5 de agosto de 2008

Estampas Wacken 2008

Os presento una selección de las fotillos que hice en el Wacken 2008, que hacen especial énfasis al ambiente que había en el pueblo, las condiciones de la zona de acampada, anécdotas en los conciertos y los frikis que pululaban por allí. Son sencillas y lamento no haber sido valiente para fotografiar la inmensa cantidad de frikis que se cruzaron en mi camino, o no poder hacer fotos en condiciones de los conciertos. Pero otros ya lo hacen suficientemente bien en mi lugar.

Antes de nada, un homenaje a las responsables de que ciertas partes del pueblo olieran a boñiga a un kilómetro de distancia.


Todo el pueblo de Wacken está contagiado por el espíritu del festival y se ven calaveras de vaca y banderas por todas partes.

Es encantador ver un adorable pueblecito invadido de metaleros con pintas.

La famosa torre de Wacken: punto de referencia de toda la
metalidad internacional.

No hace falta andar mucho para encontrar una delegación patria.


Wacken tiene su propia iglesia; por supuesto, ni la milésima parte de visitada que el Templo del Metal.
Las colas del supermercado del Metal.

Esta casa tenía una especie de jardín zen, para contrastar con los frondosos jardines llenos de flores, gnomos de cerámica, molinillos y demás repelencias de las casitas bien. Y es que había categoría en el pueblo.

Borrachos durmiendo apaciblemente en los umbrosos jardines del centro del pueblo, se ven en todos los festivales...


...Pero que ese frondoso jardín en el centro del pueblo resultara ser el cementerio, ya no es tan común. Eso sí, queda súper black metalero.


Plano de las zonas de acampada: nosotros estábamos en la R. Fijáos en el detalle de los nombres de las calles.

Mapa de la Tierra Sagrada del Metal.


Las boñigas de vaca se tapan con plásticos para hacer abono. La mierda y los
headbangers conviven con naturalidad.


Con tal de señalar cuál es la posición de tu tienda de campaña en medio de la inmensidad, cualquier cosa vale.

Típica visión de una de las zonas de acampada.


Los alemanes aprovechan la cercanía a su hogar para llevar caravanas y todo tipo de comodidades. Lo más divertido de pasearse por las zonas de acampada es ver las frikadas que utiliza la peña para decorar sus chiringuitos.


¿Os pensábais que los germanos eran educados, responsables, civilizados y cuadriculados? Pues de eso nada; la basura que se veía desde el primer día en las zonas de acampada no tenía nada que envidiar a la del sector punkarra del Viñarock.


Esto es un camino de peregrinación a Tierra Santa como Dio manda y no el del Santiago ese.


¡Por fín! The Gates of Valhalla.

Visión de los dos principales escenarios y la calavera de vaca que se ilumina por la noche.

Tener amigos para esto.


El guitarrista de Airborne, trasuntos australianos de AC/DC, se subió a una de las torres del escenario...¡y siguió tocando la guitarra!


La repelente con cara de hogaza de Liv Kristine se sacó un pedazo escenario con barco vikingo incluído del copón. Afortunadamente la pirotecnia no le quemó los pelos a su marido.

Esto es lo que pasa cuando dedicas tu hora libre a pasear por el Metal Market: que llega el concierto de Iron Maiden y el público llega hasta Cuenca.



Una de las cosas que motivó más quejas es que los seguratas impedían la entrada de más gente al recinto para ver a los Maiden, a pesar de que había sitios libres. Además había un montón de gente que salía del recinto.


¿Para que aguantar aglomeraciones sin poder ver un pijocuando puedes estar cómodamente sentado en el video wall viendo a los Iron Maiden con un poco de retardo en la pantalla? Total, por mucho escenario faraónico que trajeran, el tito Bruce llevaba un gorrito de lana que era para matarle, y sus cabriolas y tonterías eran las mismas de siempre.



A pesar de la multitud, el público de Wacken es un poco sosainas. Poco cantarín y bailarín, no es como el de España. Cuando sonó la de
Fear of the Dark apenas se oía el ooooo-uououououooooooo-uouououuooooo-uooo-uooooooooo...

Nuestros adorables vecinos.


La tierra santa del Wacken cuando llueve se convierte en un puto barrizal, como todas.


Si no tienes dinero para hacerte un tatuaje normal y corriente, siempre puedes demostrar que eres una trastornada lesionándote a tí misma.


La zona VIP del
backstage era lo más parecido a un híbrido entre terracita pija de Ibiza y garito metalero, pero si no hay cáterin gratis pierde su encanto.


En el concierto de Children of Bodom empezaron a proliferar los
crowdsurfers: todo el mundo estaba amenazado de acabar por los aires y varios tíos se pegaron unos costalazos contra el suelo de impresión. Empecé a temer por mi seguridad y los maromos de mi alrededor me ponían ojitos porque era ligera de levantar. Encima le tuve que regalar mi paquete de kleenex a un tipo que sangraba por la nariz como un cochino debido a las patadas recibidas por el surfero de turno.


The Pipi Wall. Ya no es solo la guarrada de dejarlo todo perdidito de pis, es que encima los borrachos no tenían reparos en sacarse la chorra y mear en medio de la multitud y veías más penes que en una peli porno.

Un tío ponía en peligro su vida cada noche para que los metaleros pudieran disfrutar de una calavera de vaca gigante encendida.


Alex Laiho, que es un cachondo, triunfó con una versión de la canción
Umbrella, entre otras versiones frikis.


