La criatura de la Viña del Señor de Marzo esta vez es una rara avis a la que la alcaldesa progre de mi pueblo entrevista en la gazetilla de este mes: la doctora de mi padre. Era la doctora de tarde de esa mmmmmierda CAP que tenemos en el pueblo, que si ya era pequeño antes, ahora en el nuevo edificio están casi igual de apretados pero con los pasillos más grandes, y encima si abren la puerta te puede ver en bolas toda la concurrencia de la sala de espera si estás en la camilla. Yo es que iba a al médico de por la mañana, que era un inepto simpático al que le pillé en renuncios un par de veces pero con el que tenía confianza, y que ha desaparecido misteriosamente y ha sido substituído por otros médicos más o menos bordes. Esta insigne doctora es entrevistada porque tras quince años en el pueblo, ha pedido el traslado para irse a un pueblucho de donde Cristo dio las tres voces, por "discrepania con la filosofía sanitaria, con su empresa", donde espera "poder ejercer la medicina que cree deseable", donde importen más las personas que los ordenadores. Y es que es verdad. desde que informatizaron todos los procesos, el médico en vez de mirar la cara que pones cuando le explicas tus miserias, está tecleando con sus dos deditos. Y ya no pudes cotillear lo que escribe en el papel, que es una lástima. La buena doctora dice que es "de las de pocas recetas", para racionalizar el gasto. Envidia la medicina orietal, que cura personas, no como la occidental, que cura enfermedades. Sigue apostando por la medicina pública gratuíta de calidad, pero no de cualquier manera, si no de forma personalizada. Se lleva consigo el afecto de los pacientes y los muchos recuerdos que la llegan al corazón. Y todo así de bonito. ¿Será verdad que hay una doctora que no ha nasío pa resetar? Lástima no haberla tratado nunca (que yo recuerde, quizás si la visité alguna vez y resultó ser una borde), pero quizás se nos esté pirando una médico íntegra que quiere menos máquinas modernas y más tiempo, más proximidad con el paciente, menos fármacos agresivos y mayor respeto por el paciente. A ver qué me encuentro la próxima vez que vaya, porque cada vez hay alguien distinto. Eso sí, los vampiritos que me han sacado sangre hoy, no sé dónde se los buscan, pero siempre son simpatiquisísimos. Ojalá todos los sanitarios fueran tan solícitos, agradables y atentos.
Probablemente, el único blog escrito por una mujer que jamás hablará de zapatos.
28 de marzo de 2007
Para que veais que no siempre me cago en los médicos
La criatura de la Viña del Señor de Marzo esta vez es una rara avis a la que la alcaldesa progre de mi pueblo entrevista en la gazetilla de este mes: la doctora de mi padre. Era la doctora de tarde de esa mmmmmierda CAP que tenemos en el pueblo, que si ya era pequeño antes, ahora en el nuevo edificio están casi igual de apretados pero con los pasillos más grandes, y encima si abren la puerta te puede ver en bolas toda la concurrencia de la sala de espera si estás en la camilla. Yo es que iba a al médico de por la mañana, que era un inepto simpático al que le pillé en renuncios un par de veces pero con el que tenía confianza, y que ha desaparecido misteriosamente y ha sido substituído por otros médicos más o menos bordes. Esta insigne doctora es entrevistada porque tras quince años en el pueblo, ha pedido el traslado para irse a un pueblucho de donde Cristo dio las tres voces, por "discrepania con la filosofía sanitaria, con su empresa", donde espera "poder ejercer la medicina que cree deseable", donde importen más las personas que los ordenadores. Y es que es verdad. desde que informatizaron todos los procesos, el médico en vez de mirar la cara que pones cuando le explicas tus miserias, está tecleando con sus dos deditos. Y ya no pudes cotillear lo que escribe en el papel, que es una lástima. La buena doctora dice que es "de las de pocas recetas", para racionalizar el gasto. Envidia la medicina orietal, que cura personas, no como la occidental, que cura enfermedades. Sigue apostando por la medicina pública gratuíta de calidad, pero no de cualquier manera, si no de forma personalizada. Se lleva consigo el afecto de los pacientes y los muchos recuerdos que la llegan al corazón. Y todo así de bonito. ¿Será verdad que hay una doctora que no ha nasío pa resetar? Lástima no haberla tratado nunca (que yo recuerde, quizás si la visité alguna vez y resultó ser una borde), pero quizás se nos esté pirando una médico íntegra que quiere menos máquinas modernas y más tiempo, más proximidad con el paciente, menos fármacos agresivos y mayor respeto por el paciente. A ver qué me encuentro la próxima vez que vaya, porque cada vez hay alguien distinto. Eso sí, los vampiritos que me han sacado sangre hoy, no sé dónde se los buscan, pero siempre son simpatiquisísimos. Ojalá todos los sanitarios fueran tan solícitos, agradables y atentos.
12 de marzo de 2007
Tanto va el cántaro a la fuente, que al final le dejan bloqueado un día de fútbol. Y es que ya sabía que era demasiado tentar a la suerte dejar el coche aparcado en los aledaños del Camp Nou a las 10 y media de la mañana sabiendo que doce horas después celebraban un Barça-Madrid. Pero una sigue manteniendo una fe ingenua en la bondad humana y por la experiencia de otras veces, no me esperaba que me dejaran el coche completamente bloqueado. Ya una vez volví a casa con un abollón de órdago por intentar salir a lo bruto del atolladero donde me habían dejado en un Catalunya-Brasil, y ya pensaba que peor que entonces no me podía ir. Pero sí. Después de esperar más de una hora para que empezara la siguiente sesión de ese crimen cinematográfico llamado el Motorista Fantasma (¡¡¡mucho mejor la peli de la Masai Blanca!!!) y de tragar esa bazofia con paciencia doctorandil, volvemos al coche para refugiarnos en el cálido hogar y nos habían dejado el humilde Saxo atrapado entre un todo terreno Volkswagen aparcado en paralelo al mío (de esos pequeñitos que se compran las señoras para ir al Carrefour y dejar los niños en el cole, ya sabéis, de esos manejables que abultan poco y se aparcan en cualquier sitio sin molestar) y otro coche igual de humilde y barriobajero aparcado en perpendicular. El que estaba peor era el todoterreno, en plena tercera fila con dos cojones, como pensando que todos los coches que estaban ahí iban al partido, cegado a las otras realidades del mundo. ¡¡Hay gente que trabaja!! Y claro, nada de detalles cívicos como por ejemplo, dejar el número de móvil en el salpicadero por si ls moscas...¡pero cuánto piensa la gente en el resto de seres humano! Y claro, disgusto.Alternativas:
a) Llamar a la patrulla para que vengan con grúa a sacar el coche, sabiendo que tienen menos posibilidades de aparecer por allí que la virgen de Guadalupe.
