, tan rectangulares, tan firmes, tan nuevas, tan aparentes, con ese tamaño tan ideal para poderlas manipular individualmente aunque estén llenas de libros. No he podido resistirme. No es que pretenda sacarme un sobresueldo recogiendo cartones. Necesito psicológicamente pensar que me queda muy poquito para aguantar el gélido ambiente que se respira en mi entorno laboral, aunque falten muchos meses, seguramente más de seis, para que llegue el día de la anhelada marcha.

Las cajas desmontadas se acumulan en el sótano y hasta mi madre no
puede contener su "síndrome de preparar el ajuar y parecer una buena suegra". Cuando mira el catálogo de regalos de puntos de la Caixa, los mira con ojos no egoístas, valorando si emplear 1500 puntos en seis cochinos platos es una buena inversión. A mí también me pasa pero mi interés ha decrecido desde que retiraron del catálogo esa freidora con fondue que parecía decirme "mamá".

De momento mi síndrome se limita a llevar ponderando desde hace meses
qué cochinos objetos de decoración me llevaré a mi zulo de alquiler y qué horteradas vergonzantes dejo en esa especie de almacén de objetos indeseables en que se va a convertir mi anterior habitación (es de suponer que mi padre instalará allí su cuartel general astronómico). La semana pasada me dio mi primer gran ramalazo empaquetador y por eso me visteis poco conectada. Ordené las cajoneras en función de lo que voy a llevarme y lo que voy a dejar.

Trabajo indispensable, porque las
cajas de recuerdos íntimos han de estar rotuladas y selladas para que mi madre no las tire. Porque no le tengo ni la más mínima confianza desde que cometió la atrocidad de tirar a la basura muchos de los libros del colegio, entre ellos los de inglés que necesitaba repasar, pero conservando los libros de matemáticas de primaria, por aquello de si alguna vez te olvidabas de que el dos se parece a un patito, poderlo volver a estudiar. Pocas veces he estado tan cerca del matricidio como en ese momento. Y es que a mi madre le daba mucha pena tirar esos libros, porque son de cuando sus hijos pensaban en regalarle dibujos rellenados con lentejas pegadas y no en cortarle la cabeza con una catana.

El caso es que la autora de mis días es capaz de tirar a la basura
todas las cajas en las que acumulé gilipolleces durante años y que no sirven de nada salvo para encogerte el corazón el día que las abres. Porque sólo he podido asomarme a esas cajas, no tuve arrestos para hacer más porque o no eran horas o porque era demasiado doloroso hacer catálogo del contenido de las cajas donde guardo sobre todo recuerdos de la facultad. Algunos recuerdos, como cintas de cassette chorras y fanzines, conservables. Pero también había auténticas basuras, como tubos rescatados de vete a saber qué asignatura de prácticas, jeringuillas, bombones a medio pudrir y toda clase de objetos inservibles que ni sé qué rememoran. Y camisetas, y caricaturas, y fotos, y también mi cartulina de felicitación por mi veinte cumpleaños, lleno de chistes privados y cariño de las que después me dieron la espalda. Diarios de adolescente explicando gilipolleces (no íntimas, pero imaginaos un diario parecido a este blog y escrito por una Angainor de 16 años), fragmentos dispersos de una novela ambiciosa que si me aburro colgaré en el blog, pero ni asomo de aquella libreta mítica en la que pegaba con pegamento los recuerdos y donde había desde pelos del culo de mi perro (literalmente) hasta la servilleta de papel de aquel bar de vete a saber dónde donde probé los mejores calamares a la romana de mi vida. ¿O eran croquetas? Bueno, un sitio donde probé algo que fue lo mejor que he probado en mi vida.

Y llené una caja entera de libros infantiles, peluches pequeños y
juguetitos que tendrá que guardar mi madre esperando el día en que se haga abuela.
Y he cuadruplicado mi lista de descargas de la mula intentando
conseguir las canciones petardas de mi adolescencia que me grababa en cintas desde la radio. ¿Quién de vosotros conocía la canción "Aliens" de Radiorama, ein, ein? Bendito Google. Lástima que siga sin encontrar algunas cosas, como el canto de María Farantouri en los Juegos Olímpicos del 92, o síntonías de dibujos animados rebuscadísimos.

Y muchos recuerdos maravillosos y mucha basura que algún día tendré que tirar con gran dolor de mi corazón y reducir a la mitad las consecuencias de una época muy feliz y muy lejana, en la que poco sabía lo que me esperaba despues, porque el síndrome de Diógenes no ha hecho nada más que empezar.

¿Y qué más decir? Que guardaré esas cajas mientras pueda, que hay cosas que sólo quiero que mis hijos lean cuando muera y que están bien tenerlas para repetirme a mí misma que siempre me quedará París.