Los Corvus Corax dieron la campanada de la noche. Su puesta en escena fue espectacular, aunque no tocaban metal. Me llevé un chasco porque no tocaron
O fortuna,que me hubiera puesto los pelos de punta. Su combinación de gaiteros vestidos a la manera imperial china, coros de monasterio, orquesta y soprano operística era cuando menos peculiar.


Los coristas a duras penas podían disimular su descojone al verse contemplados por más de 70000 personas.


Los simpáticos organizadores del Wacken utilizaron la pantalla para enviar mensajes de aviso. ¿Seguro que si nuestros vecinos nos miraban mal era por su extrañeza de que pusiéramos candado en la tienda de campaña?


La soprano de Corvus Corax recicló un vestido usado por María Jiménez y se la veía exultante. Ni en La Scala iba a tener jamás tanto público.


Entrada de Wacken: 175 euros. Que a Jorn Lande no le funcione NADA el micrófono durante el concierto de Avantasia y no se empane: no tiene precio.


Panorama de los mercadillos y el gentío.


¿Nueva Orleans post-Katrina? No, Wacken. Las barrabasadas de la gente afectan incluso a sus propias tiendas. A más de media docena las vimos destrozadas, incluyendo sillas, barbacoas tiradas por el suelo...


Las sillas de director de Wacken costaban 10 euros y eran endebles, pero se echaban de menos con el cansancio de los conciertos.


Feliz Navidad en Wacken.


Regalaban las bolsas de basura, pero que si quieres arroz Zoraida.


En algunas de las zonas de acampada había pequeños supermercados, no demasiado bien provistos y además caros, pero ideales para los vagos que no quisieran caminar mucho...


Este buen hombre se paseó un día entero con capa dorada y cuernecillos a hombros de sus amigos anunciando que era el rey de algo. Pero como lo decía en alemán no me pude enterar mucho.


Cualquier sitio es bueno para escribir una nota de aviso, y además sólo una pequeña parte de los asistentes te la puede leer. La pregunta es...¿vio el interesado este mensaje? La intriga me corroe.¡Luis, pronúnciate!!


Nuestros adorables vecinos volvieron a su casa casi de noche y se olvidaron unas salchichas sin hacer. Mucho arte en hacerlas no mostraban porque las ponían a pleno fuego en vez de esperar a tener brasas.


Menudo atajo de adanes...


No sólo se olvidaron las salchichas nuestros adorables vecinos: se dejaron unos 200 euros en botas debajo de su coche. Debió de dolerles mucho cuando llegaran a Nuremberg. Las zapatillas a la basura, pero las botas rápidamente encontraron dueño...

El campo de batalla después de la guerra...Qué penita. ¡¡Hasta otro año, Wacken!!



Y hubo más, mucho más. Más conciertos, más experiencias, más frikis. Como ese que iba vestido de Jack Sparrow, o esos con traje y corbata (que debían ser los de la orquesta de Corvus Corax), o los disfrazados de renos, los de conejitos rosas, o con picardías lilas y tanga negro, o el que llevaba asomando una salchicha de la bragueta (simulación de capullo incluído), o el que iba completamente desnudo salvo la picha envuelta en cinta americana plateada, y tantos otros.

Quiero enviar recuerdos a Gerardo, ese héroe mexicano que, como tantos otros, pasa penalidades para poder asistir a festivales como estos, y demuestra que apoya el metal. Y un saludo para Juan José, el gallego residente en Alemania que ya casi no sabía hablar español, por su simpatía y generosidad.
Para qué engañarnos: los festivales están llenos de alcohólicos sin diagnosticar, trastornados y gilipollas, pero también de adorables frikis, gente original y metaleros de lo más normal que hacen de unos días de conciertos al aire libre una experiencia inolvidable. Besos metálicos a todos.

Consejos para sobrevivir en Wacken con buena salud, en condiciones higiénicas y ahorrándose unas perras

Aunque un festival de música en el fondo es igual en todos lados (servicios nauseabundos, imágenes matutinas de heces descompuestas, vallas con olor a meado, precios escandalosos, comida basura, acampada en patatales, vecinos de tienda borrachos cantando Manowar hasta altas horas de la madrugada), el Wacken tiene particularidades que a un novato puede preferir conocer con antelación. Para todos los ansiosos que prefieren saber de antemano qué se pueden encontrar, les ofrezco unos sencillos consejos, advertencias e informaciones.

Zona de acampada
Hay un zona especial para gente sin coches, muy cerca del recinto, y las demás son para la gente que tiene coches y caravanas. Suelo blando y liso, hierba verde y alta, todo un sueño. Aracnofóbicos abstenerse. Caminos y carriles bien organizados. Contenedores de basura casi inexistentes.
Pese a la tentación de querer acampar lo más cerca posible del recinto, casi es conveniente optar por alguna de las zonas más alejadas, más limpias y menos masificadas, aunque luego te toque andar 15 minutos hasta el recinto.
Nosotros fuimos con pase VIP, y los VIP tienen una zona de acampada especial para ellos que cuesta 20 euros. No obstante nos ahorramos el dinero colándonos en la zona de acampada reservada para los grupos organizados y reservas por teléfono, suplicando que nos dejaran estar al menos la noche antes de empezar el festival, y plantándonos allí todos los días. La parte mala es que no puedes sacar el coche porque necesitas un papel de autorización que nosotros no teníamos.
Para entrar a las zonas de acampada desde la carretera, te miran la pulsera.

