25 de septiembre de 2011

Quinta etapa Sarria-Santiago o "La agonía y el éxtasis"

SANTA IRENE-SANTIAGO (23 km y ya se acaba esto)

Por primera vez desde que empezamos el Camino, me despertó la alarma del móvil, y no el ruido de los peregrinos más madrugadores; así de bien y de profundo dormí esa noche en el albergue privado, con las sábanas de verdad. Y me desperté pletórica, muy fuerte y con pocos dolores musculares, salvo los abductores, sin rastro de las palizas anteriores. Pero el Maromo estaba hecho una piltrafa humana. Según él, por sus huevos que hoy llegábamos a Santiago a la misa del peregrino, porque lo iba a hacer por mí.

De nuevo, empezar a andar tan temprano le resta encanto al Camino, porque la oscuridad no te deja disfrutar plenamente de los bosques de eucaliptus y de los paisajes. Pero a estas alturas de la película ya no estás para fotos ni mariconadas, porque está de un humor de perros y lo único que quieres es que acabe todo ya.

Así que no hice ni fotos a algunas cosas pintorescas que nos salieron al paso, muy tristes, como túmulos funerarios improvisados en el Camino con dedicatorias a peregrinos que murieron mientras hacían el Camino, o dedicatorias hacia familiares muertos.

Pero ya saliendo de la parte boscosa y acercándonos a Santiago, a la altura del aeropuerto, saqué la cámara de nuevo porque se acercaban los momentos inmortalizables. Luciendo humor negro, en todas las alambradas de camino a Santiago, la gente se pone a armar cruces con palitroques, ocupando metros y metros. Uno tiene la idea y los demás se apuntan a un bombardeo. Ni qué decir tiene que alguna cruz invertida puesta por un gracioso, la hay.

Hay cosas que no se acaban de entender muy bien del Camino, y no me refiero a los desvíos estúpidos que te hacen dar un rodeo para que veas un bosque, en vez de ir en línea recta (a veces acortas y te da un sentimiento de culpabilidad de la hostia, porque sientes realmente "que no has hecho el Camino completo" y que es trampa). Por ejemplo no entiendo Lavacolla, que se allama así porque es donde, aprovechando el arroyo, los peregrinos se lavaban la ropa para llegar decentes a ver al Santo. ¿Para qué te lavas si te quedan 5 kilómetros y vas a llegar igualmente sudado?
El Monte do Gozo es una gran decepción. No sólo es equivalente emocional a la cuesta de Melide (no se acaba nunca, grgrgrgrgrgrgrgr, cuando crees que estás en la cima ves que te queda aún un buen trecho) si no que además, no tiene encanto ninguno. Es una urbanización desangelada sin encanto paisajístico que estás deseando que acabe. Lo más mosqueante es que cuando no te lo conoces, crees varias veces que ya has llegado a la cima y no, tienes que continuar, y es cabreante.
El punto más alto creo que es donde está la Televisión de Galicia, pero el corazón del Monte do Gozo es...
...este cachirulo donde los peregrinos se hacen la foto de grupo de rigor (nosotros no nos la hicimos porque no estábamos de humor para mariconadas) y donde, efectivamente, se empeizan a ver las primeras casas de Santiago de Compostela. El Monte do Gozo es una zona de marcha, donde se celebran conciertos y está todo lleno de pubs y garitos para que los peregrinos demuestren que han hecho el Camino por motivos espirituales del copón se pillen una cogorza, liguen y después duerman la mona en el macroalbergue de 800 camas que hay allí. Mucha gente, por tanto, acaba aquí el trayecto de la jornada para pasar la tarde divirtiéndose, aunque es un poco estúpido quedarse tan cerca (5 km) del final del viaje, cuando ya ves las casas.
Yo, que soy una peregrina talibana y fundamentalista, por nada del mundo me hubiera gustado pernoctar aquí, porque el Camino no se hace para tomar cervezas. Bastante me cabreé cuando, bastante cerca de Santiago, vi lo que nunca pensé que iba a ver en el Camino: un par de chicos con auriculares escuchando música. Vamos, lo más contrario al espíritu del Camino que te puedas echar a la cara.