b) Cargarnos los retrovisores y cristales de los coches, desinflarles las ruedas, amén de rayarles las puertas de extremo a extremo (ganas habían, pero quedaba el problema filosófico de no castigar a un inocente porque no sabíamos exactamente cuál de los dos coches era el que había "formalizado" el bloqueo). Tendríamos que volvernos (con maletas y todo) en autobús y volver al día siguiente por el coche, y nos arriesgábamos a que los dueños de los coches agredidos se cargaran también el nuestro, pero la tentación era muy grande.
c) Irnos en bus igualmente pero dejando un papelito explicativo del volumen de las heces que depositábamos sobre sus muertos más recientes.
d) Irnos a cenar por allí cerca y volver cuando acabara el partido, con la esperanza de toparnos con lo dueños de los coches y o bien agredirles, o bien increparles, o bien agredirles e increparles, o bien pedirles que nos abonaran la cena consumida y si se negaban, obligarles incluso por la fuerza.
Yo era partidaria de las opciones A, C, D y con matizaciones, la B. El Maromo iba directamente a po la B y la D. La verdad es que si hubiera llevado en el bolso el spray de defensa que me regaló el Maromo hubiera existido también la opción de rociar las manillas de las puertas de los coches para que luego quien se montara se llevara una desagradable sorpresa...
Así que nada, llamamos a la patrulla (con los móviles casi sin batería) mientras resistíamos a la tentación de los actos vandálicos y tardaban un huevo, claro, pero nosotros teníamos la presión de que llegaran antes de que saliera el último autobús. Durante la espera apareció una trabajadora de una facultad con el mismo problema, pero aún más bloqueada que nosotros si cabe. Además tuvimos que ahuyentar a otro espabilado que quería aparcar en la misma tercera fila y nos lamentamos a una familia que también dejó mal el coche pero que al menos tuvo la iniciativa de dejar el número de teléfono a la vista.
Cuando ya nos estábamos desesperando apareció un guardia, que muy amable y simpático pero que nos dijo que todas las grúas de la ciudad estaban saturadas, que nos fuéramos a cenar, y que él no podía hacer nada salvo poner la cara. Y llorándole estábamos cuando aparece providencialmente una grúa, que no venía por nosotros, si no por otro coche de una calle de al lado por la que no podían entrar porque estaba bloqueada de coches!! Así que nada, le pedimos que se llevara a cambio el todoterreno y así no hacían el favor. Además a la otra chica le aseguraron que vendría otra grúa después. El mismo guardia no se podía creer la suerte que habíamos tenido. Y así pudimos irnos después de una hora esperando y cogiendo frío, porque nos bajó Dio a ver.
El todoterreno quedó sano y salvo aunque con multa. Lástima que no perdiera el Barça para que el disgusto el propietario fuera aún mayor. Os podéis dar por sermoneados con los típicos argumentos sobre si el fútbol es el nuevo opio del pueblo, bla bla bla.
5 de marzo de 2007
4 de marzo de 2007
La Masai Blanca, destripada (y III)
Pues para acabar pronto con esta tortura, voy a relatar la última y trepidante parte de la película La Masai Blanca, esa gran obra del cine contemporáneo, para no dejaros más con la intriga y porque me interesan mucho vuestras opiniones globales.
Nos habíamos quedado en que la protagonista ya estaba casada y bien casada (aunque sin papeles oficiales, por lo que se vea), entre otras cosas porque en Suecia no tenía alternativas mejores. Curiosamente sobre la luna de miel no se comenta nada pero espero que follaran mucho para compensar lo que vienen después.
Después de la boda se nos muestra a la protagonista caminando por la aldea y como no podía ser de otra manera (ya estaba tardando), se topa con un grupo de mujeres que se disponen a realizar la ablación a una chica de 15 años. Con una cuchilla Gilette nuevecita, ¿eh?, que se note el presupuesto. Y claro, se lleva las manos a la cabeza y se va corriendo a buscar al maromo para que haga algo. La reacción del maromo es la prevista: pasividad total, y que lo encuentra muy normal porque es algo necesario para que la chica se pueda casar. Fin del tratamiento sobre la ablación en la película, no se vuelve a hablar del tema más. Decepcionante, ¿verdad? ¿Se reflejará en el libro algo más, como por ejemplo, qué consideración merece una mujer no ablacionada, aunque sea blanca? Nos quedamos sin saberlo. El caso es que la sueca le habla a Bernardo del tema y le pregunta que qué puede hacer, o que por qué él no ha hecho nada en el tiempo que lleva allí. A lo que cura responde que él se desentiende, que lleva 20 años intentando convencerles de cosas y que si quieres arroz Zoraida, que no se les pueden imponer las cosas. A lo que yo me pregunto a qué narices se dedica el padre Bernardo entonces y qué logros ha conseguido en esos 20 años que lleva allí.
En una fiesta posterior en casa de Elisabeth (la ama de casa blanca del pueblo grande cercano, ya sabéis), nos encontramos a una sueca muy ojerosa y con mal aspecto, visiblemente agobiada y con menos pájaros en la cabeza que en su primera conversación con Elisabeth. Eso sí, nos anuncia que está embarazada de 4 meses, que es lo menos malo que te puede ocurrir en África cuando follas sin condón. Y además, que tiene intención de abrir una tienda de comestibles en la aldea. Porque si los hombres se ocupan de las cabras y se vive en una choza nauseabunda sin cama, ya me contarás a qué dedicas todo el día. A frgar los platos no. Elisabeth lo aprueba, pero su primera pregunta es…¿y el costillo te va a dejar? Porque ya se barrunta el mal rollito…
Y es que evidentemente la idea de la tienda no le hace nada de gracia al samburu, pero la sueca se pone firme, porque está hasta las narices de comer “azúcar y carne de cabra”…Y eso que la gastronomía sueca no es precisamente conocida en todo el mundo, pero vaya, que nos hacemos cargo, porque no os podéis imaginar el aspecto que tenía la famosa pata de cabra chamuscada de su primer desayuno en la aldea…Además comer tanto azúcar debe ser fatal, fatal para la salud… Total, que aprovechando una especie de infralocal que había por allí, la sueca se pone a arreglarlo para abrir la tienda, con bastante poca ayuda de la peña.