Comida
Hay mucha más variedad y número de puestos que en los festivales españoles: comida china, mexicana, baguettes, pan de ajo, bocadillos de salchichas y carne a la brasa, perritos y hamburguesas, kebabs, pizzas, bocadillos de marisco y pescado...Los precios, como siempre altos: entre 3 y 6 euros suelen estar los bocadillos y platos; 2,50 las patatas fritas.
En los puestos del pueblo ofrecen patatas fritas y bocadillos algo más baratos.
Existen puestos de café y bollería de desayuno.
Lo más barato es ir a los supermercados abarrotados del pueblo y comprar algo de fiambre y pan para comer y desayunar. Los alemanes, que van bien equipados con barbacoas, acaparan carbón, chuletas y salchichas.

Agua
Al lado de los servicios del festival hay puntos de toma de agua potable, con sabor igual y mejor que el agua mineral comprada en el supermercado. Por lo tanto, sólo merece la pena comprar agua mineral envasada si después quieres aprovechar la garrafa o te preocupa mucho la higiene.

Bebida
Cara: 3 euros el refresco (0,4 L) o Red-bull, 8,5 euros el litro de cerveza Becks, más 1 euro el alquiler del vaso (la jarra de cerveza también se alquila). También hay puestos especiales de cubatas y cócteles. El último día se agotó la coca-cola en algunos sitios.
La cerveza por lo visto es malilla y no te la dan muy fría, pero a los alemanes no les importa. A imitación de calimocho, los alemanes beben mezcla de coca-cola y cerveza de barril.
Los vasos de plástico de alquiler tienen logos del Wacken y los muy cabrones han creado más de media docena de diseños para que quieras coleccionarlos y no los devuelvas.
Otra opción son los cuernos: se ven con profusión, de diferentes capacidades.
Los alemanes hacen acopio de cajas y cajas de cerveza comprada en el pueblo: te devuelven el dinero de los cascos vacíos si los llevas a los puntos especiales. Pese a todo, botellas vacías se acumulan por doquier sin que nadie las recoja salvo los pobres que quieren sacarse unas perras.

Duchas
Cobran 2,5 euros por entrar. No están mal, el agua sale bien caliente y no es lo que provoca más colas. Son comunitarias, evidentemente, y ya se sabe como son estos alemanes: nada de pudorosos bañadores o bikinis: todo al aire, y muchos sin chancletas siquiera. La gente dedica a la ducha todo el tiempo necesario, y ya aprovechan para peinarse, maquillarse, repasarse las ingles brasileñas...

Aseos
Las casetas de la zona de acampada no tienen cadena ni liquido higienizante como estamos acostumbrados a verlas en España, con lo cual la visión de la montaña de zurullos que te encuentras por la mañana sólo es apta para espíritus fuertes. Están más limpios por la noche (aparte de que no hay luz y no puedes contemplar las atroces visiones) y a menudo tienen aún papel higiénico (de todos modos es sabido que los rollos de papel higiénico propio son indispensables para todo festivalero).
Para la gente con necesidades higiénicas mayores, hay aseos decentes al lado de las duchas, y cuestan 50 céntimos. A los hombres les esperan colas largas; las mujeres no tienen problemas. No merece la pena pagar por usarlos salvo emergencias, porque dentro del recinto hay baños especiales casi en idénticas condiciones de limpieza, que cuestan la voluntad (o sea, nada).
En general las chicas harán menos colas, apenas ninguna.

Basura
Sorprendentemente los metaleros alemanes son tan guarros o más que el peor de los punkarras. Dan bolsas de basura en el bus lanzadera de Hamburgo, pero casi nadie las utiliza. La basura se queda en los caminos y esparcida en los campos. Hay iglús de reciclaje de vidrio y contenedores cerca de la zona de las duchas. En todo caso, recogen las bolsas de basura directamente en los campos. El recinto no se limpia a diario y la mierda se va acumulando. Sólo hay papeleras en los puestos de comida y casi nadie las usa.

Lluvia
Parece ser que no hay Wacken que se precie sin chaparrón. Dan una bolsa de basura con logo que pretenden hacer pasar por chubasquero en el bus lanzadera desde Hamburgo. Mejor traerse un chubasquero finito de casa, de manga larga. Dejan pasar paraguas al recinto. Pese a que la tentación de llevarse sandalias a los festivales veraniegos es muy alta, en Wacken está desaconsejado: mejor llevarse playeras guarreras y botas de caña alta (cómodas porque habrá que andar mucho) por lo que pueda pasar. Además las noches son frías y la hierba se queda mojada por la condensación.

Librito del programa
En el WOA cuesta un euro hacerte con el programa o guía del festival, y realmente, a no ser que te guste coleccionar esas cosas, no merece la pena comprárselo. Está casi íntegramente en alemán y contiene más que nada publicidad y textos sobre las bandas.
Incluye un plano del recinto y las zonas de acampada, que puedes obviar si haces una foto de los cartelones informativos que existen en las zonas de acampada y haces
zoom para mirar bien los mapas.
El orden de los conciertos puedes llevarlo impreso en una hoja de papel y sacarlo de la web del festival.
El programa no contiene otra información de enjundia que no puedas obtener de otro lado.
La organización edita un periódico diario con información sobre los sucedido el día antes y las novedades, pero está en alemán.

Merchandising
Para aburrir. Tiendas de campaña, kits de barbacoa, cortinas de ducha, bodis de bebé, peluches, banderas, toallas, cuernos con la marca del festival, sillas de director con sitio para poner el cubata, ... y mil y una camisetas.
La ropa que te quieras comprar DEBES comprarla el primer día porque las tallas se agotan con mirarlas. Hay puestos de
merchandising dentro y fuera del recinto, y hay que echarles un ojo a ambos y a diario, porque tienen diferentes cosas y a veces añaden en el muestrario modelos nuevos. Entre 18 y 45 euros suelen andar las camisetas y sudaderas. Hay buen surtido para chicos, chicas y niños.
Si quieres anillos o colgantes oficiales con la calaverita del Wacken, hay una tienda del pueblo en el que los venden. Son de plata buena y como tal te la cobran.