Aparte de peregrinos hostiables y pedorros y viejos que se te acercan para ofrecerte por lo bajini alojamiento barato en Santiago (os lo juro, te hacen sentir como si te estuvieran ofreciendo droga o un rato en un prostíbulo, es decadente) ves otra clase de gente, como por ejemplo una peregrina muy destacable que iba peor que el Maromo. Parecía una chica bien pero iba vestida como Doña Rogelia, con mallas y medias apretadas supuestamente para el dolor de las piernas y alpargatas planas, en plan completamente ridículo. Andaba que casi no podía con mucho aspaviento de dolor, sin mochila por supuesto, y con el novio andando despacio y haciendo eses para ir a su ritmo, las manos a la espalda y una pedazo de cámara colgando, mirando a la lejanía con cara de pensar "quién me mandaría hacer el Camino con la novia".
Y el caso es que esa chica preguntó "¿llegamos a misa del peregrino, ¿verdad?" con más moral que el Alcoyano, y eso que si nosotros ya íbamos mal de tiempo, ellos no llegaban ni de coña.
Pero al menos esa chica pese a sus dolores estaba luchando por llegar, igual que el Maromo, que andaba como Chiquito con una cara de sufrimiento que daba miedo, y sólo avanzaba a base de palo y pundonor. No como otra gente que a la primera jornada ya se está quejando de lo muchísimo que pesa la mochila, o que a la primera ampolla se vuelven a su casa (conozco casos), o que hacen los tramos chungos en taxi. 
Al Camino se va a generar endorfinas, que son las que más tarde te darán la satisfacción, y se va a ponerse a prueba a uno mismo. Esa chica y el Maromo superaron con nota la prueba y sin duda acabarían más satisfechos de sí mismos y con más motivos de orgullo que por ejemplo yo, que pude llegar sin hacer gasto de tiritas, ni Reflex, y con agujetas aceptables. Sin dolor no hay gloria y el Camino se hace por la gloria, así que un peregrino desgastado tiene que llegar aunque sea a rastras.Y no es por moralidad católica, porque el concepto de que el sacrificio es la esencia de la heroicidad y sin esfuerzo no hay mérito es viejo como el mundo y anterior a cualquier Iglesia. Por tanto yo tengo poco mérito, y el Maromo el máximo. Pero es que como digo, yo soy una peregrina fundamentalista.

A ver, que me pierdo en disquisiciones. Como decía, desde el Monte do Gozo se empiezan a ver las primeras casas de la parte nueva de Santiago, que según el Maromo, tiene tan poco encanto como Alcorcón. Yo más bien lo veo como un Villalba o algo así. El Maromo va delante porque me retrasé para hacer la foto, porque normalmente iba yo delante para que no perdiera mucho ritmo (eso decía él), aunque ya veíamos que llegar a las 12 a la Catedral estaba muy chungo.

 

Villalba-Alcorcón-Santiago: ni siquiera se ve la catedral desde el Monte do Gozo, así que poco gozo hasta el momento.
Una empresa de esculturas graciosas en piedra a la entrada de Santiago.
El Maromo me pidió que hiciera una foto a esto: una flecha luminosa (que ni siquiera es amarilla ni señala hacia la catedral) con el diferencial incorporado, como claro ejemplo de cutrerío provinciano. Si salta el diferencial habrá que subir hasta la flecha, pero parece que el que lo puso allí no pensó en esa posibilidad.


Empezamos a subir por la zona nueva de Santiago y no acaba de llegar el casco histórico. Ya íbamos tarde y el Maromo me decía que me adelantara, que él se quedaba atrás, pero por nada del mundo lo hubiera dejado solo, teníamos que llegar a la Catedral los dos. Después de subir y subir y de preguntarnos dónde cojones está la catedral, escudriñando los tejados para ver cuándo aparecían las primeras torres, buscando las últimas flechas...¡¡¡ALELUYA!!! Un torreón en obras y la cosa ya se acaba, menos mal, qué hartazgo, qué subidón.