Entonces le ocurre lo peor que le puede pasar a una embarazada: presenciar un parto traumático. Porque va ella con la furgoneta y se encuentra con una parturienta tirada en la putísima calle como un perro (así como os lo cuento), con el bebé naciendo de pies, o naciendo atravesado, a medio encajar y que no puede expulsarlo. En vez de actuar con raciocinio e intentar, antes que nada, hacer alguna maniobra de matrona para ver si puede solucionar el asunto in situ, la sueca se pone a gritar pidiendo ayuda, pero toda la gente que pasa por allí, incluyendo el maromo, se desentiende y se niegan a tocar a la parturienta, y el maromo dice que “porque está embrujada”. La sueca se pone histérica e intenta subir a la parturienta a la furgoneta, pero sin ayuda es imposible, sólo cuenta con la ayuda de otra chica del pueblo, pero ningún hombre quiere tocar a la “embrujada”. Finalmente y con gran reparo, el samburu le ayuda a subir a la parturienta a la furgoneta. Total, que la sueca se pone a conducir a toda pastilla para llevar a la parturienta a la ciudad (os podéis imaginar los alaridos), pero a medio camino se pincha una rueda y ahí se quedan, la una chillando, las otras llorando, en fin, un jari. Finalmente no se sabe cómo llegan al hospital y meten a la madre (inconsciente o muerta), dejando al feto muerto en la furgoneta. Y la sueca, toda cabreada, se tiene que poner a limpiar todo el marrón. Encima aparece Elisabeth para darle la puntilla: que se muda a la costa, a un sitio más civilizado. O sea, que se queda sin su única amiga blanca. Y ahí sí que la sueca se queda cansada, incomprendida y de todo, mientras el samburu se dedica a bañarse y a frotarse y refrotarse para ver si se purifica y no le cae una maldición o algo por haber tocado a la parturienta.
Finalmente la sueca abre el colmado con gran éxito de público. No se menciona si vende también Gilettes o qué. El cacique de la tribu le obliga a aceptar a su sobrinito como ayudante. El caso es que echa mano a toda su habilidad comercial y claro, todo son sonrisitas, atenciones, simpatía y mucho jijijijajaja con los repartidores y los clientes, y el samburu se empieza a cabrear. En cambio la sueca se reconcilia con el Padre Bernardo, que está profundamente admirado de lo que ha hecho, porque es la única persona blanca que ha hecho algo grande por la comunidad y que no ha sido una mera aventurera o una turista de paso. Y hombre, no es un centro de salud ni una escuela, pero un colmado ya es más de lo que ha hecho el puñetero Bernardo en 20 años. Eso sí, el cura la aconseja que deje de mirar a los hombres directamente a los ojos o de forma penetrante, porque en esa cultura puede ser malinterpretado y dar lugar a muchos disgustos. Pero la sueca, que nunca se ha mostrado muy dada a usar el sentido común, le contesta que tururú treinta y tres, que ella tiene que mirar a los ojos a los clientes y que hará lo que le de la gana.
En una ocasión, la sueca pilla al maromo contando el dinerito de la tienda y se pica un poco…¿Y a que no sabéis qué dice el tío? HAKUNA MATATA!!!! Juaaaaaaaaaaaas, que gracias a la Disney ya sabemos que significa “tranqui tronca no te pongas nervi”. En fín, empieza a haber mal rollito. En otra ocasión, el maromo pilla a la sueca en la tienda con la puerta de atrás abierta y se pone hecho un berserker. Que si tiene novio, que si le está dando el salto, que si le avergüenza…Vamos, que le echa la bronca del siglo, y lo peor de lo peor, el golpe más bajo posible, la acusa de que el bebé que espera es de otro. Y bueno, la sueca en vez de dar razones lógicas para negarlo se limita a hacer mohínes. Uhhhhh que mal pinta la cosa...Menos mal que la suegra interviene y convence al maromo en privado que no, que no le está poniendo los cuernos (o eso suponemos porque hablan en su idioma, claro).
¿Os pensaís que no hay más mal rollo que ese? Pues alucina vecina porque la sueca, discutiendo con un cliente, se entera de que ha estado comprando a crédito, y entonces descubre una libreta donde el maromo ha ido apuntando guarrindongamente a quién le apuntaba los gastos en la cuenta. Cuando la sueca le pide explicaciones descubre que el maromo ha ido vendiendo a crédito al cacique, “y a la familia y a los amigos”, es decir, A TODO EL PUTO MUNDO. Total, que el cabreo de la sueca es antológico y se pone a recordarle a gritos que una tienda es un negocio y que nada de créditos de ahí en adelante.
En esto que la tía se pone de parto, y como no podía ser de otra manera en una película, todo es caos, la sueca se asusta y acaban pidiendo una avioneta de la cruz roja para trasladarla al hospital (que ya me contaréis por qué no hicieron lo mismo con la otra que sí que estaba mal). Además, ¿cómo llaman a la avioneta? ¿Recibe tantas atenciones por ser blanca? La cosa no queda nada clara. Que lo mejor hubiera sido enterarse si por tener al hijo en Suecia le hubieran dado la doble nacionalidad…El caso es que tiene una hija y la llaman Sarai, que ya me contaréis si es cuestión de irse a Kenia a vivir y ponerle a tu hija nombre de participante de Operación Triunfo. Que por cierto, la niña se parece más al padre. No se menciona nada en la película sobre si supone una deshonra tener una niña y no un varón, ni nada de la ablación futura que le espera a la chica, ni nada de eso.
Total, que después de la escasa contribución a popularizar el parto natural, la tía vuelve a la tienda y el primer marrón es que el cacique paramilitar ése le exige dinerito “para su protección”. Además el querido sobrinito en vez de ejercer de ayudante se dedica a fumar y beber y la sueca le pone de patitas en la calle. Esa noche se va a dormir, con la niña entre el costillo y ella, porque hasta en Kenia se cumple eso de que “follas menos que un casao” por más que te cases con un negrazo, pero se despierta por el mal rollito y sale a la calle, donde se encuentra al sobrino dispuesto a machetearla. Menos mal que aparece el maromo para defenderla y el sobrinito recibe las del pulpo.
Y claro, habemus juicio, con un viejo de la tribu como juez. Menos mal que en Kenia la justicia mejor que en España y condenan a la sueca a pagarle dos cabras al cacique por haber despedido a su sobrino, pero condenan al cacique a pagarle 5 cabras a ella por haber intentado matarla. Así que la sueca acaba contenta, aunque ya tiene el carácter muy agriado. El problema es que cuando va a la aldea con las cabras, el maromo se siente súper humillado: primero el negocio, y ahora él es el que tiene que recoger las cabras de su mujer. Vamos, que lleva fatal lo de ser un mantenido. Así que se va donde las vacas a recoger el famoso cencerro sueco y lo tira al suelo. Que he visto peticiones de separación menos dolorosas que ésa.