Niños
Los niños hasta 12 años entran gratis, y se ven unos cuantos, a pesar de que los festivales no son ni demasiado higiénicos ni demasiado educativos para ellos. Lo bueno es que hay mucho
merchandising pensado para ellos, incluso para bebés.

Metal Market
Abstenerse débiles de espíritu y pobres. Es una lucha constante contra la frustración. Enorme, enorme y mítico mercado donde llevarte a casa cualquier cosa de parafernalia, hasta tu propia vajilla gótico-metalera. Lo mejor del festival. Para el mercado de discos hay que pagar entrada y no hay quien entre ahí y no salga triste y con ganas de comprar más.

Zona VIP/Backstage
Para la gente con pulsera de
backstage existe una pasarela que conecta el recinto con la zona de VIPs: salvo que hay bancos a cubierto y está la zona de prensa, comida y bebida están a idénticos precios que en la zona general, y con menos surtido de comida.

Recinto de conciertos
Se queda pequeño en los conciertos principales. La puntualidad es absoluta y normalmente los conciertos no se solapan entre los tres escenarios. El terreno hace hondanada y casi resulta mejor contemplarlo de lejos, cerca de los puestos de comida, que desde la parte del medio. Hay pantallas gigantes para ver el concierto en condiciones, y enfocan bastante al público. La zona de las vallas cercanas a las torres de sonido suelen estar más despejadas. ¿Por qué? Son meaderos masculinos.

Wacken town
Idílico pueblito de casas adorables y jardines de revista invadido por cafres metaleros. Los habitantes sacan negocio ofreciendo comida y bebida. Hay varios supermercados, cajeros, farmacia, joyería, correos y en general todo lo necesario, pero te toca un rulo largo desde las zonas de acampada.

Idioma
Casi todo está en alemán, y sólo unas pocas cosas en inglés. Sorprende el bajo nivel de inglés de la gente, hasta el punto de que alguna gente joven, si ven que no hablas alemán, dejan de decirte lo que querían decirte porque no se ven capaces de hacerlo en inglés. Pese a ser un festival muy internacional, se dirigen a tí asumiendo que eres alemán, por moreno y latino que parezcas. El acento en inglés de alemanes y españoles no casa bien. De todas maneras chapurreando y haciendo gestos se llega a cualquier lado. No cuesta encontrar españoles, mexicanos y vendedores suramericanos.

Clima
Calor matutino en la tienda, calor al mediodía, pero suele soplar airecillo y muchos años llueve. Noches frías, pero nada que no se pueda superar con una sudadera gruesa. Mejor pasar calor de día y estar preparado para la tarde-noche.

Equipaje
Imprescindible el chubasquero, chanclas para la ducha, papel higiénico y las toallitas húmedas para limpiarse los bajos y las pantorrillas embarradas hasta que llegue la ducha. Abstenerse ropa de demasiado verano y bañador. Dejar sitio en la maleta a la ida para la tonelada de
merchandising que vendrá a la vuelta. Pero ante todo, dinero, MUCHO dinero.

Cómo llegar a Wacken desde Billund

Las dos maneras principales de llegar a Wacken desde cualquier punto de España son volar a Hamburgo, y de allí en tren y autobús al pueblo de Wacken, o dejarse de complicaciones y apuntarse a un viaje organizado en bus (de esos que hacen escala en Amsterdam para contemplar los canales, por ejemplo).

La primera opción sale un poco cara si no compras los billetes con mucha antelación, pero está bien explicada en la página web de la organización.
La segunda es un suicidio colectivo, porque no tiene otro nombre lo de pasarse más de 20 horas en un autobús que huele a choto, sin dormir en condiciones, y llegar al festival cansado, aunque habiendo hechos muchos amigos.

Al menos yendo en tu propio coche puedes acampar por el camino y añadir
un plácido viaje por Europa a tu experiencia Wacken.

Si los precios de los vuelos a Hamburgo se han puesto imposibles y no dispones de tiempo ni ganas como para cruzarte media Europa, una alternativa es volar con Ryanair a Billund (Dinamarca), y allí alquilar un coche Hertz (hay descuento con Ryanair) y cubrir los 250 km que separan el aeropuerto de Billund de Wacken town. Sumando los gastos, sale algo más barato que volar a Hamburgo y coger un tren, y disponer de coche en el festival te añade comodidades.

Billund es una de las principales ciudades (?) del sur de Dinamarca y es conocida por ser la sede de la empresa LEGO y albergar el Legoland europeo. Su aeropuerto es pequeño pero moderno y está muy cerca del pueblo.


Digo pueblo porque más que una ciudad es un cochino pueblo de mierda que no merece dedicar más de 10 minutos en visitar. Consiste en un conjunto de casas bajas, algunas parecidas a casetas de motel de carretera, con bosquecillos y jardines, y alguna gasolinera pequeña. Apenas hay gente por la calle, no tiene el menor encanto turístico, no hay bares y cuesta horrores encontrar un sitio donde comprar comida a ciertas horas. Así que si se llega a Billund por la noche no merece la pena ponerse a buscar indicios de civilización por allí.


No entré en Legoland, pero es un recinto pequeño con pocas atracciones que, aparte de las figuras frikis hechas con piezas de LEGO y alguna atracción para niños, no es de interés para el metalero (y casi que para los niños, tampoco).


