27 de abril de 2010


Tengo que presentaros mi flamante regalo de cumpleaños. Tacháaaaaan...




Se trata del juego de mesa y sillas, no de la planta. Menos mal que siempre hay almas caritativas dispuestas a socorrer a una pobre mujer que suspiraba por poder aprovechar su terraza. Ya tengo dónde colocar al personal que quiera ponerse al fresco.
El año que cumplí 30, los cambios deseados y dichosos se sucedieron rápido y noté que mi vida progresaba, pero ahora la Naturaleza se está riendo de mí y estoy estancada. Sólo me queda disfrutar de las vistas de la casa porque los conejitos que se ven saltando por las mañanas son más inocentes y puros que los cretinos que merodean por doquier.

Ha estado lloviendo y he tenido poco tiempo para seguir labrándome una fama de loca de los bosques pero me ha dado tiempo de hacer el ridi frente a los vecinos cortando unas flores que me han dejado el salón todo casposo. Justo antes de que vinieran del
ayun a joder la marrana y podar la hierba de ese descampado.



He vuelto a recaer en la adicción de complar plantucas en el LIDL. Esta vez sólo han sido semillas de flores diversas y las he plantado a cascoporro aprovechando que a otra planta la he dado garrotillo. Tenían que salir al cabo de 10-15 días y al sexto ya estaban así:


Unas tanto y otras tan poco.... Y al cabo de dos semanas están así:



Los del ayun van a ser muy amables y parece que van a plantar más arbolitos para quitarnos la vista del puente (y algo del eco de los coches). Pero parece ser que se les agotó el presupuesto haciendo los agujeros y lo dejaron así. Ahora es donde hago recuento de conejos por las mañanas; sus colitas blancas brillan cuando saltan. También he visto dos perdices a pleno día. Vamos, que hay más bichos que vecinos.
(Addenda: mejor, que hacen menos ruido).


El bosquecillo a pleno verdor; debe estar hecho una selva una selva, a ver si puedo darme pronto una vuelta.

Ya he estrenado la mesa de la terraza poniéndome con el ordenador y me he quedado contenta.
Ahora mismo hay una luna llena impresionante, color champán con halo sobre un fondo azul ultramar, pero no la podéis disfrutar. ¡Os chincháis! Pero ahora me recojo antes de que haga fresco y me pongo a ver al Alan Rickman en Sentido y Sensibilidad, que también me la han regalado. Una peli de época, de las que me gustan a mí: buenos vestidos y gente educada sabiendo hablar las cosas. No sé por qué la gente no aprende.

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