No es por criticar, es por referir

Bien, pues finalmente fue la razón la que se impuso y nos pusimos de acuerdo mi hermano y yo para que me viniera a buscarme con el coche a Barcelona la nochecita de marras. Mis amigas fueron tan amables de quedarse haciéndome de canguro hasta las 3 de la mañana, cuando él me había prometido que me llamaría a las tres menos cuarto, y además tuvo la delicadeza de ponerse a hacer de recadero de colegas que querían que les llevara al aeropuerto, sabiendo que dejaba a su hermana colgada tres cuartos de hora sola en la puta calle, con el esprai antivioladores en la mano (a mi madre luego se lo cuento y la pobre no puede dormir).
Él estaba donde Cristo dio las tres voces viendo un concierto de un grupo que no le gusta y cuyo principal atractivo se refleja en la Figura 1.

Figura 1

Mi hermano se acercó a saludar al violinista, antiguo amigo nuestro del pueblo, al que no me gustaría tener la hipocresía de volverle a saludar nunca más. Sí, soy así de radical. ¿Es un ser perverso, traidor, asqueroso, tuvimos un coitus interruptus? No, nada de eso, es un tipo normal. Os contaré algunas cosillas de cómo era cuando yo le conocí.
Ese violinista era el típico muchacho que iba de implicado izquierdoso por la vida, evangelizándonos con discursos extraídos de manuales de política maniquea para aficionados, hablando constantemente de sus héroes Marx, Lenin y Stalin, poniéndose su pin de la estrella roja y cantando de tanto en tanto la Internacional durante los botellones típicos de las noches pueblerinas. Cada año nos deleitaba con su número estrella: tocar con el violín el tema principal de "el Último Mohicano" frente a una hoguera. Era sobrecogedor. Al menos los dos primeros minutos, porque siempre la pifiaba porque estaba demasiado borracho y destruía el encanto. Después, se iba a dormir calentito a su casaza del pueblo, su casita de veraneo pija con jardín y
piscina, con sus padres que le insisten que se saque las asignaturas en septiembre y ante los que tiene que finjir que practica a diario con el violín, ese violín que cuesta un millón de pesetas y que todos buenos padres compran para que su hijo pro-obrero tenga un buen futuro y una buena educación y después lo pasee borracho por el pueblo durante las fiestas.
Gracias a ese violín, en una hora se sacaba para el cine tocando en el Retiro, y ganaba ni se sabe cuánto tocando para Luís Cobos y la Orquesta Sinfónica Nacional, cruzándose Europa y follando con las pibas de la orquesta, más las que se encontraba por esos mundos de dios. Polvetes y experiencias de hotel de las que, cuando Lenin le dejaba un hueco, contaba todo con pelos y señales, como lo de aquella negra norteamericana que follaba tan bien que marcó un antes y un después en su vida sexual.
Pero según mi madre, este chico es músico, ergo es buena persona, y por eso aplaudió desde el principio esa amistad de mi hermano. Incluso ha insistido a mi hermano de que le traiga a casa si
un día viene a tocar y no tiene hotel. Mi madre, que quiere matarme a disgustos. Hitler también tocaba un instrumento, de viento, creo, no me acuerdo cuál.
Y es que mi madre conoce pocos músicos y artistas y no ha oído las frecuentes quejas sobre su egocentrismo, egoísmo y vampirismo sentimental. Gente con muchas dobleces a las que hay que saber tratar.
No creo que sea el caso de ese muchacho porque no es músico ni artista; simplemente toca un instrumento, y a no ser que haya madurado mucho a lo largo de todos estos años, no me pareció más que un pichabrava pseudoprogre, cultureta y listillo. El típico chico de buena familia que intenta disimularlo emborrachándose en botellones y yendo de transgresor, apurando su juventud follando mucho y presumiendo de
locuras ridículas como bañarse en bolas en las piscinas de las casas, como si fuera el único en el mundo que se ha atrevido a hacerlo, muy a lo chicos del Kronen, para después acabar seguramente casado con una chica bien que comparte con su suegra los mismos gustos en cuanto a muebles de jardín, y con la que se casará por la iglesia, irá de vacaciones a la República Dominicana y se tomará una cervecita con los antiguos amigos
en el bautizo de sus hijos, mientras suspira recordando lo bien que follaba la norteamericana aquella y lamentándose de que nadie jamás volverá a follarle tan bien.
Es cuestión de tiempo que me lo cruce en el backstage de algún festival; espero que el grupo se disuelva antes o que cambien de violinista, o que el violinista encuentre un trabajo mejor que tocar a ratos el violín en salas pequeñas llenas de chirigóticas en celo y jevis zarrapastrosos. Porque a mí sólo me gusta reencontrarme con el pasado en pequeñas dosis, como explicaré en mi siguiente entrada.
Este chico seguro que es buena gente en el fondo, su único error fue conocerme en una época en la que no me apetecía soportar obscenidades ni gilipolleces. Personas como él me hicieron decidir que no volvería más a ese pueblo salvo con desgana, y que ya no me relacionaría con esa pandilla, que ha acabado dispersa.
Conozco a más personas así, pero ahora no me resultan tan insufribles porque sé que no tengo que compartir con ellas larguísimas noches de fiesta de verano. Además yo también he crecido. Llamadme radical, pero me encontré amistades mejores en el mundo que me apetecía más conservar. Y no creo que el agua tenga que sentirse obligada a llevarse bien con el aceite.