El aeropuerto de Billund es pequeño y no cuenta con embaladora de equipajes (para los interesados en preservar al máximo su mochila). Tampoco hay buen surtido de souvenirs. Además son sorprendentemente tocacojones en el tema de la seguridad, revisan a conciencia, así que no es buena idea jugar a intentar colar objetos que deberían facturarse en el equipaje de mano ni nada por el estilo, y hay que vigilar el peso del equipaje a facturar (15 kg +- 0,5 kg máximo).

Para viajar a Dinamarca no hace falta pasaporte, basta con el DNI. Se paga con coronas danesas pero aceptan euros (a veces, sólo billetes) en todos los sitios. Pagar con tarjeta (crédito o débito) nos supuso problemas porque salvo en el surtidor de la gasolinera, exigen teclear el código pin, que no es el código habitual de nuestra tarjeta. Además tanto gasolina como comida están francamente caras, así que mejor evitar realizar compras en ese país.

En cuanto al trayecto, el maromo y yo tuvimos dificultades siguiendo el puto itinerario de mierda recomendado en la página web de ViaMichelin, bastante complicado e incluso no actualizado, y dimos bastantes vueltas tontas.
Por eso es mi obligación moral explicar el itinerario sencillo y dejarlo para la posteridad.

Itinerario Aeropuerto de Billund-Wacken

Cuando salgamos del aeropuerto, nuestro objetivo será encaminarnos hacia la autopista que une Dinamarca y Alemania (E45).

Para ello hay que seguir en las rotondas las indicaciones dirección Vejle o Kolding hasta tomar la carretera 28 (seguir el coche en el recuadro azul). ¡¡No hay que hacer caso a las indicaciones hacia Grindsted ni Esbjerg, ni a Kolding si no es por autopista!!

Después ya encontraremos indicaciones hacia la autopista E45 dirección Flensborg (coche en recuadro verde). Ya podemos tirar millas largo rato.
A la altura de Aabenraa hay un providencial McDonalds y un 7Eleven que serán las únicas manifestaciones nocturnas de civilización que encontraremos en todo el trayecto. Las áreas de descando en carretera tienen WC y a veces mapas pero nunca cafeterías.

Hay que seguir la E45, entrando ya en Alemania, y salir a la A7 (marcada simplemente como 7; hay un centro comercial con otro McDonalds a esa altura). Poco después tomamos la salida 3 (Flensburg, Husum y Bredstedt) y seguimos dirección Husum-Bredstedt-Wanderup (a la derecha).

Tomamos la carretera B200 dirección Husum y después la B5, que enlaza con la A23 dirección Hamburgo. Se pasan unas vías de tren. Una vez enfilados hacia Hamburgo tomamos la salida 6, ya marcada como Wacken, y ya en el pueblo se pueden buscar las áreas de acampada.

Para la vuelta, los de Wacken te hacen salir a la A23 (esta vez dirección Heide). Hay que seguir dirección Husum, después Flensborg, después Kolding (por la E45), después Odense o Arhus (E20), y la salida 62 marca Billund; tras encontrar la carretera 28 ya encontramos señalizaciones al aeropuerto.

¿Confuso? Mejor que las indicaciones de ViaMichelin, creedme.
En el trayecto contemplaréis llanuras verdes sin fin con bosquecillos y vacas pastando, sin montañas, todo con casas bajas casi idénticas y sólo algún canal o fábrica que rompa la monotonía. Un paisaje idílico pero poco civilizado si tienes necesidad de comprar algo o pararte a cenar. Tampoco hay buenos arcenes donde pararse, pero sí frecuentes y oscuras áreas de descanso arboladas que inspirarían un crimen estilo lago Bodom. Echaréis de menos las estaciones de servicio a la española.

Fui al Wacken y volví sin probar la cerveza

Chicos, me congratula informaros de que ya puedo morirme. Este año, sumándose a la larga lista de importantes novedades en mi vida, de cumplido con uno de los preceptos fundamentales de todo metalero, que es el de visitar tierra santa al menos una vez en la vida (no sé cuáles son los demás preceptos).
Ya he estado en Wacken y ya no tengo esa incomodidad espiritual que me impedía vivir con normalidad. Me he sacado la espinita, y seguramente no será el último Wacken.


Porque al Wacken, ya lo sabe todo el mundo, hay que ir cuando a uno le vaya bien sin importar el cartel. No en vano en 2008 ha sido su primer sold out a pesar de que, reconozcámoslo, el cartel era una puta mierda. Salvo los repetitivos Iron Maiden, el resto del cartel no tenía nada que envidiar al de otros festivales ibéricos. Pero da igual, porque el Wacken es el Wacken, es un festival catedralíceo en el que, por increíble que parezca, la música ocupa un segundo lugar, y el ambiente metalero es lo primordial.


Voy a compartir mi experiencia con vosotros para que quede constancia escrita en los archipiélagos de la información, y mis comentarios sean solaz y ayuda de metaleros que quieran viajar a Wacken en el futuro, que nunca se sabe a dónde pueden llegar tecleando en el Google.

Mi experiencia se resume en los siguientes posts (en el tercero están las fotos):

8 de junio de 2008

Os he tenido muy mal informados de los últimos acontecimientos de mi vida. Me falta tiempo y ganas para escribir paranoias, salvo las puntuales. Un blog siempre es un drenaje para una herida que supura y mi herida infernal quedó a 700 kilómetros. Pero aprovechando una tarde de domingo en la que debería estar currando y para variar no tengo ganas, voy a daros algunos detalles sobre mi vida actual.