Y además siguen los celos. Tanto jijijijajaja y tanta amabilidad de la sueca con los clientes, algunos vestidos a la occidental, pues claro…Total, que el samburu se cabrea y se dispone a matar “al amante” sea quien sea…Discusión brutal, el samburu la abofetea, ella le devuelve el golpe, y ahí le tienen que sujetar para no estrangularla. Vamos, que la cosa ya es intolerable. Pero el caso es que el samburu la ama, porque se viste con vaqueros, se corta todas las trencitas y se presenta ante ella para ver si ahora que está vestido a la occidental, ella le respeta. Y la acusa de acostarse con el Padre Bernardo. Y ni la suegra puede calmar ua los ataques de celos.
Así que la tía toma ya una decisión drástica y anuncia "que se va de vacaciones" a Suecia para que su madre conozca a su nieta. Que claro, no cuela ni por asomo porque ya se ve que lo que quiere es pirarse, pero la despiden con mucha ceremonia. El tío acepta y sólo parece tomárselo realmente mal cuando ve que en los papeles de la tía para subir al autobús, la niña lleva los apellidos de la sueca, en vez de sus propios apellidos como padre de la niña que es, y aunque apenas sabe leer ya se barrunta una estratagema para que no haya líos burocráticos al llevarse a la niña para siempre. El caso es que él tiene que firmar esos papeles para que ellas puedan salir, y finalmente, pese a saber que le están engañando vilmente, los firma para que ellas puedan subir al autobús. “Sé que nunca volverás”, dice, sin rencor. Y entonces la sueca y su hija se van en el autobús y dejan atrás las llanuras de África.
Y colorín colorado la historia de la sueca calentona se ha acabado. ¿Qué os ha parecido, aparte de previsible? Un poco decepcionante, quizás, porque se adivina mucha chicha que no se ha contado. Para empezar, la tía de masai blanca no tiene nada, porque en ningún momento deja de tener pensamientos y actitudes de occidental. Se da a entender que ha aguantado carros y carretas y que ha tenido mucha paciencia para afrontar los sacrificios del cambio de vida, pero que no se ha esfrozado en adaptarse a la cultura masai. Por otro lado, los masais se muestran muy edulcorados, idílicos y demasiado “políticamente correctos”, salvo con lo de la ablación, y seguro que hubo muchísimas más miserias. Por ejemplo, las relaciones con la suegra, que seguro que no fueron tan maravillosas. Además primero la pareja vive con la suegra y después ellos solos, señal de que la sueca exigió más intimidad en algún momento, y eso no lo refleja la película. Las recaídas de la malaria y otra serie de enfermedades que seguro que contrajo, no se mencionan. El caso es que pese a todo, el samburu no queda como el malo, porque pese a tener caídas supersticiosas que son para darle con la mano abierta, no deja de ser un hombre humillado por la independencia de su mujer y con relativamente fundados motivos de celos…Porque ya me direís si no es algo lógico que alguien con mentalidad machista, y que nota que su mujer está más fría que un témpano no él, y que ríe y simpatiza con hombres occidentalizados, no tiene motivos para mosquearse. Es fácil comprenderle, pero por ejemplo seguro que en la vida real él se tiraba a medio pueblo y eso no se refleja en la película, no se sabe ni para no ofender a la comunidad masai.
Vamos, que han quitado mucha información morbosa. Podéis leer otras críticas más cinematográficas aquí. ¡Me quedo con ganas de saber más! ¿Pero qué os ha parecido a vosotros?
28 de febrero de 2007
La Masai Blanca , destripada (II)
Bien, pues para que no os vayáis a dormir hoy con el reconcome, escribo un trozo más de la emotiva historia de la sueca calenturienta con poco sentido común, que lo dejó todo por un negrazo muy friki. En contra de lo que pudiera parecer por el inicio de la película, no es una película morbosa ni erótica, todo se refleja con total naturalidad, así que no penséis mal de ella, aunque ahora es cuando empezarán a suceder las cosas chungas...Nos habíamos quedado en que la sueca conoce a la suegra y se mete a vivir con su nueva familia, durmiendo en el puto suelo con todos los bichos. A la mañana siguiente, descubre una cosa que demuestra también que todas las razas humanas partimos del mismo tronco y que en el fondo todos los seres humanos compartimos los rasgos culturales principales. No sólo es que los amigos feos siempre se queden a dos velas si no que...¡¡¡los hombres se van y nunca llaman!!! Porque lo que le ocurre a la protagonista es que se levanta, sale de la choza, ¡¡y su amado guía en este mundo nuevo se ha pirado sin decir adónde!! Algo que las mujeres no podemos soportar, que los tíos se piren sin decir nada, que no nos tengan informadas de lo que hacen. Vamos, que da igual que estés con un sueco que con un samburu, son todos igual de desconsiderados e irritantes, no se acuerdan de llamar.
Total que la tía empieza a buscarlo y se lo encuentra degollando una vaca y bebiendo la sangre del cuello.
a) Me gustaría asistir a un enfrentamiento guerrero masai vs. animalista vegano.
b)Si la sueca fuera española, le enseñaría a hacer morcillas.
c) Por la cara de asco que pone la sueca, se nota que no ha visto muchos documentales.
El caso es que el maromo la ve y la echa con la mano. Así que el primer día en el poblado la tía lo pasa más sola que sola, hasta que por la noche lo ve volver sonriente. Lo que pasa es que los hombres samburus son de poco hablar. Como no les ocurre nada en la oficina...Encima ella, que lleva todo el día esperándole con el calentón, se le arrima mimosona, pero ¡¡menudos son los masais!! El tío se gira de espaldas, demostrando que aquí el que decide cuándo y cómo se chusca es él. Y es que la vida en pareja tiene estas cosas, en Kenia y en Chiquidistán.
A la mañana siguiente, nuestra sufrida protagonista se ve despertada por una PUTA cabra que se ha metido en casa. Esto me hizo mucha gracia porque me recuerda a mis noches en el pueblo, agobiada entre ronquidos, balidos, graznidos, aullidos, rebuznos, ladridos, quiquiriquís y ruidistos animales varios. Pero no pasa nada porque ahí tenemos a nuestro gran hombre ofreciéndole para desayunar...¡¡una estupenda pata de cabra asada requemada y reseca!! Y ahí es donde la sueca empieza a entender en profundidad el significado del refrán castellano "a buen hambre no hay pan duro".