1 de julio de 2007

Terror y delincuencia en el Ensanche

Eixample de Barcelona. Tengo que hacer tiempo para una cita. Decido tomarme una coca-cola, si encuentro algún bar familiar abierto. Doy una vuelta y la cosa está difícil. No quiero alejarme mucho y acabo entrando en uno, que no me parece peor que cualquier otro bar de barrio.
El bar es un bar típico, con el Mundo Deportivo en la barra y pantalla plana en la pared. Echan una película de Paco Martínez Soria vestido de mujer.
El bar está regentado por unas chinas.
Una china joven está sentada en una mesa pelándole pistachos a un jubilado barrigudo y metiéndoselos en la boca. Parece una escena de pub de carretera. El jubilado tiene una cara caballuna, picuda, y aspecto de voyeur de parejas follando en la playa. Al lado, una pareja del barrio. La mujer tiene hechuras de ex-prostituta. Pronto se van.
En el otro extremo de la barra, otro presunto jubilado mejor vestido, con gemelos en los puños de la camisa y sonrisa sardónica de canalla putero, le tira los trastos a la otra camarera china, sobándole la cintura y repitiéndole que es lo más bonito del bar. Su amigo es un laringotomizado con pañuelo al cuello y cigarrillo en la mano que habla como el pato Donald. Y cuando digo que habla como el pato Donald, me refiero a que habla como el pato Donald. Cuggcaugg cggg guccgggaca cuagggcc. Literal. Asombrosamente, sus amigos le entienden. Trabajo para pagarles la pensión a estos engendros. El tercero del grupo es un flaco bigotudo que habla de ajedrez.

Un negro juega a las tragaperras en un rincón y otra mujer con menos pinta de ex-prostituta que la anterior devora patatas Matutano mientras hace el autodefinido del periódico.

Empiezo a envidiar a las buenas gentes que tuvieron la suerte de ocupar primero las dos mesas de la terraza.
La china de los pistachos se va y el emperador se queda sin esclava tontita que le meta los deditos en la boca. Así que se recoloca el paquete y se sienta en la barra, frente a mí. Y se dedica a escrutarme insistentemente, cogiéndome las medidas, mientras miro a todos lados y tomo apuntes de lo que veo.
Entra un deshecho humano mal afeitado con pinta de que no le aceptarían como mozo de almacén en el Corte Inglés, y pregunta por otro parroquiano. Finalmente se puede sentar en la terraza junto con otros dos tipos de igual calaña, uno de ellos cheposo.
Otra china, más mayor y con aspecto de madame, sonríe y contempla el panorama. En la mesa de mi izquierda hay un botellín vacío y lo que ha quedado de una tapa de olivas. La china mayor retira el botellín y el platillo y los deja encima de la barra, con aspecto de querer reciclar las olivas sobrantes.
El emperador me mira fijamente.
Busco una tabla de salvación. Lo único familiar y agradable a la vista en ese bar es el rockero descamisado, guitarra colgandeira, de la foto de la máquina de tabaco. Pero es una foto, no puede venir a rescatarme ni a apretarme contra su pecho desnudo. Una lástima. Además de salvador está potentarro.
La madame se sienta en la mesa de los pistachos y se pone a comer un plátano, hablando en voz alta en chino sin que nadie la responda.
El emperador me sigue mirando fijamente.

Entra un guiri. No es como el de la máquina de tabaco pero contribuye a relajar la situación. Desafortunadamente, se sienta, hace una llamada, se bebe el cortado de un solo trago, va al baño y se pira.

El emperador se lleva a la china joven aparte, a la cocina, y escondiéndose de mi vista, le dice algo. La china me mira. El emperador le dice algo más y la china me sigue mirando, pero con disimulo.
Sería una lástima que el Ave derrumbara la Sagrada Família encima de toda esta gente.

El emperador vuelve, se recoloca la entrepierna y vuelve a sentarse para seguir mirándome fijamente.
Entra un sudamericano en el baño y sale recolocándose la cinturilla del pantalón, gota de pis en el paquete incluída.
La madame sirve tapas de patatas chips a todos los cerveceros, pero a mí no.
El negro juega que te juega pero no gana nada.
El emperador me mira fijamente.
Por fin, ocurre lo que yo temía: se me acerca. Se me acerca mucho y me dice en catalán, perdona, me voy, pero me muero de ganas de preguntarte si eres periodista. Le sostengo la mirada e intento aguantar el tipo. Le repito en el oído bueno que no soy periodista ni nada similar y que me limitaba a escribir cosas personales en la agenda. No soy periodista. Sé que no me cree, pero no me replica y se va. Un alivio. Muy listo el hombrecillo; desde que vi que me miraba supe que él sabía que yo me barruntaba un negocio turbio de explotación a chinos.

Entra una pareja normal y me tranquilizo, pero en cuanto queda libre una mesa en la terraza se sientan fuera. Mecachis, siempre se me adelantan. Pero se acaba la coca-cola y pronto podré huir de ese reino de horror, guardándome el libro de Stendhal en el bolso.
El ajedrecista bigotudo insiste al pato Donald y al putero trajeado: "No hay juego en el mundo que no tenga trampa".