Eran las 12 y cuarto y ya llegábamos tarde, y por supuesto, sin tener opción de adecentarnos y refrescarnos, oliendo a chotún. Pasando sin disfrutar por el casco histórico de Santiago, nos colamos por una puerta lateral de la Catedral, en vez de entrar triunfalmente por la plaza del Obradoiro. Un final muy poco glamouroso para el trayecto pero lo que importa es llegar. Aquello está petao y no estamos muy seguros de que nos dejen entrar con mochila, pero al final conseguimos sitio en alguna parte no muy lejos del cura y...gran chasco. Estamos en la Misa del Peregrino, pero no hay botafumeiro. En su lugar hay un incensario sustituto conocido popularmente como "la Alcachofa".


Y es que tanto sufrimiento por llegar a la misa del peregrino para nada, porque el botafumeiro no lo sacan en cualquier misa del peregrino, si no sólo los domingos, algunas fechas importantes y los días que alguien haya hecho previamente una donación de 350 euros (en 2011 y subiendo). Fomentando el turismo (por la punta de atrás), pensarán algunos. Respetando la religiosidad del evento para no convertirlo en una atracción de turistas paletos, pensarán otros. El caso es que no tuvimos suerte y la misa del peregrino sólo se diferencia de otras en que hay alusiones amables al esfuerzo de los peregrinos, y alguna frase en otros idiomas.
Aquello estaba petado de peregrinos, turistas y gente. Delante mío, demostrando que no todo el que se sienta en una Iglesia tiene mucho espíritu religioso, una chica de un grupo de colonias hacía pulseras de macramé sujetando un extremo en su bota, sin que los monitores se dieran cuenta. Que digo yo que en Santiago se tienen que dar cuenta que la gente no va por Cristo, que va por el espectáculo, se podían estirar un poquito.

A todo esto, el Maromo medio llorando de la emoción de llegar después de su atroz sufrimiento.


Eeeeh, que no es el botafumeiro, que es una lámpara que decora la cripta. La cripta donde reposan, en un cofrecillo de plata, los restos del Santo, héroe de Tierra Santa que acabó en el interior de Galicia en circunstancias poco claras. A la cripta me dejaron bajar con la mochila (el pasadizo es muy estrecho), pero no hice fotos porque me parecía una señal de poco respeto.

Algo llamativo de la Catedral: los acólitos-monjes-lo que narices sean vestidos de azul y amarillo super-héroe. Ejercen de vigilantes de los peregrinos, pidiendo constantemente respeto y silencio. Lo más gore fue cuando a una mujer guiri no se le ocurre otra cosa que volverse a su asiento con la hostia de comulgar en la mano (¿pensaría enmarcarla?) y el "segurata" se fue tras ella, la regañó y le exigió que se metiera la sagrada forma en la boca de inmediato y delante suyo, porque no se podía quedar sin comer.

El artilugio de mover el botafumeiro.

El principal encanto de la Catedral aparte de darle el abarzo por detrás al puto Santo: la imagen de Santiago Matamoros, que es una escultura de las que hacen gracia, no como esas mariconadas de vírgenes llorando y tíos sufriendo. Se echa de menos un poco de acción épica en esto de la iconografía católica, que son unos rancios que siempre están con lo mismo de los llantos y el peso de las cruces. Fijaos que las cabezas de los moros están ocultas como buenamente se puede por un enorme ramo de flores (que en un detalle supercuidado ni siquiera son rojas) tras un ataque que hubo de corrección política soplagaitas.

La controvertida catedral de Santiago: cinco pedazo de fachadas por fuera, pero pequeña, oscura, estrecha y prácticamente ocupada por la cripta dorada por dentro. Hay gente que le parece una catedral horrenda, yo no la ví tan mal.