Después, para variar, el tío vuelve a desaparecer, pero menos mal que los niños de la aldea atienden a la prota y la llevan al charco rodeado de espinos donde se bañan los hombres, así en pelotinguins en plan gayer. Ahí es donde la sueca dice "tate, esto ya me suena más, esto es rollo hippie, ahora me despeloto y me baño en el charco de al lado porque África es súper naturista que te cagas", pero claro, empieza a desvestirse y el maromo corre a llevársela de allí hasta otro charco escondido, y se pone a espantar a pedradas a la chiquillería del pueblo, que está muy quemada (los chavales son mirones en cualquier lado del orbe, como veis). Allí la tía puede por fin poner a remojo toda la mugre que llevaba acumulando y hasta le pide al maromo que la ayude con el champú (que ahí es donde el machista samburu descubre otra de las sutilezas eróticas de la cultura occidental). Y es que la protagonista siempre hace lo mismo: intenta cambiar al masai en lo superficial pero en lo importante, por ejemplo, en hacer morcillas en vez de beber sangre cruda, que es una falta de higiene, no le pone reparos.
Total, que esto del frotamiento de cabeza vuelve berraco a cualquiera y acaban los dos en la choza en pleno calentón. Y claro, el tío va directo al perrito, pero la tía le frena y le empieza a besar despacio la cara y a enseñarle lo del juego previo. Y por una vez no se muestra nada más en la peli, pero por el rostro radiante de la tía en las tomas siguientes ya se supone que la cosa ha ido mejor que la primera vez.
En esto que por allí resulta que hay una parroquia y la tía va tope entusiasmada a hablar con el cura, en plan pelota querido vecino cómo estás, qué tal si me llevas en coche a la ciudad. Pero el cura, que es un blanco llamado Padre Bernardo, y que no se dedica a nada productivo en toda la peli salvo en llevar enfermos al hospital, es súper borde y la dice que si vino en el coche de San Fernando, puede ir a la ciudad de la misma manera. Derrochando simpatía.
En la escena siguiente, el jefe de la región, que es un negro gordo vestido de militar con pinta de cacique corrupto, le pide los papeles a la tía y le dice que de turista nada, que o se casa o se saca los papeles de residente. Así que se va la parejita a Nairobi a hacerle los papeles a la sueca. Ironías del inmigrante. El caso es que en el hotel a la tía le da un tabardillo. ¿Embarazo? ¿Bajón de azúcar? NOOO. No hay película de guiri en África que no acabe en malaria.
El caso es que a que no sabéis qué hace el samburu en Nairobi. En efecto. Pirarse sin decir nada y dejar a la otra histérica esperándole. Pero cuando vuelve el maromo, en vez de darle un sartenazo (o su equivalente hotelero) en la cabeza, le abraza, y es que dando tanta manga ancha ya se sabe que la cosa no puede acabar bien. Además el tío ha ido a buscar comida, entre otras cosas unos hierbajos asquerosos equivalentes al café. Y es que el samburu hace una excepción con la blanca y puede comer con ella en la misma mesa, porque "las blancas son diferentes". Que menos mal.
Total, que van a la oficina de inmigración y al samburu le dicen que no le dejan entrar armado, porque el tío entre lanzas, machetes y demás, lleva una ferretería encima. A lo que el samburu contesta indignado que él es un guerrero y que no se va a quedar desarmado como un perro. Que si os fijáis es lo mismo que dice Gimli antes de entrar en la fortaleza de los Rohirrim. Y es que todos los seres humanoides, de fantasía o ficción, somos iguales.
Con papeles o sin ellos, de vuelta al hotel el tío demuestra que ha aprendido bien la lección de besar a la churri lentamente y se esfuerza más, con gran contento por parte de la tía, que disfruta más en plan rollo misionero o poniéndose encima. El tío la dice "me has embrujado", así que mal las lecciones tampoco le deben haber venido. Total, que la tía al fín disfruta de tener un novio negro y suelta unos gritos en los orgasmos del copón, tanto, que el tio le pregunta que si la ha hecho daño, y ella dice que no, que todo lo contrario. Y él responde enigmáticamente: "ahora tendrás un bebé". ¿Sabrán algo los samburus sobre la anticoncepción que nosotros no sepamos?
El caso es que la tía se desmaya en serio otra noche. Blanco, en botella, y con fiebre, malaria.Y el guerrero se tiene que quedar cuidándola cariñosamente día a día hasta que se le ocurre darle quinina de una puta vez y la tía se cura (es la única referencia en toda la película a las enfermedades y parasitosis que debió de pillar la tía en realidad, pero bueno, nos hacemos cargo).
Otro día gastado en Nairobi, vemos al guerrero con vaqueros y camisa hawayana para hacer la gracia (le queda mejor la faldita, no es por nada), demostrando que no sólo se acerca a la cultura occidental bebiendo coca-cola. La tía llama a su madre para que también la vaya arreglando papeles y demás, porque quiere vender la tienda de ropa que tenía en Suecia. También tiene lugar la primera escena de celos: como la tía se muestra simpática con un taquillero, el samburu se piensa que hay algo más. La cosa no ha hecho nada más que empezar, porque ahí sí que se pondrá de manifiesto el auténtico machismo.
Y como aún les sobra tiempo y todo, la tía va y se compra una furgoneta (lo de furgoneta es un eufemismo), y de paso se encuentran al borde del Padre Bernardo, que critica la mmmmmmierda furgoneta que se ha comprado. Pero la tía lo manda a pastar.
Lo malo de tener vehículo en esa zona es que te toca hacer de autobusero de to quisqui, y en esta ocasión la pareja se vuelve a la aldea con un grupo de mujeres montadas atrás. En esto que las mujeres se empiezan a descojonar de que conduzca la mujer y el samburu se pica, así que insiste en conducir él. Ella accede con dudas, porque el tío en 2 minutos casi se carga el embrague y la caja de cambios. Además le da a la zapatilla pero bien y acaban estampados contra un arbolito porque el tío no sabe frenar. La sueca se pone echa un basilisco y el samburu, humillado por recibir una regañina de una mujer delante de otras mujeres, se baja y se marcha andando. Y la sueca al final acaba teniendo que pedirle perdón mil veces para que la perdone. Y la sueca reflexiona en la voz en off : "algunas cosas eran más difíciles que el besar..." Manda huevos.