El Hospi
Hay gente que se congratula de ser de L'Hospi y yo trabajo en un Hospi. Lo único bueno que tiene es que la comida es gratis. Es un hospital universitario público al que tuvieron que cambiar el nombre, añadiendo un "2" a los carteles. No os recomiendo que vayáis. Es feo, deshumanizado e inhóspito. Debido a su localización, buena parte de los pacientes y visitantes son gentuza. Drogadictos y borrachos que van a urgencias arrastrados por buena gente, yonkarras, mendigos rescatando colillas a medio fumar del cenicero de la entrada, gitanas obesas de mala catadura de estas que si las miras más de lo debido por la calle te pueden armar un pollo, gitanas borrachas en el materno-infantil hablando solas y soltando tacos a grito pelao...
Las historietas de pacientes con grave falta de higiene y educación son tan numerosas como las historietas de anestesistas ineptos, residentes gilipollas y jefazos engreídos. Pedantes bocazas que no saben que ir al comedor con la bata y los zuecos es una falta de higiene médica y que intentan presumir de lo mucho que saben pero nunca de lo amables que son los pacientes, son habituales.
El comedor del personal está en un sótano, al lado de los laboratorios de anatomía patológica, con lo cual el hedor a alcoholes es asfixiante y asqueroso.
Camillas llevando a enfermos graves acompañados de familiares entristecidos se cruzan en el pasillo con residentes juergueros y personal charlando alegremente, sin que a nadie salvo a mí le parezca indignante.

Muchos departamentos y consultas se realizan en salas que están en sótanos, con pasillos salidos de una novela de Stephen King, mal señalizados y completamente angustiosos.
Si ya de por sí no os gustan los hospitales, no os gustará ese. Eso sí, en los parterres hay plantados tomates y sandías.

El barrio

Mi barrio está poblado por jubilados, gitanos y mormones. Ir a comprar al LIDL por la tarde es una experiencia traumática, porque en las colas se recogen algunos de los peores especímenes de la humanidad. Señoras mayores con una total falta de modales, vecinos tocacojones que siempre llevan la contraria en las reuniones de la comunidad, familias gitanas que dan miedito, jovenzuelas llevando criajos de dudosa higiene y una pareja de deficientes mentales que no sabe muy bien lo que es respetar los turnos.
Las cajeras apenas son amable a esas horas, salvo cuando un germánico supervisor las amonesta agriamente, obligándolas a sonreir a los clientes. Encontrar un cartón de huevos sin ninguno roto, imposible.

Inquietantes chinos se hacen con el control de los bajos y lo mismo te plantan un todo a cien clónico que una frutería.

Bandas de adolescentes en celo a apoderan de los bancos y hacen malignidades.

Vecinas de arriba con contumbres decibélicas antisociales y precario equilibrio mental.


Las plantas

Tener un LIDL cerca es una maldición egipcia. Llevo 4 gerberas, 6 cactus, 2 rosales, 3 potos, 4 fúcsias,2 claveles, 2 crisantemos, 1 calancoe, 1 gardenia, 2 geranios, 1 bambú, 1 planta carnívora, 1 helecho, 1 espatifilo, 1 ciclamen, 2 begonias, 2 cintas, 2 macetas de albahaca y 1 de perejil, y 1 bonsai. Sin contar las 2 azaleas y el cocotero, ellas moribundas y él muerto.
También adopté una malva de un parterre antes de que el jardinero la arrancara y la tirara.
Y las que caerán. No está mal para alguien que no tiene balcón ni terraza.
Los mosquitos me invaden.


Por el momento estáis servidos. Si tenéis alguna pregunta...

2 de junio de 2008

¿Científicos? NO, periodistas al pilón

Hace poco publicaron un artículo en el 20minutos ( y reproducido en mil sitios más) que sabía que requería un comentario por mi parte. La falta de calidad periodística del 20minutos es proverbial, pero algo de razón tienen.

La queja habitual de los jóvenes científicos con más dignidad y ética personal suele ser que les gustaría un trabajo en el que "sólo se retocaran las fotos de las vacaciones y las estadísticas te las creyeras". Y es que, en efecto, marear los datos para que las estadísticas salgan significativas y maquillar las imágenes con el Photoshop es moneda corriente. Pero normalmente no es nada serio: eliminar todo aquello que te desvía la estadística e interpretarlas torticeramente con total descaro, ver significación donde no la hay, y marear las imágenes recortándolas para quitarles la parte fea y modificar el brillo y el contraste. Nada de eso despista a los científicos lectores, que ya sabemos que lo normal es vender un poco la moto en los papers, y compensarlo mostrándonos un poco autocríticos en la última parte de la discusión.

En los artículos se publica lo que sale o sale a medias, lo que sale mal se oculta, pero nadie tiene la culpa de que en el mundo se haya impuesto (y se siga imponiendo cada vez con más fervor) el modelo de ciencia estadounidense: hipercompetitivo, en la que sólo se consideran los resultados positivos, basados en mil y un estadísticos incomprensibles, basado en el índice de impacto de las publicaciones y en el que la gente si quiere mantener su puesto de trabajo tiene que vender a su madre con tal de publicar un paper.Y aunque los jóvenes científicos siempre se quejan de esa hipercompetitividad, que además pasa por la movilidad (mareando de país en país al pobre post-doc e impidiendo que pueda tener una vida familiar estable), y empiezan a salir voces críticas sobre lo férreo e injusto que es el sistema de índices de impacto, o la cantidad de información interesante que se pierde si no se dejan publicar los resultados negativos, lo normal es que ese modelo siga en vigencia.