Sucedió algo incómodo en la cola para subir a abrazar el santo. Y es que uno entiende la necesidad del botafumeiro cuando llega a Santiago sin haber tenido tiempo de cambiarse. Que olíamos a sudor es poco. Yo no me atrevía ni a levantar ni pizca el alerón. Pero creo que es algo que se puede comprender, sobretodo en julio. El Maromo tuvo que aguantar un comentario muy despreciativo de una señora hacia su olor corporal y su falta de higiene y él tuvo que recordarle que el botafumeiro no se había inventado para los turistas. Y es que sí, olíamos mal, pero a una persona que se ha calzado casi 25 kilómetros a matacaballo y que está cansado, con la mochila aún a cuestas y que no ha tenido tiempo casi ni de almorzar que tiene poca higiene. Es evidente que si hubiera podido, estaría más aseada. Más que nada porque yo en la escalera antes de abrazar al santo también tuve que aguantar el olor de alerón de una señora que no era peregrina, sino simplemente una pobre víctima del mes de julio, y me tuve que aguantar. 

No se aprecia bien en la foto porque sale oscura, pero los dos órganos casi se tocan por la estrechez de la nave central, y los espacios de las vidrieras están tapiados. Realmente, salvo la gracia de la fachada principal y el botafumeiro, es una catedral con muy poca gracia.
 A lo tonto a lo tonto y con las prisas, casi no hemos digerido todavia...¡¡¡que hemos llegado a Santiago!!! Buscamos la plaza del Obradoiro para hacerle una foto como dios manda a la fachada principal, aunque no nos entretuvimos mucho contemplándola; queríamos saludar a mi primo que trabaja allí, comer y pirarnos corriendo a Madrid antes de que se haga muy tarde.


Parece que hay gente, ¿verdad? Pues según mi primo, una mmmmmmmierda de gente para ser finales de julio. Estaba la cosa, floja, floja.
Aunque parezca mentira por la lentitud del Maromo, llegamos más o menos a la par que nuestra amiga Marta, las tres pedorras y el gran grueso de peregrinos "conocidos". Allí nos despedimos y nos deseamos lo mejor. ¡Buen Camino!

La plaza del Obradoiro, con el Parlamento, la Xunta...Dicen que cuando Santiago es realmente bonito, es justo después de llover, con la piedra resplanceciente luciendo al sol.
Pero lo que importa es lo que importa: la puta Compostela de los cojones. Hay que ir a la Casa de Deán o Casa do Deán es la Oficina de Acogida del Peregrino. Se encuentra en la Rúa do Villar, en esquina con la Plaza de las Platerías. Entras a un patio interior con unos lavabos y tras algo de cola, unos voluntarios simpáticos te preguntan qué tal todo (el Maromo respondió "mi me preguntes") y te dan un formulario donde rellenas tus motivos para el viaje mientras inspeccionan los sellos de la Credencial y te ponen el último sello. Las opciones son "motivos religiosos", "motivos religiosos y otros" y "motivos no religiosos". No seais paletos como yo y poned "motivos religiosos y otros" porque si no no os dan la Compostela. Por motivos religiosos se entienden motivos espirituales en sentido amplio, no católicos necesariamente. 
La Compostela es gratuíta pero puedes dar donaciones (y la das con gusto) de 1 o 2 euros. Por 1 euros extra te dan un canuto de cartón para que la Compostela sobreviva al viaje de vuelta, y merece la pena.
La Compostela es un diploma en latín con un dibujo de un peregrino cariacontencido donde se certifica, con tu nombre latinizado (habrá que ver cómo narices latinizan el nombre de los japoneses, creo que poniendo una "m" al final y listos), que has hecho el Camino de Santiago, pero al menos en la que me dieron a mí no hay nada sobre que si te has ganado el cielo o lo que sea, como me habían dicho.