En fín. Como era de prever, la sueca tiene que volver a Suecia a arreglar papeles y despedirse de su familia; además tiene que vender la tienda para poder casarse después con el samburu, que es un chico muy formal aunque no regale anillos. Así que después de jurarle y perjurarle que volverá, la vemos en la nevada Suecia, donde las casas son de ladrillos y la gente come en mesas con mantel. En esa mesa llena de comodidades y lujos, la tensión con la familia se puede cortar con un cuchillo. Nadie se atreve a preguntar nada. Y cuando ella anuncia que se casa, su madre cambia de tema. Y es que con tan mal rollo familiar, quién no prefiere irse a pillar fiebres a Kenia. Porque ya me diréis si una madre con sangre en las venas, al saber que su hija se va con un masai, no hubiera viajado en persona a Kenia para quitarle esa idea de la cabeza, o por lo menos para ver en qué condiciones iba a vivir. Pero estos suecos tienen horchata en las venas. Encima desde la tienda la piba ve a su ex besándose con otra, y entonces cualquier duda que pudiera tener sobre lo que iba a hacer se ve despejada, y toma una decisión definitiva.
El reencuentro con el chorbo es digno de una película de Meg Ryan. Además los regalos que trae para la aldea triunfan un huevo: mantas de cuadros, muñecas negras, mecheros (????) y el más original: ¡¡¡un cencerro tradicional sueco!!! (que parece una gilipollez pero que después es importante para la historia).
Y a continuación se celebra la boda, con vestido blanco con velo incluído y degollamiento de vaca ritual, y en la que se ve que en todos los lugares del planeta, las bodas son iguales: los invitados se lo pasan mucho mejor que los novios. Encima, aguantando la premoniciones del cenizo Padre Bernardo: "para los samburus, el blanco es señal de pureza, pero también es señal de desastre en la noche..."
TACHÁAN. Y aquí lo dejo, ahora empezará lo chungo. ¿Sabreís resistir la intriga hasta que lo escriba?
27 de febrero de 2007
La Masai Blanca, destripada (I)
Perdón por la tardanza. Después de muchos días con el Emule echando humo, ya he saciado mi curiosidad sobre esta peli, así que, despreciando totalmente las ganas que pudiérais tener de verla sin saber nada del argumento, os la voy a destripar con todo lujo de detalles, que para eso he tomado notas mientras la veía...XDAnte todo debo decir que es entretenida, menos tostón de lo esperado y la música está currada, pero me ha dejado una sensación como de que la tía podía haber aguantado más...Porque la verdad es que se nota bastante que algo de censura respecto a la historia original ha debido de haber, y que se han saltado partes importantes, que explicarían mejor el hartazgo de la protagonista...
Como esto va para largo y luego se me quejan creo que comentaré la peli por partes, en varios días.
Primera parte. Una pareja de suecos muy moderna no tiene otra cosa que hacer que pasar las vacaciones de Navidad en las playas de Kenia, en vez de irse a Tenerife como todo el puto mundo. Los tíos llevan dos años juntos y la cosa, como siempre, parece que va a ser eterna. Entonces la tía ve al masai (sambuuuuuuuuuru, pero para entendernos) y ya como que le impresiona su porte. El caso es que el masai está muy bien de cuerpo pero de cara así así, y además tiene el inconveniente de que, al ser tan oscuro, queda fatal en los planos. Y es que ser negro es lo que tiene, que parece que te han sacado a contraluz en las fotos.
Total, que la tía va diciendo que es de las que les mola "el orden y las cosas claras" pero en cuanto se topa con el masai y su amigo huyendo de unos infractores de la ley, le falta tiempo para convencer al chorbo sueco de ir con ellos.
Llegados a este punto, tengo anotado que debo hablar del amigo del masai, que también es samburu, claro. Porque vale que van vestidos con falda y llevan más abalorios encima que Aramís Fuster un día de casamiento. Vale que viven en chozas guarrindongas y llevan la lanza a todos lados. Vale que beben sangre de cabra directamente del grifo. Vale que su cultura no se parece ni pizca a la nuestra. Pero es que en todos sitios cuecen habas. En Suecia, en España y en Kenia. En todos los PUTOS sitios del planeta Tierra, en TODOS, es mala idea pasearse con un amigo guapo al lado, porque se liga a todas las chorbas. Yo quiero romper una lanza en favor del sufrido amigo del masai, ese amigo feo que tiene que aguantar que el otro le robe a toda las tordas y que ninguna se fije en él. Estas cosas llegan al corazón y uno se da cuenta de que, en el fondo, todos somos de la misma especie y que nuestros ancestros son comunes y vienen de África. El que los amigos guapos te roben los ligues, eso es lo que demuestra la unidad de las razas humanas.
Bueno, fin del comentario. Total, que el sueco empieza a olerse el percal y la pareja discute, pero no importa porque se llevan a los masais a un disco-bar a beber...¡¡coca-colas!! Y que habría que preguntarles a los masai que qué les parece la coca-cola, que si la prefieren o se quedan con la sangre de cabra. Total, que en un despiste del sueco, la sueca saca al chorbazo masai a bailar y el tío no os penséis, que tiene cierta gracia, y encima va en plan pulparro, arrimándosele que no veas...Un poco atosigador sí que es, quien lo diría de estos masais, no son nada tímidos...Lo que pasa es que aparece el sueco y rompe el encanto, y se la lleva de allí. Por lo tanto, mal rollo subsiguiente, llega la hora de volver en avión y la tía dice que se planta, así por las buenas, que le ha dao por ahí. El sueco casi no se lo puede creer y lo deja bien clarito: "sólo buscas un polvo"...A lo que la tía no contesta nada porque ni ella misma sabe lo que busca. En cuanto al sueco...los he visto llorando más eh? Va un tío, qué frío. Claro, como es sueco...
Así que ya tenemos a la tía sola en Kenia en pleno berenjenal. La tía pregunta que donde vive el samburu y le dicen que a tomar por culo. Así que veeenga a pillar un bus hasta allí. En el bus le explica a una negra con malaria que está buscando a un samburu y la negra, y de paso todo el bus, se descojonan de ella. Y es que debe ser que la fama del tamaño de los samburus es conocida por todas las tribus de Kenia.