La presión por publicar mucho y rápido tiene una consecuencia: el aumento del fraude. Fraude que si es de poca monta no tiene demasiada gravedad y que si tiene mucho alcance se acaba descubriendo o es contrarrestado con publicaciones sinceras en sentido contrario, pero que existe y es mayor en las revistas de más alcance, donde quieren publicar los más arribistas. Los intereses farmacéticos también crean muchos monstruos y resultados que no se cree ni su abuela, pero es que cuando la línea de investigación depende de los resultados positivos es normal que esos resultados siempre sean sospechosamente positivos y estupendos. De todas maneras esos grandes fraudes siempre son una minoría frente a la inmensa cantidad de artículos más o menos decentes, así que no debe cundir el pánico. Noticias tan torticeras como la del 20minutos lo único que crean es aún más desconfianza en la ignorante población, que se cree a pies juntillas cualquier chorrada que diga Txumari Alfaro o Greenpeace pero que desconfia de la bondad del ámbito científico serio. Gracias por la ayuda, hombre.

Otra autocrítica frecuente de los científicos es el disfuncional sistema del peer review, que para algunos es la marca indispensable de calidad de una publicación científica seria pero que para otros es una pequeña tomadura de pelo, pues es un sistema en el que un par de científicos de tu ámbito, saturados de trabajo y sin intereses económicos al respecto, no siempre con demasiada idea del contenido del artículo y que a menudo son conocidos o amigos (o peor aún, enemigos acérrimos o competidores), se leen en diagonal tu artículo y te hacen un par de observaciones críticas ( o te lo rechazan aunque esté perfecto). Los pésimos papers que a veces te llevas a los ojos son ejemplo de que algunos referees no hacen nada bien su trabajo, por dejar pasar semejante mediocridad. Aquí teneis otras críticas importantes al respecto.

Y sin embargo, pese a todas esas deficiencias el sistema peer review es necesario para que no publique todo quisqui sus salidas de olla, y que en las revistas serias se publiquen los trabajos de muy alta calidad (y algún que otro fraude bien colado). Que alguien en algún lugar hace bien las cosas es evidente, porque la ciencia avanza que es una barbaridad, pese a todo y pese a todos, ¿o no?

29 de mayo de 2008

No dejes de leerlo

Un comentario repelente y anónimo me fuerza a actualizar el blog: dicho anónimo se saca de la manga, seguramente fijándose tan solo en la fecha de escritura de ese post, en que "todavía" no tengo curro, y para repeler más lo escribe con mayúsculas. Hacer esas suposiciones basándose en tan pocos datos sólo conducen a una sola cosa: al error. De hecho ya podéis suponer por lo olvidado que tengo el blog es que estoy muy ocupada...¡¡porque estoy trabajando!! Tan sólo tras un mes de enviar currículums (tampoco tantos), y tras no pocas llamadas y entrevistas (yo misma me esperaba que la cosa fuera peor), ya tuve un curro, y no mal pagado tal como está el patio, y además con visos de ser estable.

Como llevo un mes solamente, me reservo las primeras quejas, observaciones y anécdotas para más adelante. De momento el ambiente no se parece al infierno que dejé atrás. Sólo diré que el destino ha sido muy irónico porque sigo trabajando en investigación, esta vez de loquitos (loquitos, que estais todos loquitos), y encima en un hospital, rodeada de médicos (arrrrhhhhhhggggg). Bueno, psiquiatras la mayoría, y no todos están tocados del ala (de momento).
El caso es que es un sitio muy interesante para trabajar porque puedo obtener datos de primera mano de ciertas inquietudes hospitalarias que ya he ido reflejando en el blog.
Por ejemplo, el tema de la creciente privatización de la sanidad y de la reducción del número de camas, que tiene a los sindicatos del hospital soliviantados.
También, y sorprendentemente, he visto pósters cercanos al colectivo que promueve el parto respetado. Colgarlos en un hospital universitario es como predicar en el desierto, pero menos es nada.
Y sobre todo el texto que a continuación transcribo, repartido anónimamente en el comedor de personal, donde una autoridad médica expone el mismo problema del que yo me quejo mil veces. ¡Para que veais que lo mío no son demencias extrañas!
Así que así está el patio.
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LA DEFICIENCIA DE LAS CLÁSICAS HABILIDADES CLÍNICAS

La profesión médica se enfrenta hoy a muchos problemas. Marchamos al compás de los tambores burocráticos, hemos perdido autonomía, nuestro prestigio se hunde y nuestra profesionalidad decae. Pero nuestras tragedias no acaban aquí. Acechando en las sombras de estos malestares hay otra enfermedad médica, de la que somos los únicos responsables y que pone en peligro al público al que servimos. Comienza en las facultades de medicina, donde casi nunca recibe la atención que merece. Durante la formación de residencia es fácil de reconocer, pero no se hacen muchos esfuerzos para evitarla. Las medidas correctoras son a menudo ignoradas, inadecuadas o temporales, en el mejor de los casos.

Yo llamo a esta enfermedad deficiencia de habilidades clínicas. Por definición, los afectados están mal equipados para atender bien a los pacientes. Y los programas de formación de residentes están graduando un creciente número de estos hipohábiles, médicos que no pueden hacer una adecuada historia médica, ni efectuar un examen físico fiable, ni interpretar la información que recogen, ni establecer un plan de atención; tienen poco poder de razonamiento y se comunican pobremente. Más aún, raramente gastan tiempo suficiente para conocer a sus pacientes hasta el fondo. Y por la rapidez con la que tratan a todos, no aprenden nada sobre la historia natural de la enfermedad.