En la Compostela (no sé si todas son iguales) pone exactamente:

"CAPITULUM hujus Almae Apostolicae et Metropolitanae 
Ecclesiae Compostellanae sigilli Altaris Beati Jacobi Apostoli
custos, ut omnibus Fidelibus et Peregrinis ex toto terrarum
Orbe, devotionis affectu vel voti causa, ad limina Apostoli
Nostri Hispaniarum Patroni ac Tutelaris SANCTI JACOBI
convenientibus, autenthicas visitationis litteras expediat, omni-
bus et singulis praesentes inspecturis, notum facit: Dnam 
(el nombre latinizado y los dos apellidos)
hoc sacratissimum Templum pietatis causa devote visitasse.
In quorum fidem praesentes litteras, sigillo  ejusdem Sanctae
Ecclesiae munitas, ei confero.
Datum Compostellae die (tanto) mensis (latinizado)
anno Dni (tal).

Y lo firma un tal Jenaro no-se-qué, que es el Canonicus Deputatus pro Peregrinis, con un par. Si alguien experto el latín me lo traduce bien se lo agradezco.

A la salida, la única peregrina que vi que se hizo el Camino con el mismo calzado que yo: las Shape Ups, que Dios las bendiga, ni un puto roce ni una puta rojez tuve con ellas, acabé adorándolas. Recomendadas 100%, y encima subes glúteos mientras te encuentras a tí mismo.


La fachada posterior de la catedral de Santiago, por donde entramos.

Allí le pedimos a un hombre que sabía hacer fotos a juzgar por la cámara que llevaba que inmortalizara nuestra hazaña:

Sin rencor, vuelta al buen rollo. Visitamos a mi primo, que cualquier día de estos va a salir en "Madrileños por el mundo". Casi no me reconoció "porque estábamos demacrados" (sic). El amor le hizo cambiar Cuatro Caminos por Santiago y Jerónima Llorente por la calle Azabachería, donde atiende una tienda de souvenirs (la Via Lactea, acordaos del dato que es visita obligada)
y exhibe más acento gallego que su novia y medio Santiago juntos. Allí le hicimos gasto (me puedo ir sin calabaza porque ninguna me gustaba, pero mi perrito peregrino es sagrado) y nos recomendó dónde encargar unas empanadas gallegas para la familia (a años luz de las que te puedas encontrar en Madrid, no artesanas) y comer pulpo con albariño y otras tapas (pero no tan bueno como el del Melide, que es legendario).

¡Adiós, Santiago! Es una lástima no tomarnos unas horas más para hacer turismo con un poco de más calma, pero con el tiempo justo llegamos a la estación de autobuses para saber que todos los días de diario sale un autobús a las 6 ( y solo a las 6 de la tarde, por 13 euros por persona) para Sarria directo. Es la parte buena de llegar un día de diario a Santiago: menos gente y fácil enlace con Sarria, aunque te quedas sin ver el botafumeiro.
Así que después de un largo trayecto en autobús recorriendo otros pueblos de la Galicia profunda (como Lalín), llegamos a Sarria, pillamos el coche y llegamos a nuestra camita de madrugada. 

El final es un poco precipitado y triste, ojalá hubiera durado más el auténtico espíritu del Camino, esos primeros días disfrutando de los paisajes y los bosques al amanecer, en plena paz mental. De recuerdo: mil anécdotas, gente divertida, encanto rural, conocimientos nuevos y unas agujetas que tardarán días en irse.
Y sobre todo, las ganas de repetir, volver, haqcer nuevos tramos de Camino y a ser posible el Camino entero, por un lado, el Francés desde Francia, por otro, el auténtico Camino, desde la puerta de casa. Pero eso quién sabe, a lo mejor algún día, si estamos muy ociosos y la salud lo permite y podemos dedicar bien de tiempo (y dinero) a ello. En serio, es algo que engancha. Lo recomiendo plenamente, aunque no es más que eso: senderos centenarios cercanos a la civilización donde lo único hermoso es estar en silencio, oyendo los pájaros y disfrutando del frescor de los campos al amanecer, y disfrutar de un merecido descanso al atardecer.
En realidad, el Camino es como la vida: dolor y cansancio pero hay que llegar al final, así que ¡Buen Camino a todos!

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