Total, llega a un pueblo grande a medio camino hasta la aldea samburu que está a tomar por culo, porque allí es donde vive una tal Elisabeth, que es una blanca casada con un keniata. Se hacen amigas y la sueca se queda unos días con ella. Porque ya lo dice Elisabeth: si ella le mola, él vendrá, y si no dos piedras, así que ella sólo tiene que esperar a ver si el otro la encuentra, porque lo que ella quiera no importa, importa lo que EL quiera. Por lo demás, la tía es una ama de casa aburrida y resabiada que le pinta el tema muy muy mal, por el machismo y esas cosas. Por ejemplo, que los samburus no pueden tocar a las mujeres, ni comer con mujeres, ni comer nada preparado por las mujeres. Y es que parece muy modernita, pero en cuanto aparece el keniata, pierde el culo por atenderle.
Pero ahí tenemos a la sueca ensoñadora creyendo que va a ser capaz de aguantarlo todo y que las cosas malas sólo les pasan a los demás. Total, que después de diez días, se despierta una noche, ve que el samburu ha venido a buscarla y se va con él siguiéndole como un perrito. Aquí es donde tengo apuntado "la música muy bien".
Y lo siguiente es la monda. La lleva donde está alojado, echa a sus amigos de la cama de malos modos, la toca un poco y hale! se la folla en la postura del perrito en dos minutos sin más prolegómenos. Que es que hay que ver qué poco romanticismo. Y el caso es que la tía se queda con cara de "este tío me ha violao así como quien no quiere la cosa", y se va, y él le dice "volverás", muy castigador. Y claro, ella se queda llorando, pero después aparece el tío diciendo "¿todo va bien, te quedas comigo?" y va la tía y en vez de mandarle a cagar le coge de la mano. Todo muy bonito y que triunfe el verdadero amor.
Así que se van andando hasta la aldea y para que veais que el samburu no es tan machista, le lleva la maleta y todo. Total, llegan a campo a través al poblucho de cabras y todos se quedan mirándola. El samburu se la presenta a su madre, que le suelta un rapapolvo del copón pero que después saluda a la sueca, muy simpática. Y esa es una de las cosas que no me creo de la peli o que seguro que en el libro es diferente, y es la buena relación que en todo momento parece tener con la suegra y el resto de familiares. Seguro que hubo mal rollo ahí para parar un tren, pero no lo han querido poner.
Total, que entran en la cabaña, que es un zulo inmundo y oscuro donde están todos más apretaos que una mosca en el canalillo de Yola Berrocal. La sueca no se empana de nada de la conversación pero parecen todos muy majetes.
Y...hasta aquí puedo leer. ¿Os quedáis con ganas de saber más? Sheherazada se va a dormir, mañana más. ;)
4 de febrero de 2007
Candidata Viña del Señor febrero
Me gustaría saber qué opina Cristina del Valle de esta referente de la sensibilidad y buen juicio femenino:Una camarera italiana pide la prueba de paternidad a seis jugadores del equipo de fútbol de su pueblo
- En la localidad alpina de Merano, en la provincia de Bolzano.
- No se ha dado a conocer su identidad ni su edad.
Una joven italiana de la localidad alpina de Merano, en la provincia de Bolzano, ha solicitado la prueba de paternidad a varios varones del pueblo, entre ellas seis jugadores del equipo de fútbol local, para verificar quién de ellos es el padre del hijo que acabar de dar a luz informó hoy un diario local.
La joven, de la que no se ha dado a conocer su identidad ni su edad, trabaja como camarera en uno de los bares de la localidad y hace pocos días dio a luz un niño, sin declarar quién era el padre.
El diario local de Bolzano de lengua alemana, el "Tageszeitung", cuenta hoy como la chica "que no tenía una relación fija con nadie" decidió que era necesario que el padre supiese que había tenido un hijo.Hay más posibles padres en la listaEl problema era que no recordaba bien con quien podía haber concebido el hijo y pidió, a través de un abogado, que se realizasen las pruebas de paternidad a diez personas.En la lista entregada por el abogado a las autoridades locales se encuentra medio equipo de fútbol - seis jugadores del club local -, así como dos concejales del ayuntamiento y un "conocido" empresario de la zona, según cuenta el diario.El periódico explica además que en la localidad turística, conocida por sus termas y que cuenta con 35.000 habitantes, se ha creado gran expectación ante los resultados de los análisis y que incluso se aceptan apuestas sobre quien será el padre de la criatura.
31 de enero de 2007
Las hay más miserables que yo
Oprobioso momento el vivido hoy en el Depar con motivo de la despedida de una estudiante erasmus que ha estado colaborando con el grupo de las marujillas. A su lado, mis lamentos por haberme gastado 94 euros en una opípara comida castellana no suenan tan miserables.
Es costumbre de nuestro grupo que en casos de despedida vayamos a algún restaurante las 12 o 13 personas que somos, incluídos los jefes, para hacer una comida o una cena y darle al ojomeneado un regalito. Un par de veces fuimos a un restaurante cercano que era del agrado del jefe pero la relación calidad-precio del menú de mediodía era discutible y se cambió la tradición para ir a un simple Ginos. Lo que pasa es que está más alejado y entre retrasos, esperas, platos y sobre mesas volvíamos al curro a las 4, y aquí el grupo de las marujas, que es muy europeo en lo que les interesa, tiene costumbre de marcharse a casa bien prontito.
Total que llegado el momento de despedir a la erasmus en cuestión y no se les ocurre a las espléndidas marujillas otra cosa que celebrar la despedida…en el bar de la facultad de al lado, en plan bocata o menú estudiantil guarrero de macarrones+croquetas, 6 euros. Ante las quejas del grupo no-marujil, alegaron que lo hacían para no acabar tan tarde la sobremesa y así no perder tanto de la tarde, que ya se sabe que todas tienen importantísimas cosas de las que ocuparse en su casa, a diferencia de los demás, que nos tocamos los huevos. Y rechazaron también la sugerencia de hacer un pica-pica por la suprema complicación que supone organizar que cada uno trajera una cosa con dos días de diferencia.
Así que no se hable más: todos a comer de menú al bar de la facultad, si es que encontramos sitio para tanta gente. Un cutrerío que no hace justicia a la pobre erasmus, que se merecía un poco más de molestias. ¿Y qué puedo contar? De milagro hemos encontrado mesa para todos. Encima ha habido discusiones porque en teoría no podían juntarse tres mesas juntas y no cabíamos, hasta que la marujilla máxima ha desobedecido al camarero y ha juntado las mesas ilegalmente (no nos han dicho nada). Aún así, dos personas (una de ellas yo) hemos tenido que ponernos en las cabeceras, y con las bandejas hemos estado bastante estrechos. En su estilo quejoso, repelente, tiquismiquis y remilgado, las marujillas se han quejado de la cantidad de comida que daban con el menú (aunque yo creo que secretamente les dolía gastarse los 5,90 euros que costaba), pero se han tenido que conformar porque los platos combinados eran poco atrayentes y poco más baratos.