Sin embargo, estos individuos son expertos en un cierto número de cosas. Aprenden a solicitar todo tipo de pruebas y procedimientos, pero no siempre saben cuándo ordenarlos o como interpretarlos. También aprenden el juego de los grandes números, tratando un buen cúmulo de resultados más que al paciente a quien pertenecen esos datos. Y en medio de tan sofisticadas pruebas, inevitablemente y sin querer adquieren una perspectiva orientada al laboratorio más que al paciente. Por si fuera poco, aparecen las organizaciones de gestión de la salud que fuerzan a los medicos a cuidar al máximo número de pacientes en el mínimo número de minutos por el menor número de dólares.

El problema de la deficiencia de herramientas clínicas está muy extendido. Su causa es obvia; falta de entrenamiento, una carencia que se asocia con nosotros, con los profesores de facultades. ¿Por qué permitimos que estas deficiencias se desarrollen, persistan y crezcan? La respuesta es doble.

Primero, los valores y prioridades actuales de la sociedad han cambiado: Cuando me formé, a mediados de los años cincuenta, el esfuerzo tenaz, el orgullo, la devolución al trabajo, la responsabilidad estricta y la persecución de la excelencia eran las normas. Hoy, sin embargo, el énfasis se pone en la reducción de las horas de trabajo, en la búsqueda de ganancias personales y en la corrección política. El orgullo y la responsabilidad casi han desaparecido. Como resultado, muchos estudiantes y profesores están satisfechos con la mediocridad.

La segunda parte de mi respuesta pertenece a la formación que recibieron los profesores. La mayoría de los actuales profesores de medicina se formaron después de los años setenta, época en la que empezaron a surgir las modernas tecnologías. La medicina high-tech es todo lo que vieron y conocieron y lo que ahora pueden enseñar. Aunque no es su culpa, carecen de un sentido real de la medicina high touch.

Medicina con tacto.

¿Qué quiero decir con la medicina hig-touch? Sería la medicina basada en la historia médica cuidadosamente construída con un pertinente examen físico y una crítica interpretación de la información obtenida. Solo entonces se determinan las pruebas necesarias, si proceden. Y si se estiman necesarias, deben hacerse primero las más sencillas. En comparación, la medicina high tech prescinde por lo general de la historia clínica y del examen físico, y complaciendo al paciente va directamente a un montón de pruebas que incluyen normalmente una resonacia magnética o una tomografía computerizada, o ambas.

Mientras la moderna tecnología medica ha impulsado nuestra capacidad de diagnosticar y tratar enfermedades, también ha promovido la pereza, especialmente la mental, entre muchos médicos: la habitual confianza en la parafernalia tecnológica impide al médico usar la más sofisticada maquinaria que tienen a su alcance: el cerebro.

¿Hay solucion para la tirania de la tecnología? Cualquier remedio será difícil, porque requerirá una renovación de nuestras facultades de medicina: Por lo general, en estas facultades coexisten dos grupos: profesores ayudantes y jóvenes instructores que estan llenos de datos pero sin mucha experiencia, y profesores veteranos que son expertos en un campo concreto de su especialidad. Ambos grupos gastan la mayor parte de su tiempo leyendo, escribiendo artículos, trabajando en el laboratorio en el hospital y viajando a congresos. Estas actividades, autoimpuestas u obligadas, limitan los contactos entre los profesores y los alumnos. Ya no se enseña al lado de la cama del paciente. Los estudiantes permanecen mucho tiempo en las aulas y poco junto a los pacientes. Con un acceso limitado a los catedráticos, los aprendices acuden a los profesores jóvenes, algo asi como “el ciego que guia a otro ciego”.

Para aliviar esta tendencia necesitamos profesores que reconozcan que nuestro trabajo es educar, no aplacar; que sepan y entiendan la patofisiología, los síntomas clínicos y la historia natural de la enfermedad; que sepan qué pruebas ordenar, cuándo hacerlas y cómo interpretarlas, que usen las tecnologías avanzadas para verificar más que para formular sus impresiones clínicas; que comprendan el valor de una buena historia clínica, y de un pertinente examen físico, que sepan pensar, y sean responsables; que usen primero el estetoscopio, no el ecocardiograma, para detectar una enfermedad de una válvula cardiaca; que usen el oftalmoscopio, no la resonancia magnética, para detectar hipertensión intracreaneal; que usen sus ojos, no un aparato que mide el gas sanguineo, para diagnosticar cianosis, que usen sus manos, no la TC para localizar la esplenomegalia; y que siempre usen sus cerebros y sus corazones, no uannhorda de consultores, para cuidar a sus pacientes.

Necesitamos profesores que no ordenen costosos estudios cuando las pruebas convencionales proporcionan la misma información; que no administren un montón de medicamentos en un esfuerzo para aliviar cada posible enfermedad; que aprecien que no hacer nada es a veces hacer mucho; que se den cuenta de que muchos pacientes se recuperan a pesar de lo que hacemos, no debido a lo que hacemos.

Desgraciadamente, estos modelos son especies en extinción. La mayoria de ellos se han muerto o jubilado, y los que permanecen son demasiado pocos para enfrentarse a la titánica marea de la moderna tecnología médica. ¿Podemos recuperar este modelo de enseñanza? Yo no lo creo. Necesitamos aprender de los modelos que estan practicando buena medicina fuera de la universidad. Lo que hacen cada día esos médicos puede tener poco parecido con lo que los estudiantes oyen en las aulas.

Ademas, buena parte de la experiencia clínica debería adquirise en el mundo real, supervisada por médicos experimentados, compasivos y con sentido comun.

Herbert L Fred.

Departamento de Medicina Interna. Universidad de Texas. Houston.