En fín, que después de escaso glamur, alguna discusión, las incompatibilidades conversacionales de siempre y muchos comentarios y puyas malintencionadas acerca del cutrerío imperante, se ha celebrado la despedida, que ha acabado tan tarde como si hubiéramos ido al Ginos y que ha tenido como colofón un brindis con cava prehistórico que quedaba oculto en la nevera del Depar y que se ha servido en vasitos de dentista y la entrega de cutre-regalos comprados por las marujillas previo sangrado de los compañeros: una maravillosa taza, un fantástico y extraordinario libro de cocina en catalán que la erasmus no entiende (no podía faltar un libro de cocina, las marujillas no saben regalar otra cosa) y la promesa de que habría más regalos cuando la que los tiene se digne a presentarse, porque está enferma (¿tifus? ¿disentería? No, una gripilla.).
Así que bueno, me alegro de ver que las hay aún más ruines que yo y que la crítica hacia el cutrerío de las marujillas ha sido casi unánime. Después se van de vacaciones a China, Cuba...Vaya tías miserias.
29 de enero de 2007
Goyas feos (o así nos luce el pelo)
No me apetece escribir un texto demasiado largo. Más que nada porque el Arturín tiene muy bien descrito el pensamiento que yo más o menos quiero transmitir en sus artículos de "Somos feos". En la gala de los Goya 2006 se ha vuelto a confirmar que sí, que somos muy feos y que estamos en malas manos. Y no me refiero a que la ceremonia sea larga, a que ganen los de siempre o no haya muchas buenas pelis donde elegir. Me refiero a que se puso de manifiesto por qué en España no hay glamur, y por qué seguimos siendo un país garbancero y de pandereta. Y es que los asistentes a esa gala no sabían comportarse y demostraban tener...¡¡¡pocas tablas escénicas!!! Una ironía, si tenemos en cuenta de quién hablamos.Esos actores que son capaces de salir en bolas en pantalla delante de toaspaña y luego se trabucan y tiemblan como hojas cuando se ponen detrás de un atril a decir cuatro frases.
Esos actores que se aprenden un guión pero después sacan un papelajo doblao para leer sus agradecimientos.
Esos presentadores de premios que no aciertan con la sintaxis ni la gramática ni pa'trás y sueltan un "y los nominados al premio a mejor actor protagonista va para"...
Esa falta de vocabulario y bagaje cultural de nuestras figuras, que no pasan del "esto es súper fuerte", ""me alegro un montón", "estoy mazo feliz".
Ese discurso de la pobre diabla a la que le ha tocado ser presidenta de la academia, explicándonos sus anécdotas de infancia en una cueva prehistórica. Y se nota que el 90% de los asistentes no tiene estudios superiores por su manifiesta incapacidad de escuchar un discurso medianamente intelectual que dure más de 20 minutos con un mínimo de atención. Sólo faltaba ver bolitas de papel volando por la sala.
Esa falta de saber estar de los asistentes, que no sabían componer el gesto y a los que sólo les faltaba meterse el dedo en la nariz (y esos realizadores, que encima les enfocaban).
Esas horteradas de grabar la ceremonia y demás soplagaiteces de novato perroflauta (va por Bebe, que tiene pinta de no poder aprobar ni primero de la ESO).
Esos modelitos horteras e inapropiados, sin ningún gusto, que parecen aconsejados por los peores enemigos (la combinación botines de puta y vestidito de comunión de la actriz revelación es de los que marcan época).
En definitiva, que no me extraña que el cine español vaya tan mal, porque en menudas manos estamos.
20 de enero de 2007
A ver si mi padre, entre tanta peli basura de ciencia-ficción para poco exigentes, le da por bajarse "La Masai Blanca". Ya sabéis, esa película basada en el relato autobiográfico de la suiza encoñada con un guerrero pseudo-masai (vamos, masai no pero del pueblo de al lao) que se fue a vivir a su poblado. Aunque ella nos lo quiere hacer ver como una bella historia de amor, pese que a los cuatro años tuviera que pirarse de allí por patas.Ni qué decir tiene que no me interesan los detalles románticos del flechazo, que esta lucha entre el sistema límbico y el córtex prefrontal ya me sé yo cómo acaban, si no el morbo de conocer las razones y las miserias que debió aguantar la pobre mujer antes de darse cuenta de que estaba más guapa en otro lado y de que su amiga repelente- consejera tenía razón.
Para empezar, el guerrero ese, mucho musculito y bien fornido que estaba pero de prolegómenos, seguro que nada. Porque aquello debía ser un pim pam pum. Así que de qué le sirve tenerla larga. Y claro, ahí se queda una satisfacción remanente que la pobre mujer seguro que tuvo que sudar tinta para que el maromo se lo currara un poco más. El caso es que el guerrero parece ser que fue bastante moldeable dentro de lo que cabe, tolerante, y se adaptó de buen grado a esas enseñanzas.
Enseñanzas que por lo visto disfrutaron otras, porque aunque no se vea en la película, en la historia real el guerrero se beneficiaba a otras del poblado, y quieras o no eso hace pupita en la mentalidad occidental.
Luego están las guarreridas. Esas casuchas con falta de higiene. Ese limpiarse el culo con un canto rodao. Esos churrepeteaos a las cabras que se están desangrando. Y porque no era española, que si no la pobre mujer estaría soñando con el jamón.
Y la suegra y las cuñadas para qué contar. Aquí mandamos nosotras, tía pálida, a ver qué nos vas a decir. Un infierno.
Y cómo no, esas hermosas tradiciones de destrozarte el chichi para que la gente no murmure. Que no sé si amenazaban con ello a la mujer o a la hija que tuvo con el guerrero.
Total, que sí, que tras la crisis "de los cuatro años" (putas hormonas), lo mejor es pirarse a la decadente civilización occidental, donde se te pasan los disgustos comprando un Häagen-Dazs de medio litro en el súper de la esquina.
Y el caso es que la tía ha declarado que no se arrepiente de nada de lo vivido y que mantiene una relación cordial con su familia africana. Eso es buen rollismo y lo demás son tonterías.
Así que tengo curiosidad para ver si me entero de detalles más escabrosos de la historia. Sexo no debe de haber mucho en la película pero no creo que la cosa se limitara a la ablación y los chupeteaos de sangre de cabra. Que por ver al maromo pegar saltos muy altos no se divorcia una. Y por Dios, qué malo está este gofre congelado que ha comprado mi madre. Puag.